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"Vas a ser mi jaina por las buenas o por las malas": pandillero sometía adolescente amenazándola con matar a su madre... después lo cumplió

Adolescente fue violada por pandillero que la amenazó con matarle a su familia y, aunque accedió a los abusos, siempre mató a su madre. 

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El calvario para Marta, y quizás el episodio más oscuro de su vida que talvez nunca pueda superar, inició en junio del año pasado. En esa fecha un peligroso pandillero que recién había salido de prisión de pagar una condena por el delito de homicidio, se fue a refugiar a la comunidad donde residía la adolescente, en Nueva Esparta, La Unión.

Desde la llegada de aquel hombre, tatuado casi completamente del cuerpo, que siempre portaba un arma de fuego calibre 38 milímetros y que se desplazaba por los montes y zonas desoladas de la comunidad, la tranquilidad de Marta desapareció y empezó a vivir una pesadilla que tiene por nombre Wilmer Adonay Reyes, miembro activo de la pandilla 18.

La primera ocasión que la adolescente se encontró con el pandillero tatuado fue un día de julio del 2018, aproximadamente a la 5 de la tarde. Quizás fue la primera vez que la adolescente tenía a un miembro de pandillas frente a ella y que la advertencia de vida o muerte fue directa. 

"Vas a ser mi 'jaina' por las buenas o por las malas", recuerda la adolescente que le dijo el pandillero aquella ocasión. Agrega que también le expresó que "era miembro activo de la pandilla 18 y que con él nadie jugaba". Dicha amenaza se la hizo portando el arma de fuego en la mano. 

 

Marta dice que, aunque sintió "mucho miedo" al ver el cuerpo de aquel hombre completamente tatuado, su respuesta fue "no". Así que él, de inmediato, le lanzó otra exigencia: "me pidió que tuviéramos relaciones sexuales, sino me mataría a mÍ y a toda mi familia". 

Terminando la advertencia, el pandillero introdujo a la adolescente a un monte, le quitó la ropa por la fuerza y la obligó a tener relaciones sexuales vaginales y anales; después de consumar la violación, el delincuente la volvió amenazar, diciéndole que "no le fuera a comentar a nadie, porque con la pandilla no se jugaba".

Días después, la adolescente recibió una llamada en su celular; al responder, del otro lado de la línea, la voz que escuchó fue la del pandillero que había abusado sexualmente de ella aquella tarde. Vía teléfono nuevamente la amenazó y le exigió que llegara a un terreno montañoso y desolado de la comunidad. Marta, impulsada por el miedo, accedió y llegó. 

"Cuando ella llega, (el pandillero) la agarra por la fuerza, le quita toda la ropa, luego se desnuda él, obligándola a sostener relaciones sexuales vía anal y vaginal, por el lapso de una hora", detalla la relación de los hechos del expediente judicial. 

La tercera ocasión que la menor fue abusada sexualmente por el miembro de la pandilla, fue una tarde a inicios de agosto del mismo año, siempre en el mismo sitio donde ocurrieron los dos abusos anteriores y bajo las mismas circunstancias de amenazas. 

Pero el día 15 de ese mes de agosto, la adolescente casi presenció cuando Adonay cumplió una de sus advertencias. Aquella tarde, Marta había ido a visitar unos vecinos, pero su madre, Basilia Granados, quien presumía de los abusos del pandillero hacia su hija, decidió ir a buscarla a la casa del individuo, a quien encaró y le reclamó por los abusos que le realizaba a la adolescente. El pandillero sacó su arma de fuego y disparó en contra la mujer de 59 años, quien de inmediato cayó al suelo y murió. 

Por ese homicidio, el pandillero Martínez fue detenido semanas después en Santa Ana y se le decomisó el arma de fuego, cuyos casquillos coincidían con los encontrados en el lugar donde fue asesinada la señora Granados. Por el crimen, un tribunal especializado le impuso esta semana una condena de 25 años de prisión por el delito de homicidio agravado. 

Por la violación agravada en la modalidad continuada en perjuicio de Marta, el pandillero fue sentenciado a otros 13 años de cárcel, en donde las pruebas contundentes fueron las evaluaciones físicas y psicológicas practicadas por el Instituto de Medicina Legal, a través de las cuales se demostró la violación. 

"Se presentó un reconocimiento de genitales de la víctima (Marta) en donde se puede ver que ella tiene desgarres (en sus partes íntimas), lo cual concuerda con el relato que ella hizo a través de la declaración", dijo una fiscal de la unidad especializada de la Fiscalia General de la República (FGR). 

Uno de los informes psicólogicos practicados a la adolescente señala indicadores emocionales que denotan una depresión, además de los traumas que se han derivado por el crimen de la señora Basilia, quien era su madre. 


*La adolescente es testigo protegida, pero para ilustrar la nota se utiliza el nombre ficticio de Marta

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