Venezuela se ve ahora como una empresa quebrada”

El abogado venezolano, experto en libertad de expresión, visita El Salvador y expone la importancia de los medios en una democracia. Advierte que situación de Venezuela se puede reproducir fácilmente.
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Tolerantes a la crítica porque son personas que han llegado al poder para cumplir deberes constitucionales deben ser los gobernantes y demás miembros de la política a los medios de comunicación, según el abogado constitucionalista venezolano y experto en libertad de expresión Asdrúbal Aguiar.

El abogado expone el fenómeno que se vive en Latinoamérica en el que los gobernantes, antes de hacer su trabajo, prefieren intervenir en las líneas editoriales de los medios a través de ataques por lo que en ellos se publica.

Toma de ejemplo la situación de Venezuela. Asegura que en su país la censura alcanza niveles altos y que se evidencia en la cantidad de horas que ocupan las cadenas presidenciales comparadas con las que se da a otro tipo de programas. Insiste en la importancia de los medios de comunicación para las sociedades democráticas, para el fomento de estas. Sostiene que son el factor que le da herramientas a la sociedad para que tome decisiones, en las elecciones, por ejemplo, sobre a quién le estará dando su apoyo.

Para concluir, el abogado se refiere a los actores políticos que venden ilusiones, lo que se conoce como mesianismo. Asegura que esto le causa daño a la sociedad más de lo que le beneficia, por lo que resulta indispensable no caer en sus redes para evitar crear países irreales. Aguiar se encuentra en el país para dar varias conferencias sobre la democracia.

¿Cuál ha sido el papel de la prensa en la situación de Venezuela?

Hay que verlo en dos perspectivas distintas, la prensa independiente del hemisferio ha mantenido una actitud editorial crítica frente al Gobierno de Venezuela desde inicios del gobierno del presidente Chávez. A nivel interno obviamente hemos tenido un proceso simplemente de transformación de los medios en una hegemonía comunicacional de Estado apuntalada a su vez por estas leyes de responsabilidad social de radio y televisión que tras el argumento de la protección de la infancia, de la juventud, de la defensa del pluralismo político, del empoderamiento de la sociedad, de las posibilidades de que la opinión pública ejerza control sobre los medios y los periodistas, terminaron siendo fundamentalmente leyes de censura. Todo al final mudó en dos mecanismos que se han usado de maneras sostenidas en Venezuela, en Bolivia, en Ecuador, fundamentalmente, que son las experiencias más emblemáticas como lo es la realización constante de cadenas presidenciales que copan en número de horas más tiempo que el que tenga cualquier programa normal de televisión y en segundo lugar el mecanismo de propaganda oficial y de Estado que tiene un sesgo profundamente ideológico.

Lo inédito está en que los gobernantes del socialismo del siglo XXI, antes de ser gobernantes, prefieren ser jefes de redacción de los medios y quieren guiar las líneas editoriales de sus propios países, esa realidad está ahí. Venezuela es un país que ha tenido que apelar a redes subterráneas y a los mecanismos digitales para mantenerse activamente comunicada en relación a la situación que se vive.

¿Cómo interpreta las agresiones constantes del Gobierno de El Salvador hacia los medios de comunicación? ¿Es una forma de censura?

Yo creo que los Gobiernos que intentan la censura es porque en definitiva no tienen talante democrático, presidente o gobernante que no es sensible a la crítica de la opinión pública revela que efectivamente no tiene espíritu democrático. Un gobernante democrático sabe que cargo público viene de carga pública y la carga implica un deber de someterse al control duro y riguroso por parte de la sociedad incluso hipercrítico y un deber de rendición de cuentas públicas como parte de su obra. Los medios de comunicación no son las casas de propaganda de los gobiernos de turno, no son los que tienen que hacer la propaganda a los gobiernos por las cosas que hacen porque las cosas que hacen los gobiernos son deberes constitucionales que tienen que cumplir. La prensa sí tiene que señalarle a los gobiernos aquello que no ha cumplido porque justamente se están desacatando las obligaciones constitucionales, así que la prueba de fuego de un Gobierno democrático es justamente el nivel de tolerancia o de intolerancia que muestra frente a la crítica de los medios de comunicación.

¿Cuál debería ser el papel de los medios de comunicación en el país ante esta serie de críticas o amenazas incluso a periodistas?

El periodismo es una profesión de riesgo y los periodistas mismos lo saben. A nadie le gusta que le digan las verdades en su cara y la tarea del periodista es esa. Lo normal en una democracia es que el periodista pueda cumplir su oficio sin los niveles de riesgo a los que están sometidos actualmente, pero los periodistas viven hoy día el riesgo político que implica criticar a los gobiernos y verse perseguidos criminalmente por parte de leyes punitivas o leyes de censura o expuestos también a que pierdan la vida como consecuencia de actores que están coludidos con la criminalidad. No le pido a los colegas que asuman el papel de mártires, pero se requiere también asumir el compromiso con la verdad hasta un punto tal que incluso se exponga la propia integridad personal del periodista. En el pasado había desencuentros entre los medios y los gobiernos, pero por lo menos tenían la sinceridad de cerrar los medios que no le gustaban; estas dictaduras de nuevo cuño, que se disfrazan con los vestidos de la democracia, se comportan como verdaderos autócratas, pero con una suerte de cinismo que es inenarrable porque cuando los critican tienen la pretensión narcisista de creerse como gobernantes la encarnación de sus pueblos, entonces no entienden la crítica como una crítica dirigida al funcionario, sino como una crítica de los medios al pueblo, el soberano. Pero al final de la jornada, estos intentos de censura que tienen estos gendarmes de nuevo cuño son intentos de censura que al final se tropiezan con la realidad que es muy terca.

¿Y qué pasa cuando, a pesar de que la realidad muestre lo contrario, la ciudadanía se decanta por apoyar al funcionario?

Si eso es así, entonces la prensa tiene que hacerse una autocrítica, en qué estamos fallando que no alcanzamos que nuestra propia lectoría se convenza de la verdad de lo que estamos diciendo. La verdad en materia de obras de gobierno, en materia de bienestar social, la verdad no se puede ocultar para quienes a diario sufren el drama de la falta de los servicios públicos o son víctimas de la criminalidad. Pero para quienes pretenden de todas formas defender al Gobierno por compromiso ideológico o pretendan enajenarse de la realidad, se van a encontrar con la tragedia de que al final la realidad los va a doblegar a ellos. Eso es lo que está pasando con diferentes gobiernos donde la soberbia que sentían, por ejemplo el Gobierno de Brasil de la noche a la mañana se derrumba. En el caso de Venezuela era muy fácil simular la realidad tras la bonanza petrolera, pero ese idilio revolucionario se acabó en 24 horas el día en que la droga del petróleo dejó de mantener al pueblo enajenado.

Hay situaciones que ha vivido la prensa en el continente, marcada por su persecución para que no informe, para que no sea crítica, y lamentablemente le guste o no le guste a los políticos o a los gobernantes, la libertad de prensa es el termómetro que mide la temperatura de la democracia.

La bonanza petrolera venezolana traspasó fronteras, aquí en El Salvador también está presente, ¿qué fin le ve a este negocio?

La realidad está allí, no puede ocultarse. La pregunta tienen que hacérsela la sociedad y los gobiernos de los países de América Latina que se dejaron encandilar por la experiencia revolucionaria. Un país con riqueza petrolera inimaginable, con la segunda transnacional más importante del mundo puesta al servicio de una exportación revolucionaria, Venezuela se ve ahora como una empresa quebrada. No quiero decir con esto que en algunos países el aporte petrolero venezolano no haya derivado en obras de interés social importante, bien por los países que entendieron que eran dineros no propios para el peculado de funcionarios sino para llevarlos al bienestar de la población. Otra pregunta es ¿cuál fue la contraprestación de esa ayuda? ¿Fue la enajenación de la independencia?

Hablando de democracia, ¿cuáles retos enfrenta Latinoamérica?

Los retos son creo que dos básicamente. Uno, la reconstitución de la institucionalidad democrática, por una razón básica; los modos de hacer y de realizar la democracia no son los mismos a los que tuvo durante el siglo XIX y el siglo XX, en donde lo que predominaba era el valor de espacio y de la geografía; a lo que son los desafíos de la democracia en una sociedad globalizada dominada por el tiempo y la velocidad de la información. Entonces eso quiebra por lo menos los referentes estructuradores formales de la vida democrática, obviamente eso no afecta los principios básicos de que la democracia es el gobierno de las mayorías en donde no se pueden las mayorías arrogar el derecho de acabarles los derechos a las minorías. La democracia implica que todos los ciudadanos tengan la opción de elegir sin tener antifaces en los ojos porque pueden elegir de manera informada. La democracia implica transparencia, que no se hagan negocios debajo de la mesa, sino que todo lo que ocurre sea el producto fundamental de una negociación democrática. La democracia es también separación e independencia de los poderes públicos y el eje vertebrador de la democracia es fundamentalmente la autonomía judicial, la independencia de los jueces; y resulta ser que ahora estos gobiernos de nuevo cuño lo que les interesa es controlar la justicia, dominar a los jueces para que los jueces purifiquen como constitucionales actos que son inconstitucionales o le den visos de legalidad a prácticas políticas y administrativas ilegales, ese fenómeno hay que verlo y discutirlo con muchísimo cuidado. La democracia es el rescate de la ética política cuando vemos en los tiempos actuales que los gobiernos de la región se sientan con los actores del narcotráfico a discutir en igualdad de condiciones las reglas del gobierno político de sus propias naciones haciendo concesiones que llegan a transformarse en rebatiñas de impunidad, ¿con qué moralidad se habla luego de corrupción o de lucha contra la corrupción o se cuestiona el fenómeno Odebrecht o se cuestiona el problema de los papeles de Panamá? En esto tiene que haber consistencia, yo creo que la moral democrática tiene un límite en cuanto al diálogo democrático que funciona para fortalecer la democracia, pero no para vaciar de contenido ético y moral su experiencia. Tiene que haber un proceso de democratización de la democracia. En medio de las crisis las sociedades tienen la mala costumbre, sobre todo la sociedad latinoamericana, acostumbrada a los padres buenos y fuertes de nuestra historia, ante las crisis buscan siempre un mesías y el mesianismo político hace daño y el ejemplo es Venezuela. Los que no quieran repetir la tragedia venezolana que se olviden del tráfico de las ilusiones.
 

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