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Veo que hay incapacidad para acuerdos nacionales”

El miembro honorario de FUSADES 2016 cree que la polarización en la política es buena, hasta que esta obstaculiza los acuerdos. También habla de su libro de política y cine.
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Veo que hay incapacidad para acuerdos nacionales”

Veo que hay incapacidad para acuerdos nacionales”

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Manuel Alcántara Sáez tuvo dos grandes razones para visitar El Salvador a principios de julio de 2016. La Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES) lo nombró el pasado 6 de julio miembro honorario de 2016 de la institución. Y ayer aprovechó también para dar una conferencia magistral sobre su último libro, un compilatorio de ensayos sobre películas y autores cinematográficos vistos desde la lente de la política. “La política va al cine” es el nombre del libro que junto con Santiago Mariani hicieron su primera edición en Lima, Perú. La segunda edición del libro ha sido en Madrid y se dio a conocer hace unos meses. El Salvador ahora recibe a Alcántara para conocer sus textos de análisis político dentro del arte cinematográfico. Todas las cosas, según Alcántara, pueden verse bajo la óptica de la política. El cine no es la excepción.

Este miércoles 6 de julio, Alcántara habla con LA PRENSA GRÁFICA sobre su libro y también sobre las características de la política salvadoreña. En un pequeño salón de un hotel en San Salvador, el politólogo español, doctor en Ciencias Políticas y catedrático de la Universidad de Salamanca va a compartir sus preferencias cinematográficas –dirá que en el cine internacional la realidad política de El Salvador ha sido conocida por las cintas “Salvador” de Oliver Stone y “Romero” de John Duigan, y que no conoce mucho del cine salvadoreño. Tampoco obviará su área de mayor conocimiento: la política, precisamente la salvadoreña.

¿Cómo empieza esta relación entre FUSADES y Manuel Alcántara?

Bueno, pues, comenzó hace 12 años con motivo de la organización de un trabajo sobre el proceso de institucionalización democrática en El Salvador, en el que fue intermediaria la embajada española en San Salvador para poner en contacto a la Universidad de Salamanca y al equipo que yo dirigía con FUSADES. Y eso dio lugar a dos estudios que los llamamos convencionalmente Salamanca 1 y Salamanca 2, que se publicaron en su momento, uno fue en 2005 y el otro fue una especie de seguimiento cinco años después. Luego FUSADES puso en marcha un comité asesor externo académico y fui nombrado miembro de ese comité con otros colegas europeos, norteamericanos y demás, y ese comité ha venido funcionando casi todos los años. Entonces se ha venido teniendo un contacto con la fundación, evaluando las cosas que hacía, sugiriendo algunas acciones y demás. Esa ha sido mi vinculación.

¿De dónde se origina la idea de hacer un libro de relacionar la política con el cine?

Le voy a ser muy sincero. Es una idea que provino de una publicación española especializada en cine que se llama El Atalante, que es una revista que se publica en Valencia, España, y es una revista académica que se refiere a cine. Entonces allí me hicieron un encargo de escribir una pequeña aportación sobre cine político, y es algo que yo no había hecho en mi vida. Aunque a mí me gusta el cine, pues como cualquier persona de mi generación, el cine ha influido mucho en mi vida y nunca lo había hecho de una forma seria, académica, entonces estaba un poco bloqueado para hacer mi colaboración. Entonces, comentándolo una vez con colegas, alguien me dijo que no es tan difícil. “Piensa en una película ahora mismo”; y yo dije “El tercer hombre” de Orson Welles. “Entonces ya tienes la película, ahora escribe sobre esa película y piensa en clave política”. Entonces me resultó fácil porque la conocía bien y sin verla pude escribir un pequeño ensayo. Y me di cuenta de que esa película es apolítica, entonces allí desarrollé un poco la idea de que la política está en todos los sitios y que está en cualquier película.

Usted hace este libro con el autor Santiago Mariani.

Eso se lo comenté a Santiago Mariani en Lima. A él le gustó la anécdota y me dijo: “¿Por qué no hacemos una cosa en esta dirección con otros colegas y tal...?” Y así surgió la idea. Entonces yo me puse en contacto con una serie de colegas y les dije que se trataba de hacer un ensayo sobre un tema político tratado por el cine, un autor y su vocación política en el cine o una película que retrate un tema político fundamental. Y que se debía hacer de manera libre y demás. Y así fue. Salió el libro, se editó primero en Lima y en Lima se agotó, y ahora se publicó en Madrid, que es la edición que vamos a presentar aquí y también se está prácticamente agotando.

¿Qué películas sobre política o sobre hechos políticos históricos lo han marcado a usted?

¡Puff! (mira hacia arriba, buscando los títulos de los filmes con los ojos). Hay una película de los fines de los cuarenta y principios de los cincuenta que se llama “All The King’s Men”, es una película muy importante. Otra película que me pareció también muy interesante de finales de los setenta en España que se llamó “El candidato”, que es sobre un candidato de un partido de izquierda que es homosexual. Otra película que me impactó muchísimo fue “La batalla de Argel”, por citar esas tres, pero, te digo, hay muchísimas como “Good Bye Lenin!”, como por ejemplo, para citar una película más reciente, alemana, que me impactó mucho. Pero, bueno, la filmografía es enorme y sería injusto, pues, ahora mismo que estoy mencionando esas cuatro podría perfectamente mencionar otras cuatro totalmente distintas.

Supongo que habrá alguna diferencia en el análisis político sobre una película según sea el origen del filme. Es decir, no es lo mismo analizar el cine europeo que el cine industrial hollywoodense.

Eso está muy difícil. Creo que cada uno sirve para cosas distintas. Y los dos lo hacen muy bien. El cine es un lenguaje y es una industria, y puede hacerlo bien en Estados Unidos, en Japón, en la India o en Alemania. Y todo depende de cuál es la finalidad y a quién sirve. Entonces esa es la otra parte, es la parte en que el analista, en este caso el politólogo, tiene que valorar, y cuál es el más eficaz a la hora de crear algo. Siendo conscientes de que el cine ha tenido influencia en mucha gente, pero tampoco creo que sea tanta; tampoco creo que una película haya sido capaz de transformar una sociedad, cosa que a lo mejor la literatura sí lo ha hecho. La literatura ha tenido una mayor fuerza. Estoy pensando en los grandes realistas del siglo XIX como Balzac, por ejemplo, o Víctor Hugo, que tuvieron una capacidad mucho más de movilizar a la gente que el cine. No recuerdo ahora mismo una película que generara manifestaciones, revoluciones. Aunque el cine denuncia, puede lograr que un caso se reabra.

¿Qué película se le viene a la mente si le pregunto por una cinta que refleje la política salvadoreña?

Bueno, por desgracia ya se imagina cuál es: “Salvador”. Es la película más taquillera que tiene que ver con El Salvador. Ahora, yo he visto poco cine salvadoreño. Hace poco tuvimos en Salamanca la presentación de la trilogía que ha hecho este productor Ricardo Simán sobre el conflicto salvadoreño. Y ya digo, conozco poco. Bueno, y “Romero” también, he visto “Romero”.

Esas dos películas, “Salvador” y “Romero”, reflejan un El Salvador dentro de un conflicto armado que ya no existe, pero del que un elemento entre tantos perdura en nuestros días: la polarización. ¿Hasta dónde es saludable que haya fuerzas políticas antagónicas, casi irreconciliables, en una sociedad?

A mí me parece positivo. Yo no soy un satanizador de la polarización. Creo que el ser humano es bipolar. Creo que la cultura es bipolar. Entonces no me preocupa. Y que estén en el espacio político las dos fuerzas y tengan participación me parece bueno. Hoy lo que me empieza a parecer malo es que veo una incapacidad de generar grandes acuerdos nacionales en temas fundamentales. Eso me parece negativo. Yo creo que por encima de la polarización tiene que haber equis elementos en los que haya acuerdo para afrontar los problemas. Yo creo que ahora mismo el país se enfrenta a tres cuestiones de muy distinta naturaleza que requieren de este tipo de pactos nacionales. Uno es el tema de la violencia, clarísimo. Y no son solo estas fuerzas las que deben intervenir en este gran pacto, sino otras fuerzas sociales: medios de comunicación, universidades, sindicatos, empresarios, ONG, comunidad internacional, porque es un tema suficientemente grave. El segundo tema sería el tema de la crisis fiscal. El país está al borde del default y hay que generar un espacio de consenso, en el que ni sean las políticas austericidas ni sean las políticas estatistas. Y el tercer elemento que me parece importante porque afecta a millones de personas y tiene un potencial muy grande. Plantear el asunto de la migración no solo como “qué bien, tenemos equis millones de salvadoreños fuera que envían equis millones en remesas y nos ayudan a balancear la balanza de pagos”, sino también cómo usamos a esa gente como un poder blando y como un ejército de reserva para El Salvador.

En esos tres temas no debería imperar la polarización, entonces.

Me parece que es importante que se establecieran políticas de Estado en estos tres temas, que se establecieran puentes para superar esta polarización, y que en otros temas se puede mantener perfectamente. Pero la política tiene un límite en el que dice uno “ya no se puede más, hay que cambiar”.

¿Hasta qué punto es sostenible un argumento de “no me siento a dialogar y a buscar acuerdos porque en tu discurso, cuando estás con tus amigos, me atacás, pero cuando me tenés enfrente me das la mano”?

Yo creo que una agenda para un gran acuerdo nacional tiene que centrarse en muy pocos aspectos. Para seguir con el ejemplo que me estás poniendo, a lo mejor, el partido ARENA tiene que dar poca o menos importancia a lo que el partido gubernamental haga en Quito, en Caracas o en La Habana, porque eso es parte de otro tipo de actuación. Y el FMLN debe dar menos importancia a lo que haya dicho menos o haya dicho más ARENA. Yo he hablado de tres temas, a lo mejor solo se podría llegar a un acuerdo en uno, bueno, pero que se pongan de acuerdo en uno. Pero los tres temas son importantes. Yo, como un observador extranjero, creo que el más importante es el de la violencia. Si hoy El Salvador es conocido, mal conocido, en el mundo, es por sus cifras de violencia. Entonces creo que la primera responsabilidad de alguien que tenga una camiseta política es afrontar ese tema. Entonces ante esa responsabilidad se deben olvidar de otros elementos, por muy convencidos que estén de que tienen la razón. Pero ya no hay que hablar ahora de si se ha estado en la cumbre de los partidos de izquierda o si se ha estado en no sé dónde, hay que afrontar ese problema.

¿La falta de acuerdos nacionales en la política no tiene otras causas? ¿Hay actores sociales que pueden incidir?

Yo creo que evidentemente no es solo la clase política la que tiene la culpa. La política y los políticos tienen la capacidad de liderazgo, pero por muy buenos que sean si la sociedad es una rémora, no sirve.

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