Viajemos, pero con los ojos bien abiertos

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<p></p><p>I) Iowa, EUA. Visité este estado norteño, gran productor de maíz, soya y cerdos. Me inscribí en la universidad del estado para un día de logros, en que reunían a los agricultores y ganaderos para informarles de los éxitos alcanzados en el año en investigación. Transmitían todo por la TV y la radio de la universidad y vendían un documento muy bien elaborado de los resultados positivos y negativos que habían descubierto en el ejercicio. Lo que más me impresionó es que todo llegaba a costo beneficio y cuánto se podía economizar el agricultor al introducir la práctica recomendada. Luego pensé: Cuando la investigación local nos haga llegar a todos los técnicos agrícolas un informe anual para que ayudemos a divulgarlo, acepto que tal documento obligadamente tenemos que comprarlo.</p><p></p><p>Conocí al Dr. Edwin Ellis quien trabajaba en Ames, la capital del estado. Él era médico veterinario. Me llamó la atención que allá, para detectar brucelosis en el ganado, no sacaban sangre a los animales, bastando pinchar la oreja y el poquito de sangre lo ponían en una tarjeta con reactivo y de inmediato tenían el resultado positivo o negativo. Traje la idea, vino el Dr. Ellis dos veces al país, pero hasta donde conozco, seguimos sangrando del cuello a las vacas.</p><p>II) Acompañé al ministro de Agricultura y Ganadería de aquel entonces, Ing. David Escalante Orozco, a una reunión de OIRSA o CIRSA a México, donde conocí al ministro de Agricultura de aquel país. Conocía que México tiene un 70% de territorio desértico y mucho avance en riego. Solicité al señor ministro que me permitiera visitar alguna zona seca en que utilizaban riego. Primero me llevaron a la Universidad de Chapingo y allí pude ver en maquetas las mejores obras que el país tenía, partiendo de aguas lluvias o de los deshielos de las sierras en el norte. Luego partimos para Pachuca, al norte de la capital. Aquí vi que cada vez que hacían una carretera, sacaban la tierra de un solo lugar y allí se formaba un gran embalse que recogía aguas lluvias, e incluso a las carreteras les hacían un canal paralelo a ambos lados y esta agua la conducían en invierno al embalse.</p><p>La laguna era grande, y durante el verano usaban el agua, primero para mover una pequeña planta eléctrica hidráulica, y después para regar como 200 manzanas de hortalizas, cuyo producto lo llevaban al gran centro de abastos de México, cuando la capital solo tenía 15 o 16 millones de habitantes. Era la época en que estábamos construyendo las postas zootécnicas de Nueva Concepción, Sensuntepeque y Ahuachapán. Al regresar, llamé al jefe de ingeniería de la Dirección de Ganadería, le informé lo que había visto, y le sugerí que en cada posta podría construirse un embalse para almacenar aguas lluvias, y que esto fuese ejemplo de los agricultores de cada lugar. Se me dijo que no había problema y que de inmediato se haría. Se construyeron y se almacenó agua en cantidad aceptable. Estábamos muy optimistas, pero de pronto empezaron a vaciarse. La de Sensuntepeque dijeron que era debido a zompoperas. La de Ahuachapán, en el Llano de El Espino, captó tanta agua que el muro de retención no soportó la presión y se vació. La de Nueva Concepción ya no se intentó hacer por las experiencias anteriores. El ingeniero renuncio y concluí: El que sabe que no sabe, es una bendición. El problema es el que no sabe y pretende saber. Por tal razón, hay que traer técnicos de fuera que nos vengan a enseñar y en el entendido que aprenderemos.</p><p>III) Guatemala. Como miembro del programa FRUTALES, que para mí era el mejor programa que se realizaba en el país y se descontinuó, contactamos con PROFRUTAS de Guatemala, para ver cultivos de mango allá, en donde se tenían 10,000 manzanas plantadas con cuatro plantas empacadoras para exportar. Vi cultivos en una sola plantación de 600 manzanas en Escuintla. Observé cómo combatían la mosca de la fruta, la cosecha y el proceso en las plantas empacadoras. Tomé nota de cómo adelantaban la producción para sacar fruta antes de que México tuviera producción y se acercara el invierno, cuando prolifera la mosca de la fruta. Todo lo publiqué en los diarios, pero concluí: No podemos exportar fruta fresca dado que no tenemos grandes cultivos, no tenemos bajo control la mosca de la fruta y, por supuesto, carecemos de plantas empacadoras. Sin embargo, podemos enviar frutas congeladas, jugos y concentrados. Varios veo que exportan loroco, jocote, coco rallado, vigna congelada, hortalizas envasadas, tamales, frijoles blancos, queso y limón pérsico. Bueno, esto nos indica en dónde estamos y qué podemos hacer.</p><p>[email protected]</p><p></p>

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