Violines y música como terapia

Hace 16 años, Gabriela Patricia Sifontes nació siendo una bebé saludable y sin complicaciones. Pero al cumplir 14 años padeció una gripe prolongada durante la cual comenzó a sentir dificultad para mover sus extremidades superiores e inferiores, y en cuestión de una semana solo podía mover el cuello.
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Talentosa. Después de ser diagnosticada con Síndrome de Guillain-Barré, Gabriela hizo realidad su máximo sueño:  aprender a tocar el violín. Ella ha demostrado poseer talento nato para la música.

Talentosa. Después de ser diagnosticada con Síndrome de Guillain-Barré, Gabriela hizo realidad su máximo sueño: aprender a tocar el violín. Ella ha demostrado poseer talento nato para la música.

Violines y música como terapia

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Fue llevada a un hospital privado de Santa Ana para tratarle dicho padecimiento. Ahí obtuvo una noticia inesperada, fue diagnosticada con el Síndrome de Guillain-Barré, un trastorno neurológico donde el sistema inmunológico (sistema de defensa del cuerpo) ataca por error los nervios de la persona, ocasionándole inflamación de nervios, debilidad muscular, parálisis en el cuerpo y en los pulmones, entre otros. El primer síntoma que experimentó fue la falta de movilidad en los dedos de los pies, y como la enfermedad ataca rápidamente al cuerpo, en menos de una semana comenzó a sufrir parálisis en las piernas y en su cadera. Sin saber lo que le esperaba, al llegar a un hospital privado fue víctima de una mala praxis, después de que una doctora realizara un movimiento inadecuado en su cuerpo, lo que hizo que entrara líquido en sus pulmones y estos sufrieran parálisis. Posteriormente, fue trasladada al Hospital Rosales de San Salvador, donde estuvo internada por siete meses. A pesar de haber vivido estas experiencias negativas y de no poder moverse, la joven mantuvo siempre una actitud serena y confiada en que iba a salir adelante. “Nunca pensé que me iba a morir, no lloré ni me puse a pensar que lo mejor de mi vida había terminado. Me pasaba el tiempo viendo las manchas en el techo para encontrar figuras”, comentó. Después de asistir durante un año a terapias, volvió a caminar y a utilizar sus manos para motricidad fina.Ahora, dos años después de haber sido diagnosticada con el síndrome, tiene 16 años y estudia segundo año de bachillerato en el Colegio Bilingüe Lidia de Salman de Vargas, de Santa Ana, institución que forma parte del SSE con LA PRENSA GRÁFICA y que le abrió las puertas hace dos años, ya que donde cursaba anteriormente no le brindaron apoyo para continuar con sus estudios. Ella ha experimentado un cambio radical en su vida, ya que pasó de ser una persona independiente a necesitar ayuda para todo. Pues tampoco puede hacer ninguna clase de esfuerzo, mucho menos ejercicios. Toda esta experiencia pudiera significar el fin de la alegría y del ánimo por salir adelante para una adolescente; sin embargo, para ella esta vivencia ha marcado un antes y después en su vida, y asegura que si tuviera la opción de escoger volver a pasar por esta experiencia, lo hiciera. “No cambiaría nada de lo que me ha pasado, porque fuera una persona diferente y me gusta como soy ahora. No me siento como la típica joven que solo pasa pensando en salir. Antes no me gustaba estudiar, era muy haragana y ahora me pongo a pensar que no sé cómo pude perder tanto tiempo. Hoy lo veo todo con más compromiso”, expresó Sifontes.Juan Carlos Del Cid, subdirector del Colegio Salman, asegura que esta joven ha demostrado una actitud positiva y responsable en su desempeño estudiantil. “Siempre ha sido una persona muy alegre y respetuosa, que no se pone límites y demuestra ser capaz de hacer muchas cosas. Es muy aplicada en sus estudios y también tiene muchos valores. Es una joven admirable”, indicó.un sueño convertido en terapia

Uno de sus mayores deseos de infancia era tocar el violín, pero pudo hacerlo realidad hasta hace un año y medio que obtuvo el permiso de su madre. Ahora, asiste a la Escuela de Bellas Artes de Santa Ana y asegura que tocar este instrumento no solo ha significado la realización de un sueño desde pequeña, sino que también ha sido la terapia que más le ha ayudado a recuperar la movilidad de sus manos. “Me siento feliz de tocar el violín, porque desde pequeña siempre quise tocar un instrumento y este me ha gustado siempre. Me siento muy orgullosa porque mis maestros me ponen de ejemplo por lo rápido que he aprendido. También ha sido la terapia que más me ha ayudado a poder usar las manos como antes”, puntualizó Gabriela, que ya ha tenido la oportunidad de presentarse con este instrumento en tres ocasiones en el Teatro de Santa Ana y también en las graduaciones del colegio.

En las buenas y malas

Otra de las experiencias satisfactorias que obtuvo la joven después de esta vivencia fue descubrir el valor y apoyo de una verdadera amistad, ya que hace dos años muchas personas le dieron la espalda, pero dos amigas formaron parte esencial de este cambio radical en su vida. Una de ellas es Ivonne Andrea Reyes, de 16 años y estudiante de primer año de bachillerato. Ellas se conocen desde el kínder y estuvieron juntas en el colegio donde estudiaba la joven cuando fue diagnosticada con la enfermedad. Ivonne se cambió de institución educativa para estar siempre con su mejor amiga y apoyarla en todas sus necesidades. “La admiro mucho por la forma en que ha manejado lo que le ocurrió. Yo lloraba mucho pensando que podía morir, pero ella siempre mantuvo un buen ánimo y decidí cambiarme de colegio para no dejarla sola nunca”, comentó Reyes.

Para Gabriela, el apoyo de su amiga ha sido uno de los regalos más grandes. “Para mí ella es indispensable, me acompañó en todo momento y me ha demostrado que una persona que de verdad te quiere estará contigo en las buenas y en las malas, apoyándote no solo con algo material, sino con su compañía y su amistad”, finalizó.

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