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Viviendo entre los recuerdos y la soledad

Sesenta y cinco abuelitos viven en el Hogar Llano Magaña, un lugar con muchas necesidades básicas, sobre todo de víveres y medicina especializada.
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Vicente Ramírez y Rafael Antonio Maldonado, de 86 y 81 años, respectivamente, son los últimos en abandonar el comedor a la hora de la cena.

Ambos ancianos son compañeros de cuarto y pasan horas tras horas recordando sus años de juventud y las incontables experiencias vividas.

Los dos hombres son parte de un grupo de 65 adultos mayores que desde hace varios años se encuentran en el Hogar de Ancianos Llanos Magaña, ubicado al norte de Ahuachapán, específicamente en la carretera que conduce hacia la frontera Las Chinamas.

De acuerdo con don Vicente, nació en el año de 1929 en el barrio San Antonio de la cabecera departamental. No recuerda con exactitud el día de su nacimiento, solamente que ocurrió en el mes de agosto.

Afirma que durante su juventud fue jornalero, agricultor, pescador y finalmente ganadero. Todos sus oficios los realizó al sur de la cabecera departamental, en el cantón Cara Sucia.

“Yo era bien arrecho para el trabajo, construía casas y me levantaba temprano para ir a supervisar las siembras de frijoles y maíz, después me iba para los establos y comenzábamos a ordeñar las vacas”, dice el hombre mientras le da el último sorbo a un atol que han servido como parte de la cena de ese día.

Dice que tiene una esposa y varios hijos de crianza, pero que ninguno de ellos lo visita, de hecho nunca lo han visitado en los varios años que ha estado en el asilo.

“Así me pasa a mí”, interrumpe don Rafael, quien desde hace varios minutos se levantó de su silla para acercarse a la conversación.

Don Rafael mencionó que vio la luz del sol por primera vez un 24 de octubre de 1933 y afirma que tiene una familia que reside en Santa Ana. “Yo soy de Coatepeque y tengo una hija que vive ahí, mi esposa está en Santa Ana, pero no me quieren decir en qué lugar vive”, comenta el anciano mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

Sin embargo, entre sus desilusiones los dos ancianos manifestaron estar alegres al convivir con otras personas de su misma edad, a quienes cada día van aprendiendo a valorar como una nueva familia.

De acuerdo con Elsa Gloria González, una religiosa encargada del asilo, la mayoría de los “abuelitos”, como ella los llama, son enviados a este lugar por sus familiares por diversas causas.

“A veces los traen por falta de espacio en el hogar, de tiempo para cuidarlos, o porque (los ancianos) fueron estrictos con ellos. Pero hay que recordar que ya son adultos mayores y merecen paciencia y mucha solidaridad, no tenemos que ser rencorosos”, dice la religiosa.

Agrega que lo que más extrañan los adultos mayores es el cariño de la familia y el no tenerlo a diario conlleva a que entren en estados depresivos severos.

“Muchas de las personas que están acá viven con la esperanza de que sus familiares los visiten, la gran mayoría de días de visita, que son jueves y domingo, van a los barrotes que están en la fachada y esperan. Nosotras tenemos que llevarlos adentro porque pueden deslizarse y sufrir algún golpe”, comenta la encargada del hogar

En otros casos, como los de Vicente y Rafael, llegan a instalaciones como el Hogar Llanos Magaña y realizan el ingreso por su cuenta.

En la pared de sus habitaciones, justo arriba de su cabecera, se encuentran varios dibujos que han dejado estudiantes, miembros de congregaciones religiosas y los más afortunados algún detalle de sus familiares.

“Yo era jugador de los Gallos Blancos de Cara Sucia”, dice Vicente. “A mí me gusta el Águila de San Miguel”, interrumpe Rafael mientras sus vecinos de cuarto realizan diversas actividades.

La directora contó que por el momento son 21 las personas dedicadas al mantenimiento y cuido de los ancianos.

Agregó que el sueldo de este personal y parte de la responsabilidad de la energía eléctrica es asumida por el Gobierno de El Salvador a través del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social.

El personal está a cargo de seis religiosas que también velan por cada una de las áreas asignadas en el interior del asilo.

En el momento en que cualquier visitante abandona el hogar el grupo de ancianos levanta las manos y se despide con un “muchas gracias por venir a vernos, por favor vuelva pronto”, con la ilusión de que la próxima vez sean algunos de sus familiares quienes los visiten.

Tags:

  • ahuachapán
  • tercera edad

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