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Voces unidas contra la violencia

las mujeres luchan a diario contra la desigualdad, la falta de educación, el abuso físico, psicológico o sexual, el acoso y la violencia económica . Cuatro salvadoreñas cuentan su historia para hacer visible la realidad que muchas viven y de la que aún no pueden hablar.

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Valentina Salmerón, 82 años

Desde que era una niña, Valentina sufrió vulneraciones en sus derechos a una vivienda digna, a la educación y a la protección. A los seis años, se vió en la necesidad de trabajar en fincas para ayudar en oficios varios y con ello cubrir sus necesidades básicas. “Mi infancia fue bien triste porque mi mamá me regalaba a cada rato con cualquier persona. La última vez que me regaló tenía 13 años y gracias a esa señora donde me quedé, aprendí a hacer pupusas y a tener venta”, comentó. Valentina no pudo ir  a la escuela y a la edad de ocho años  fue víctima de violencia sexual. La falta de un hogar estable ha estado presente durante casi toda su vida, ya que comenta que se ha mantenido “pagando como ha podido, viviendo en las calles y durmiendo en portales” por la falta de recursos.

Actualmente, cuenta con un pequeño negocio en La Libertad, donde vende dulces, galletas, cigarros y agua, ganando entre  $2 y $3 diarios. Esta cantidad  a duras penas alcanza para su comida y el alquiler de una habitación, la cual tiene un costo de $80 mensuales. “En mi casita yo no tengo nada, yo duermo en el suelo, todo es a la intemperie”, cuenta. Para ella, llevar sus cuentas y sacar adelante su venta no es tarea fácil, debido a que no sabe leer, ni escribir. “Sé poner mi nombre, porque es lo único que me enseñaron. Lo de vender lo entiendo porque solo vendo ‘coritas’, no son cuentas muy grandes”, mencionó.

Mayela, 22 años

A los 19 años, fue víctima de  violencia sexual. Su agresor, un amigo del colegio, intentó drogarla en repetidas ocasiones durante una celebración de cumpleaños.  Abusó sexualmente de ella esa misma noche. “Yo me quedé pensando: ‘no entiendo qué acaba de pasar’. Sabía que algo estaba mal, pero al mismo tiempo dudaba de que eso se fuera  a considerar una violación, porque no hubo forcejeo o algo así. No sabía qué pasaba, pero sí me sentía súper mal”.  Luego de lo ocurrido, denunció su caso a las autoridades, y, a pesar de que se presentaron dificultades en el proceso,  su agresor fue detenido. Sin embargo, a casi tres años del hecho, durante la cuarentena domiciliar decretada en el 2020, su victimario fue trasladado a su casa para cumplir su detención de forma  domiciliar. Nadie le  informó a Mayela de la decisión tomada en juzgados, a pesar de que  la ponía en riesgo, debido a que su agresor vive a pocas cuadras de la casa de sus padres.  Actualmente, Maye, como es conocida, trabaja como defensora de los derechos de la mujer y  lidera un colectivo de jóvenes feministas que brinda apoyo y seguimiento a mujeres que sufren situaciones de violencia. 

Ana, 37 años

Ana (nombre ficticio) vivió violencia psicológica, física y económica de parte de su expareja durante 19 años. Desde el momento en que empezaron a  vivir juntos,  él le impidió seguir con sus estudios y también le prohibió trabajar. Él llevaba el dinero para los gastos de la casa; sin embargo, más de la mitad de su salario lo utilizaba en fiestas y alcohol. Con lo sobrante, Ana tenía que alimentar a toda la familia, pagar recibos y cubrir las necesidades del hogar. Los celos y el control de su ex pareja hacia ella también eran un problema constante. “Si me saludaba alguien en la calle, se enojaba y me reclamaba. Llegué al punto de tener que rodear a la gente para no saludar y evitar tener problemas con él”, agrega. Con el paso del tiempo las humillaciones en público y en privado aumentaron, situación que escaló a la violencia física en más de una ocasión. “Un día se metió a la casa a la fuerza, me agarró del pie y me sacó de la cama del niño. Me tiró al suelo y ese día tuvo que ir mi mamá y por sus gritos me dejó ir” comenta Ana. Ella no conocía de la violencia contra la mujer, ni de sus derechos. Un día con el afán de salir adelante y tener dinero suficiente para los gastos diarios,  tomó talleres bisutería y de como manejar un pequeño negocio y fue ahí donde escuchó por primera vez sobre la  violencia de género y se enteró que en su casa estaba siendo violentada. Poco a poco tomó cartas en el asunto.  Su relación finalizó hace dos años y hasta hace un mes seguía siendo acosada por su ex pareja, situación que frenó con una orden de alejamiento. Actualmente, brinda información de género casa por casa para ayudar a salir adelante a mujeres que viven situaciones similares. 

Stephanie, 31 años

Durante seis años fue víctima de violencia psicológica y económica de parte de su ex pareja. Sin darse cuenta,  todo este tiempo se vio aislada de amigos y familia, teniendo  comunicación diaria solamente con su agresor. Con una hija y un hijo de ambos, Stephanie trabajó largas jornadas con horarios que variaban durante el día o incluso, durante toda la noche en un call center del país. En ese tiempo, su  salario fue utilizado en su totalidad para pagar los gastos de alimentación y vivienda de la familia; sin embargo, el salario de su pareja fue utilizado exclusivamente por y para él.  “Cuando estaba con él todo el  tiempo me hacia falta dinero, pero desde que él se fue he mejorado un montón. Me ha ido mucho mejor, esta casa no es ni la sombra de lo que era”, contó. En el tiempo que duró la relación, su ex pareja le fue infiel en dos ocasiones y ejercía violencia psicológica comparándola con alguien más y minimizando sus sentimientos con burlas. 

Con el tiempo, Stephanie decidió terminar la relación; sin embargo, le llevó seis meses poder desalojarlo de la casa que era de su propiedad. Cuando finalmente lo logró, él ingresó en repetidas ocasiones  sin su autorización y vigilaba por la ventana para ver “que todo estuviera bien”.  Actualmente, Stephanie vive sola con sus dos hijos y el día que finalmente quedaron solos realizaron un mural con témpera en la sala de su casa que simboliza la libertad en el hogar, luego de años de violencia. Stephanie comenta que le gusta leer sobre temas que le ayudan a mejorar en su vida diaria y educa a sus hijos para que reconozcan conductas violentas en su entorno y puedan detener el abuso y buscar ayuda. 

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