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Voluntario vence obstáculos y alfabetiza a adultos en Jiquilisco

Las aulas del C. E. Dr. Michael de Witte, en Usulután, reciben a un estudiante ejemplo de superación y apoyo a la comunidad, quien a sus 18 años se dedica a enseñar a leer y escribir.
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Desde hace 50 años la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) proclamó que cada 8 de septiembre se celebre a escala mundial el Día Internacional de la Alfabetización, con el fin de fomentar el aprendizaje y la enseñanza a personas que no han tenido la oportunidad de aprender a leer y escribir.

Esta tarea fue retomada por un joven usuluteco, quien a sus 18 años tiene a su cargo uno de los 37 círculos de alfabetización que existen en el municipio de Jiquilisco, departamento de Usulután.

Josué Rivera vive en el cantón Tierra Blanca y estudia primer año de bachillerato. De lunes a jueves se encarga de alfabetizar a su madre y a dos vecinas más. Para esto, recorre aproximadamente 1 kilómetro desde su hogar hasta el complejo educativo o la casa comunal donde los adultos que tiene a su cargo se reúnen para aprender a leer y escribir.

Pero esta tarea no es sencilla, pues este joven tiene una discapacidad física llamada osteogénesis imperfecta, conocida como la enfermedad de los huesos de cristal, que le impide valerse por sí mismo y lo mantiene atado a una silla de ruedas con el peligro latente de que sus huesos se fracturen.

Sin embargo, las ganas de vivir y de ayudar a otros a salir adelante lo motivan a olvidarse de su enfermedad, realizar sus tareas escolares y enseñar a sus asociados. “En el círculo hay tres personas. Todas las tardes escuchamos la radio-clase y luego les pregunto si tienen alguna duda de los contenidos. Estoy pendiente de enseñarles todo lo que no entiendan. Me siento muy contento de poder ayudar a mi mamá en esta tarea”, mencionó el joven.

Por su parte, María Odilia Rivera, de 55 años, asociada al círculo y madre de Josué, jamás pensó volver a tener la oportunidad de encontrarse con las letras. “Entre las tareas de casa y el cuidar a mis cinco hijos jamás imaginé poder aprender a leer y escribir a mi edad. Me siento feliz, aunque a veces no me dan ganas, pero mi hijo siempre me anima a recibir las clases”, dijo.

En el círculo de alfabetización también se encuentran Hilda Bermúdez, de 40 años, y Rosa Penado, de 58 años, quienes por problemas familiares y el conflicto armado nunca pudieron estudiar. “Me siento contenta porque estoy aprendiendo mucho. Cuando paso consulta ya puedo leer las recetas y sé qué medicamentos tomar”, expresó Bermúdez.

Para María Mirna Rivera, promotora del MINED, la labor de Josué es digna de admiración, ya que realiza un doble esfuerzo para apoyar a su comunidad. “Lo más difícil para Josué es trasladarse, porque hay que ayudarle a movilizarse, pero entre todos nos unimos y le ayudamos para que lleve a cabo su labor alfabetizadora”, enfatizó Rivera.

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