Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Monseñor Gregorio Rosa Chávez fue nombrado ayer cardenal por el papa Francisco. Hoy concelebrarán una mista junto con los otros cuatro cardenales y el papa.
Enlace copiado
Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Y los hizo cardenal, pero no “príncipes”

Enlace copiado
Cuatro columnas sostienen el altar mayor de la Basílica de San Pedro. Sobre ellas, cuatro ángeles parecen vigilantes. Cuatro arzobispos vio pasar en San Salvador Gregorio Rosa Chávez y los sostuvo como las torres y los escoltó como los ángeles. Ayer, en el mayor templo de la Iglesia católica, recibió su birreta, su anillo y el papa Francisco lo nombró cardenal, no sin antes lanzar una advertencia: “Ustedes no son príncipes”, en alusión a que no buscan poder sino servir como Jesús.

LEA TAMBIÉN: QUÉ SON TODOS LOS ELEMENTOS DE LA INDUMENTARIA QUE USÓ ROSA CHÁVEZ HOY

Rosa Chávez nunca dejó de ser Rosa Chávez. Se lo vio parco, sencillo, solemne. Caminó al frente del altar mayor de la basílica como lo hace en cualquier lugar de San Salvador, como lo hace en la iglesia San Francisco. La única diferencia era el rojo y el blanco al inicio; la otra fue la birreta y el anillo al final.

Cuando a las 3:53 de la tarde romana (7:53 de la mañana en El Salvador) se hizo el anuncio de que el consistorio comenzaría con la entrada del papa Francisco, una voz en claro español y en carácter imperativo dijo: “Nadie aplauda”, nadie aplaude. Contra lo que no pudo la voz fue contra la tecnología: cientos de manos se levantaron con sus celulares para iluminar el paso del pontífice.

Es un acto bien elaborado, programado de principio a fin, solo roto por los celulares y al final con la salida de los cardenales por gritos típicos de los visitantes de Malí, que solo recuerdan las tradicionales danzas africanas; son felices, sin duda.

LEA ADEMÁS: ROSA CHÁVEZ LLEGÓ UNA HORA ANTES A LA BASÍLICA PARA SALUDAR A TODOS

A las 4:15 el todavía monseñor Jean Zorbo finalizó el agradecimiento que le dio al santo padre en nombre de los cinco, va con él, lo abraza y lo besa para regresar donde sus compañeros. Es el turno de Francisco, el turno de hacerles ver que “no son príncipes”. No se percató de que Rosa Chávez fue fiel al principado de San Salvador, que lo manejó con experiencia, con sabiduría.

Tras el acto, confundido y hasta quizá abrumado por las entrevistas, los flashes y los saludos, reitera que ojalá su nombramiento no quede en una alegría pasajera, una alegría que lo parece asfixiar por dentro y no se desborda, y se vuelve a colocar en segundo plano: “Nosotros vemos a (el beato Óscar) Romero como el ícono de esta Iglesia que el papa sueña y describe. Es el modelo a seguir. Yo vengo aquí en nombre de él para recibir esta distinción, porque él mereció esto y Dios se lo dio con su sangre”. Pero es él quien lo recibe. A las 4:23 de la tarde, iniciada la homilía, el pontífice hace un recuento del Evangelio de San Marcos que ha leído. Jesús va delante de sus discípulos y es precisamente lo que él quiere para los cinco cardenales: que vaya delante de la Iglesia.

TAL VEZ LE INTERESE: ALGARABÍA EN PARROQUIA SAN FRANCISCO POR INVESTIDURA DE CARDENAL ROSA CHÁVEZ

“De modo particular me dirijo a vosotros, queridos nuevos cardenales. Jesús ‘camina delante de vosotros’ y os pide seguirlo con decisión en su camino. Os llama a mirar la realidad, a no distraeros por otros intereses, por otras perspectivas. Él no os ha llamado para que os convirtáis en ‘príncipes’ en la Iglesia, para que os ‘sentéis a su derecha o a su izquierda’. Os llama a servir como él y con él. A servir al Padre y a los hermanos. Os llama a afrontar con su misma actitud el pecado del mundo y sus consecuencias en la humanidad de hoy”, dice. Es corta la homilía, pero la enmarca en una realidad de injusticia, de violencia, de sufrimiento de irrespeto, justo lo que ha caracterizado el pontificado de Francisco.

A las 4:42, Rosa Chávez va por su birreta y su anillo; es el quinto a subir, coincidencia o ironía de que él siempre ha estado atrás de los otros, pero que lo ha hecho sin reclamos y más encaminado a cumplir su misión pastoral. Sube, recibe la birreta y el anillo, besa al papa y baja con el mismo estilo pausado con que subió. Tampoco tiene prisa por saludar a sus nuevos compañeros.

Son las 4:58 cuando la oración de los fieles, la bendición y el Padre Nuestro cantado en latín ponen el final. Los cardenales inician la salida. Tras ellos va Francisco. Quedan atrás las cuatro torres y los cuatro ángeles del altar mayor, quizá como escolta, como guardias.

Es el camino al aula Pablo VI. Ahí recibirá saludos y entrevistas. Ahí es que dice que en El Salvador “necesitamos nuevas noticias; cada día estamos contactando muertos y eso ya tendría que terminar”. Como cosa curiosa, en el aula él es el primero, ahí todos van detrás él. Es notorio que lo cansa y es notorio que una vez más cumple su misión para con ellos. Es la cola más larga de todos los cardenales nombrados, es como si tuviera que dar una comunión gigante.

“Significa que Dios es quien siempre tiene la última palabra en la historia de sus hijos y que siempre ve con predilección a los humildes de corazón, a aquellos que nunca piden nada para sí, que solo quieren servir a Jesucristo y a su Iglesia”, dice el canciller del arzobispado, monseñor Rafael Urrutia.

Cansado, feliz, se asoman mínimas sonrisas, Gregorio Rosa Chávez continúa con el reparto de saludos y abrazos. Tiene que soportarlo un poco más. Muchos otros quieren saludar a su eminencia, al cardenal.
 
 
 
 

Lee también

Comentarios

Newsletter