“Yo quiero contar votos, pero pandillas no lo permiten”

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“Yo quiero contar votos, pero pandillas no lo permiten”

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“Me da miedo llegar ahí. Yo ya denuncié varias veces la movilización forzada que tuve que hacer, pero aclaro que yo sí quisiera participar, porque esta es una gran oportunidad para que la gente, en vez de que esté renegando en el Facebook, participe, pero me da miedo ir ahí”. Es casi la 1 de la tarde y esa es una de las primeras frases que dijo ayer Carlos, como lo llamaremos por seguridad, un joven de 28 años.

Carlos fue parte de los cientos de personas que llegaron ayer al Tribunal Supremo Electoral (TSE) a excusarse de no poder integrar las mesas receptoras de votos el próximo 4 de marzo. Pero, a diferencia de otros ciudadanos, el joven de tez morena se sentó en una silla que hay afuera del TSE a esperar que los empleados de la secretaría de la institución comenzaran a atender en la jornada de la tarde. Le dieron el número uno. El 24 de noviembre de 2016, Carlos no estaba haciendo fila para ingresar a un lugar, sino que estaba abandonando una populosa colonia en el municipio de Soyapango porque la pandilla que opera en el sector así lo decidió.

Las palabras de “uno de los bichos”, como él los llama, fueron claras: “Llegó a decirme que me tenía que salir porque ya estaban hartos de verme. Menos mal que me dieron la oportunidad de salirme, porque, si no, a saber qué me habría pasado. Quizá estaría descuartizado”. Carlos es una de las decenas de víctimas desplazadas de su lugar de origen de forma forzada por las pandillas.Un año después de que se vio obligado a abandonar el lugar que lo vio crecer, Carlos fue seleccionado para integrar una Junta Receptora de Votos (JRV) el próximo 4 de marzo. Como pocos casos, él asegura que sí le gusta la idea de ser parte de una mesa de votación el día de las elecciones.

Esa misma emoción lo llevó a asistir a una capacitación que se da en una escuela de Soyapango, cercana a la colonia que él tuvo que abandonar.La sorpresa fue que, al llegar al centro escolar, se topó con que tenía que pagar una renta de $2 para entrar a la escuela. “Fui al centro escolar donde me tocaba hacer la capacitación. Cuando llegué, afuera estaba un bicho y me dijo que le tenía que enseñar el DUI, pero cuando vio que era de otra colonia donde son los mismos, me dijo: ‘Vaya, como venís de otra colonia pero somos los mismos, así bien al suave me tenés que dar $2 de peaje. Él (pandillero) me dijo que yo tenía aprobada la visa para entrar ahí , pero que el impuesto era de $2”. Soyapango es uno de los municipios con mayor incidencia delincuencial del país, y los éxodos de familias producto de amenazas de pandillas han sido una constante. Esa historia se ha repetido en otros municipios de San Salvador; entre ellos están Panchimalco o Mejicanos. La historia de Carlos surge un día después que el fiscal general de la república, Douglas Meléndez, aseguró que hay casos en los que integrantes de pandillas están extorsionando a candidatos a alcaldes para permitirles que estos puedan hacer su trabajo propagandístico. El funcionario no ofreció más datos.

“Un bicho me dijo: ‘Vaya, como venís de otra colonia pero somos los mismos, así bien al suave me tenés que dar $2 de peaje. Él (pandillero) me dijo que yo tenía aprobada la visa para entrar ahí (a la escuela donde daban la capacitación del TSE), pero que el impuesto era de $2”.

La lucha también es con la PNC

Carlos decide darle su espacio en donde estaba sentado a una señora de la tercera edad que hacía fila por un familiar. Ya era cerca de la 1 p. m., y cuando se esperaba que todo el problema había sido con las pandillas, comenzó a narrar cómo la misma delegación policial de Soyapango no quiso aceptarle la denuncia que ha hecho desde 2016 y por la que tuvo que recurrir hasta la delegación San Salvador centro. “El día que me retiré fue el 24 de noviembre de 2016. Yo presenté una denuncia a la policía, pero desde que llegué al puesto policial me bloquearon de que no (la pusiera). Yo exigí mi derecho a la denuncia, la puse a pesar de que me bloquearon y tuve que buscar apoyo de una organización. Después volví a poner otra denuncia porque no me dejaban pasar para ir a cobrar al inquilino. Ahí la policía no llega; no me querían aceptar la denuncia. Cuando llegué a denunciar, me dijeron que no, que para qué iba a denunciar. ‘De todos modos, ya sabés cómo está la situación. Mejor andate de ahí’. Eso fue lo que me decían ellos (agentes de la PNC). Lo que yo necesitaba era denunciar porque ellos me bloqueaban”, dice el joven mientras muestra los reportes de las denuncias que ha interpuesto por el acoso que sufrió en la colonia de Soyapango y que lo obligó a emigrar de su lugar de origen.La delincuencia ya ha hecho que se muevan algunos centros de votación de donde el TSE los instaló originalmente, debido a los índices de delincuencia que se vive.“Yo no tengo problema en asistir a las JRV, pero sí pido que si me pueden cambiar a donde estoy residiendo actualmente. Porque ahora donde yo vivo, si quieren que les muestre que ya llevo ratos ahí, les puede mostrar el contrato de la casa que estoy alquilando. Si me cambian de domicilio, yo con todo gusto voy a colaborar, pero si me dicen que obligatoriamente tengo que ir ahí, a la colonia de donde salí huyendo, pues lo siento mucho”, expresa Carlos, quien tendrá que esperar como máximo 15 días para saber si la comisión creada por el TSE y que evalúa cada caso se decanta por cambiarlo de centro de votación o si lo obliga a que asista a contar votos al lugar del que fue expulsado por las pandillas.

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