Zamorano 72 años después de su fundación (1.ª parte)

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Fui invitado a conocer los cambios que han sucedido en Zamorano desde su fundación, en 1943, y encontré la institución convertida en universidad agrícola, que alberga 1,250 estudiantes de 21 países y dentro de los cuales un 33 % son señoritas y El Salvador está representado con 100 alumnos de ambos sexos.

La universidad tiene actualmente una extensión de 7,843.63 manzanas con alturas que van desde 800 a 1,800 metros sobre el nivel del mar, lo que hace posible tener toda variedad de cultivos.

Cuenta con 69 instructores y de estos 14 tienen doctorado, 24 maestría y el resto son ingenieros agrónomos graduados en, su mayoría, Zamorano y especialización en cualquiera de las cuatro áreas que la institución instruye, como ser: Administración de Negocios, Agroindustria Alimentaria, Ambiente y Desarrollo Socio Económico y Ciencia de Producción Agropecuaria.

Un año de estudio en la universidad tiene un costo anual de $18,000 y es por ello que el 68 % de los estudiantes recibe apoyo económico de fundaciones, gobiernos y organismos internacionales. Para el caso salvadoreño, INSAFORP aporta el 50 % de 24 becas anuales y otros estudiantes se apoyan con ayuda familiar.

Todos los jóvenes residen en el campus de la universidad e incluso el profesorado, acompañado de sus familias. Existe dentro del campus una escuela primaria bilingüe para servir a los hijos de profesores y otros miembros del personal y vecinos. Además, se cuenta con el hotel Kellog, con 55 habitaciones.

Al recorrer los campos, sus laboratorios, aulas y sitios deportivos se observa limpieza, orden y se ve a los estudiantes caminar rápido para estar puntuales en los módulos de trabajo que se les han asignado. Dado que las distancias a recorrer de un módulo a otro son largas, todos se conducen en bicicletas o en pequeños vehículos tipo pick up guiados por los instructores.

Los estudiantes inician su día de labores a las 5 de la mañana, desayunan, y a las 7 en punto están en sus lugares de prácticas de campo o aulas, pues dado que son muchos, unos cumplen por la mañana en el campo mientras otros van a las aulas de clase y viceversa hasta las 4 de la tarde.

Enseguida practican diversos deportes, como fútbol, baloncesto, natación, gimnasia, equitación y más. La primera impresión que se lleva cualquier visitante es de orden, limpieza, pese a que hay 1,250 estudiantes cuyas edades están entre 17 a 24 años, y existe un silencio monástico. De las 7 a las 9 de la noche todos están en sus habitaciones dedicados al estudio.

Pregunté a unos estudiantes sobre qué consideraban que era la base del éxito de esta universidad y me respondieron: existe una rigurosa selección de aspirantes a ingreso; aquí se evalúa en partes iguales el trabajo de campo, el estudio y la disciplina. Si uno cumple a cabalidad con esto, se espera que se llegará a graduar después de cuatro años de intenso trabajo y estudio.

Aquí la base del éxito es el aprender haciendo, pues lo que se aprende a hacer prácticamente nos vuelve habilidosos y no se nos olvida. Hasta 2013 Zamorano ha graduado 7,235 personas, entre ellas 1,160 mujeres de 29 países, pues a menudo llegan estudiantes de Alemania, Holanda, Italia e Israel.

Me permití preguntar si había un trato especial en el trabajo de las señoritas estudiantes y se me dijo: Aquí todos realizan el mismo estudio y trabajo. Usted puede verlas limpiando campos, cuidando plantas y ganado, destazando animales, trasladando equipos de riego de un sitio a otro, manejando tractores, elaborando jaleas, jugos, lácteos y cárnicos en los supermercados, conociendo la opinión de la gente sobre los productos de Zamorano.

Están compenetradas de su misión, sin inmutarse en nada y debo decirle que son muy responsables y eficientes.

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