“Solo Dios sabe cuándo voy a dejar de ayudar”

José Fidencio Pineda tiene 61 años de edad y desde 1985 es uno de los comerciantes más famosos de la ciudad de Santa Rosa de Lima (La Unión).
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Pineda reconoce que su “fama” no es por los negocios familiares que posee, sino debido a los 25 años que lleva ayudando al prójimo como voluntario de la Cruz Roja filial Santa Rosa de Lima, tiempo que lo ha llevado a ser reconocido por los habitantes de la zona norte del departamento.

Según Pineda, la aventura de su vida como voluntario inició en 1990, cuando su hija mayor fue escogida como reina para representar a la institución de servicio humanitario.

“Comencé porque iba acompañando a mi hija, como ahí les piden que anden en todas las actividades, entonces yo iba a cuidarla. Pero nunca imaginé que la Cruz Roja se iba a convertir en mi aventura, mi vida y mi servicio”, asegura el voluntario.

Ayudar al prójimo es para Pineda una aventura que se cuenta con diferentes matices cada día. “A veces río, otras lloro y en muchas no soporto el coraje. Cada vez que ayudo a un ciudadano me renacen las ganas de servir, pero cuando veo a alguien morir, se muere una parte de mí”, explicó.

Lo que inició como un compromiso se convirtió en una filosofía de vida para la familia Pineda Benítez, pues desde hace 25 años padres e hijos son miembros activos de la Cruz Roja.

El jefe del hogar está casado con Rosa Mirian Benítez, de 61 años, quien actualmente pertenece al comité de damas de la institución. Tiene cuatro hijos: Javier Armando Pineda, de 35 años; Edwin José Pineda, de 24, ambos son rescatistas; Miriam Yesenia Pineda, de 40; y Lorena Pineda, de 32; ambas son socias voluntarias de la Cruz Roja.

“De una o de otra manera los cinco somos parte activa de la Cruz Roja, somos una familia que vive para ayudar, para servir, y de esta manera queremos criar a las nuevas generaciones”, agregó.

Actualmente, el voluntario de Santa Rosa de Lima tiene 12 nietos y todos están siendo instruidos en el servicio al prójimo.

“Los estamos ensayando e instruyendo en el servicio y ayuda al prójimo, no necesariamente a que sean parte de la Cruz Roja, sino que compartan y ayuden al más necesitado. Queremos que se convierta en una tradición familiar el servir y ayudar”, manifestó.

También asegura que hasta el día que se muera va a dejar de servir. “Solo Dios sabe cuándo voy a dejar de ayudar, porque hasta después de la muerte quiero servir, uno no se puede jubilar del voluntariado, siempre hay que ayudar”, dijo.

Necesidad de ambulancia

Actualmente, la filial de la Cruz Roja de Santa Rosa de Lima no cuenta con una ambulancia, pues la que tenía hace tres años terminó su vida útil.

“Tuvimos por 15 años una ambulancia, pero después su vida útil caducó y se fue convirtiendo en un gasto y entonces la vendimos como chatarra y hoy solo tenemos un pick up y con eso realizamos traslados”, contó Pineda.

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