“Tenemos que trabajar el compromiso de los jóvenes con la política”

El enviado del Vaticano considera que se debe sensibilizar a los jóvenes como motor para cambiar la sociedad, trabajar y entender a las comunidades es una forma.
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“Tenemos que trabajar el compromiso de los jóvenes con la política”

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Enrique Palmeyro, director de las Escuelas para El Encuentro del Vaticano, tiene claro que el “padrinaje” no resuelve los problemas de la sociedad. El joven es en estos días atraído por diferentes aspectos tecnológicos que lo alejan de participar en otras actividades. Utilizar esas tecnologías, crear programas educativos y deportivos, educar a las nuevas políticamente es parte de esa solución que el papa Francisco quiere para la estabilidad de la sociedad. Recientemente visitó el país para observar el trabajo de la Fundación Forever, una que promueve integrar más que incluir. Palmeyro cree que algunas medidas replicadas están en ese camino del “encuentro” impulsado por el Vaticano.

Para el director de Escuelas para el Encuentro, Francisco ha roto algunos moldes que incomodan en el Vaticano y con su mensaje de salir a la periferia cambia una línea que la Iglesia estaba olvidando. El proyecto cree mucho en la juventud y es el detonante para cambiar los problemas que aquejan a la sociedad, pero obviamente hay que sensibilizar a los jóvenes y enseñarles a aceptar compromisos.

Es la segunda visita que el programa de Escuelas para el Encuentro hace al país. ¿Cómo se percibe en el Vaticano el trabajo que hace la Fundación Forever?

José María del Corral quedó impactado por el trabajo que se hace con la cultura de la integración en El Salvador y a partir de allí hemos tenido un trabajo conjunto con la Fundación Forever; hemos tenido varias reuniones, hemos contado al papa Francisco todo lo que se hace y a partir de este año queremos que sea ya no solo un tema de la fundación, sino de todo el país. Es algo que ha calado en muchos sectores sociales y si bien hay algunos problemas, estamos contentos por el compromiso creciente de muchos actores en este país.

Por los problemas sociales que se viven en el país y los índices de violencia existentes, parece ser que el programa de Escuelas llegó en un gran momento para Forever.

El papa ha destacado este trabajo en el Congreso Mundial de Escuelas para el Encuentro, habló de las coincidencias del Encuentro y la Integración.

Él dice que estamos en una guerra mundial en pedazos; por un lado mucha motivación porque existen elementos de comunicación que permiten vincularnos entre todos, pero también grandes factores de desencuentro entre los países y las sociedades. Las diferentes culturas, las diferencias en el modo de hablar, las concepciones económicas distintas generan temor en nosotros y el temor es hermano de la violencia. Es un temor que nos aísla y nos separa y por allí surge la violencia.

¿Y cuál es el mensaje de Escuelas para el Encuentro ante este panorama?

Algunos ya hablaron de tolerancia. Tenemos que tolerarnos unos a otros, pero hay que dar un paso más y valorar la diversidad. Es bueno que los seres humanos tengamos culturas distintas, es bueno que haya esas diferentes formas de hablar. Valorar nuestra fe es una riqueza que nos identifica a los seres humanos, pero tenemos que respetar esa fe distinta.

¿La cultura de la integración encaja con esto?

Encaja desde el trabajo que se venía haciendo desde cuando el papa era el arzobispo Jorge Mario Bergoglio en Buenos Aires y propuso que en el programa de escuelas hermanas, las que más podían ayudaran a las más necesitadas, pero decía, y con mucho énfasis, “ojo que hablo de hermandad no de padrinazgos, donde uno da y otro recibe”. Textualmente decía: “Nos ayudamos mutuamente de lo que tenemos”. Esto no es un tema de ayuda sino de integración cultural, de convivencia entre unos y otros.

A escala mundial ¿cuándo y en qué momento se marca el punto de partida de la cultura de las Escuelas para el Encuentro?

El papa entrega el olivo a Lionel Messi y Gianluigi Buffon como símbolo de la paz y de lo que el fútbol y los deportes populares pueden hacer para evitar la violencia. Allí hay un primer punto de partida para poner la semilla de Escuelas, pero otro punto muy importante es identificar aquellas iniciativas existentes en el mundo en donde la cultura del encuentro se está haciendo realidad. No es algo de laboratorio que solo se da ya elaborado, sino más bien mirar y en ese mirar y conocer aparece el trabajo de la Fundación Forever y el pueblo salvadoreño.

Desde Buenos Aires hasta el Vaticano, hasta la fecha, ¿han encontrado muchas iniciativas coincidentes con el programa de Escuelas para el Encuentro?

Sí hay. Y siguen apareciendo experiencias similares a las de Forever. El papa dice que no se puede cambiar el mundo si no se cambia la educación. Lo interesante de Forever y otras iniciativas es ver cómo se han ido integrando los sectores en el proceso de querer cambiar esas situaciones que nos diferencian o nos ponen en contra entre unos y otros. Se trata de encontrarnos, de saber que es posible cambiar y mejorar las cosas.

¿Hasta dónde se puede medir el alcance que ha tenido Escuelas para el Encuentro hasta la fecha en los diferentes países?

Escuelas tiene cuatro líneas de acción, una de ellas es la concientización y promoción de valores de la cultura del encuentro y el signo de esa línea de acción es plantar el olivo y esa celebración ya la han visto más de 100 millones de personas por lo menos en 20 países. Se ha realizado con partidos de fútbol donde los capitanes lo plantan, pero también participan líderes religiosos católicos, judíos, musulmanes y de diversas iglesias evangélicas; por otra parte está la plataforma digital que ya permite vincular escuelas e instituciones educativas en varias partes del mundo, son unos 70 países participando.

¿Cómo han respondido las instituciones con la plataforma digital?

Está la plataforma funcionando como http://www.scholasoccurrentes.org/, se hizo con aportes de Google y ya varias escuelas del mundo están compartiendo sus actividades pedagógicas para mejorar la educación y hacer una realidad la cultura para el encuentro.

¿Qué tan determinante es la participación de los gobiernos para la consolidación de estos programas del Vaticano?

Esta cultura del encuentro que promueve el papa Francisco, y que en realidad está en el corazón del pueblo, no podría concretarse sin la presencia de los gobiernos, los gobiernos son actores imprescindibles para que exista un mundo integrado en donde todos podamos tener lo necesario para desarrollar nuestros proyectos de vida; una casa donde vivir, los alimentos, la educación, la salud; eso no se logra sin la participación activa de los gobiernos.

Pero los gobiernos de Latinoamérica viven una situación singular de polarización, de populismo, de falta de desarrollo sostenido. ¿Ha podido Escuelas para el Encuentro determinar si algún Gobierno tiene un compromiso real con estos programas?

Ya se ha podido avanzar con la plantación del olivo, la promoción en el rescate de valores, la plataforma digital, pero hay un eje importante en el programa que es trabajar en el compromiso de los jóvenes en la política, la política es una actividad noble para el desarrollo de los pueblos. Esa línea de acción lo que promueve es que los jóvenes de distintas culturas y países investiguen la realidad, hablen con los políticos, hablen con los empresarios, con los profesionales y se comprometan con el cambio de sus comunidades. La juventud es la llamada a cambiar las cosas, pero tiene que entender y comprender a su comunidad e interactuar con ella, solo de esta manera será posible.

¿Es posible vincular a todos los jóvenes para que ellos se sientan comprometidos con la sociedad?

Ciertamente creemos que hay un problema de participación, afortunadamente predomina la democracia en la mayoría de países, pero no es todavía integral esa palabra de la democracia donde hay participación de todos, más bien es una democracia formal donde solo algunos controlan la política y la mayoría no participa y eso Escuelas quiere cambiarlo. La idea es trabajar con los jóvenes para que este deseo natural de encontrarnos unos con otros se pueda hacer realidad. Necesitamos una sociedad integrada pero no uniforme.

¿Qué tanta resistencia puede enfrentar el programa de Escuelas con la globalización, por ejemplo, quieren comunidades integradas, pero muchos objetos tecnológicos como el celular, el iPad, los videojuegos para muchos entendidos solo crean una sociedad o una familia más dispersa?

La idea de Escuelas es no pelearnos con esas herramientas, sino aprovecharlas para la cultura del encuentro. El deporte por ejemplo es popular, convoca; la tecnología, en cambio, nos permite conectarnos a las herramientas, a las redes sociales, siempre pensando en el concepto de integración. La idea es ir sumando elementos, por ejemplo se ha integrado además del fútbol a otros deportes como el tenis, el rugby, el polo, todas las estrellas deportivas están en las redes sociales y esto puede ser un buen punto de encuentro. Obviamente es importante sensibilizar a los jóvenes.

¿Qué tan sólido es el programa de Escuelas para el Encuentro para que trascienda tras finalizar el papado de Francisco?

La semilla del olivo está sembrada y es el pueblo el que decidirá. La idea no solo es que trascienda al papa Francisco sino que trascienda al Vaticano, se nace con este impulso pero se va apropiando y comienza a rodar como es el caso de El Salvador con la cultura de la integración. La idea es reconocer que hay diferentes culturas. El papa siempre habla de que no hay que trabajar con proselitismo, más se trabaja por atracción, yo creo esto y vivo esto y si querés podés sumarte, pero no hacer una cosa donde uno avasalla la otra cultura porque eso termina en choque. La Pontificia Academia de las Ciencias que preside el obispo Marcelo Sánchez Sorondo, por ejemplo, está integrada por científicos, académicos de todas las regiones, creyentes y no creyentes, esa es la idea de encuentro del papa.

¿Ha roto estructuras Francisco en el Vaticano?

Está sin duda saliendo a la periferia. Eso es lo que escribió el papa en su primera carta, “La alegría del Evangelio”, e insiste en que hay que salir a la periferia, él dice que prefiere una Iglesia accidentada a una Iglesia enferma por estar encerrada en la sacristía. Eso lo aplica también al Vaticano y es cierto que conlleva un riesgo porque vinculan diferentes organizaciones y proyectos, se mezclan intereses y quien se sentía seguro en su trabajo ahora se incomoda y eso cuesta, pero hacia eso va encaminado el encuentro.

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