Bruna, en nueva aventura

La escritora española Rosa Montero vuelve a su mundo del siglo XXII en la novela “El peso del corazón”, que marca el regreso de Bruna Husky. “La memoria es un cuento que nos contamos a nosotros mismos”, expresó Montero.
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“El peso del corazón” (2015)

“El peso del corazón” (2015)

“Lágrimas en la lluvia” (2011)

“Lágrimas en la lluvia” (2011)

Bruna,  en nueva aventura

Bruna, en nueva aventura

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En el siglo XXII el planeta ha quedado convertido en jirones de vida, y más allá de dioses, formas de gobierno y el destino ciclotímico, hay algo que se complica y desvela en secreto a todos: “el corazón hambriento”. Incluso a Bruna Husky, la androide detective que sabe qué hacer con sus apetencias sexuales, mientras “la necesidad sentimental la deja desconcertada, reduciéndola a una criatura menesterosa”.

Ahí está el palpitar de la novela de Rosa Montero, “El peso del corazón” (Seix Barral). Ha ido al Madrid del año 2109 para comprobar que el tiempo lo toca todo, menos el corazón. Y la forma ideal que ha hallado para indagar en eso, y en temas que la han acompañado a lo largo de sus 14 novelas, la muerte, la memoria o la identidad, ha sido a través de un thriller de ciencia ficción. Un mundo que no es “ni distópico, ni utópico, sino reflejo del actual. Es mi novela más política y realista”.

La creación de ese mundo futurista es el mejor regalo literario que Montero se ha dado. Lo empezó a levantar en 2009, hasta que lo hizo libro dos años después en “Lágrimas en la lluvia”, y luego cómic. Hoy regresa a él para seguir indagando en cuestiones existenciales a través de una criatura tecnohumana a quien ha prestado mucho de su vida. Se llama Bruna Husky, investiga crímenes y una trama de corrupción de energía, vive en Madrid, tiene recuerdos reales y sabe cuándo va a morir.

A ese mundo va, ahora, en un viaje fugaz, sentada en uno de los balcones-cabina acristalados de la biblioteca Eugenio Trías en el Parque del Retiro, de Madrid; antes de convertirse en nada y resucitar como depurador de aire en su historia.

En este trayecto hacia 2109, la escritora y periodista se lamenta del prejuicio en España sobre la ciencia ficción. Cuando, asegura, “es un arma poderosísima para contar lo que se relata siempre. Es una novela igual que todas las anteriores en cuanto a hondura y complejidad. Es uno de mis libros más íntimos”.

Las razones de esa injusticia las encuentra en que ese ha sido “un país de un realismo brutal. No ha habido tradición fantástica, y la ciencia ficción forma parte de la anchísima tradición de lo fantástico”. El segundo aspecto lo achaca a que es país inculto en el campo de la ciencia. “Incluso Unamuno decía ‘que inventen ellos’. Es una tradición de resistencia a la ciencia brutal”.

Al sobrevolar su planeta Tierra, Montero recuerda que allí ha puesto varias formas de gobierno, lo que la lleva a decir que ahora ve “una ansiedad, una nostalgia, por los autoritarismos en todo el mundo. El sistema democrático vive una crisis tremenda. Pero sigue siendo el mejor y único posible. Aunque la respuesta de la gente es buscar lo fácil y simplificador”.

Ella desciende hasta mostrar a sus seres en su preocupación perpetua: la finitud: “Lo que no nos cabe en la cabeza es la idea de la muerte, de la desaparición, de que no exista nada. La mayoría vive sin pensar que van a morir, yo no”.

“Los novelistas somos más conscientes del paso del tiempo, estamos obsesionados con la idea de la muerte y escribimos contra eso. Pero la gran mayoría de humanos viven como si fueran eternos. Es un mecanismo de defensa seguramente”, agrega la escritora madrileña.

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