Bulear y buleador

Ni el verbo bulear ni su nombre derivado buleador aparecen aún en ningún diccionario, pero quizá pronto lo hagan… El periódico Milenio, de México, del 4 de julio de 2013, titula: “Los mataron por bulear al hijo de un narco” y la radio Capital, de Perú, en un programa del 25 de septiembre de 2015, pregunta: “¿Qué hago si mi hijo es el buleador?”. El Economista, de México, en una columna del 25 de mayo de 2014, va más allá y construye: “Bulear y ser buleado”. Parece, entonces, que tanto la forma verbal como el sustantivo están pidiendo su carta de naturaleza en la lengua española.
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No figuran aún bulear ni buleador, es verdad; pero, curiosamente, se les ha adelantado “bullying”, que recoge el diccionario Clave (2014) y que define como “acoso escolar”, aunque advierte: “Por ser un extranjerismo debe escribirse con cursiva u otra diferenciación gráfica”. Incluso encontramos el Diccionario Paidós de “bullying” y “ciberbullying”, de María Antonia Osés, profesora de Terminología y Lexicografía de la Universidad de Buenos Aires, publicado en febrero de este año, en el que regulariza desde su título el uso de ambos términos.

Al parecer, también estos vocablos ingleses ya han sido aceptados por la prensa, pues “Murió un adolescente de 12 años, víctima de bullying en Tamaulipas” (así, sin cursivas ni comillas) titula una noticia de Univisión, en Estados Unidos, del 20 de mayo de 2014, y lo mismo hace El Tiempo, de Colombia, cuando afirma que “se está revisando si algunos de los casos [de suicidios de menores] tienen que ver con el ‘bullying’” (aunque aquí sí se emplean comillas simples).
 

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