Chance

El término chance, en sus acepciones de “oportunidad” o “probabilidad” (según el diccionario Larousse), es un calco del francés chance, que regularmente usamos en frases como “dar una oportunidad a alguien” (Ella le dio a Roberto el chance de llegar tarde al trabajo) o “tener probabilidades de hacer algo” (Ana no tiene el menor chance de terminar a tiempo). Su significado es claro para cualquier hispanohablante, pero hay un problema con su género.
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En su Diccionario de salvadoreñismos (2003), Matías Romero lo recoge como nombre masculino (m.), con dos usos: “1) Oportunidad, lugar. ‘Dame chance’: Déjame pasar, dame lugar. 2) Empleo, trabajo”. Para el segundo caso, no pone ejemplo, pero nos podemos imaginar uno: Hace meses que busca un chance, aunque sea de motorista, pero no le sale. Asimismo, el Diccionario de americanismos (2010), de la Asociación de Academias de la Lengua Española, en las dos acepciones citadas, “Oportunidad de conseguir algo, posibilidad, probabilidad” (utilizada en muchos países de América Latina) y “Empleo, trabajo” (vigente solo en Guatemala y El Salvador), lo registra también como nombre masculino (m.). Sin embargo, el Diccionario de la lengua española (2014), de la Real Academia Española, en su único significado, “Oportunidad o posibilidad de conseguir algo. No tiene chance para ese cargo”, lo cita como nombre masculino o femenino (m. o f.).

¿Qué ha ocurrido? Pues parece ser que chance como nombre femenino ya no nos viene del francés, sino del inglés. Por ello es común oír a algún comentarista deportivo de televisión una frase como “El delantero acaba de perder la chance de empatar el partido”.

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