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Del sufrimiento al éxito

James Blake es uno de los músicos más influyentes de su generación. Su electrónica soul ha cautivado a estrellas como Beyoncé, Madonna y Kanye West. De hecho, la “reina del pop” “envidia” su música.
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James Blake fue un niño al que le gustaba tocar el piano a oscuras. Fue un joven atormentado que componía, solo entre las cuatro paredes de su habitación, piezas de orfebrería electrónica endemoniada y experimental. Fue un artista que con 22 años deslumbró al mundo con sus sonidos de vanguardia y su melancolía de crooner digital, surcando nuevos territorios en la música electrónica del nuevo siglo.

La estampa de ese James Blake obsesivo y encerrado en su mundo se antoja, ahora, puro pasado. A sus 27 años, se ha despojado del caparazón. Ha descubierto el valor de la improvisación, la camaradería de las colaboraciones. Adiós a la cueva, adiós a la ansiedad, adiós al tormento.

Sus canciones, empero, aún no reflejan esta travesía.

“Las crisis a menudo son el fruto de no haber hecho frente a los problemas. Y yo he acumulado muchos años sin examinarme a mí mismo. No todo el mundo hace este ejercicio porque puede ser muy doloroso”, expresó en una entrevista.

James habla con voz grave, en las antípodas de ese registro agudo y delicado en el que desliza sus melodías. De él siempre se ha dicho que es un tipo complicado, como su música, tan inspirada como de difícil acceso. Propone al que se sienta a escucharlo el tipo de desafío que debería proponer cualquiera que pretenda hacer algo mínimamente relevante.

Respeto ganado

Las colaboraciones musicales se han abierto paso en su disco, y en su vida han aparecido nuevos e insospechados personajes. Hace dos años y medio que Kanye West declaró que ese chico británico que hacía esas canciones raras y melancólicas era su artista favorito.

De hecho, una vez que estaba con West, Madonna le llamó al rapero por teléfono. Quería hablar con Blake. Le dijo que hacía el tipo de música que a ella le da envidia. “Es una de esas cosas que te pasan en la vida en las que te dices a ti mismo: ‘¿Realmente me ha ocurrido esto?’”, se preguntó Blake. Pues sí. Ocurrió.

Su encuentro con Beyoncé fue, como él dice, surrealista. Blake estaba en un estudio en Los Ángeles tocando el piano, improvisando sobre unas melodías que ella le había pasado para una colaboración. De pronto oyó que ella llegaba. “¿Es él el que toca?”, le oyó decir. “Voy a entrar”. Beyoncé empujó la puerta del estudio y Blake no supo qué hacer. “Debería quitarme los cascos, debería parar de tocar y decirle hola”, pensó. “Y entonces ella llega y te desarma. Es tan amable y educada que te hace sentir a gusto enseguida”. De la diosa del rhythm and blues dice que es una gran compositora. Además de una gran cantante.

La experiencia fue fructífera. Blake cofirmó dos temas –“Forward” y “Pray You Catch Me”– en el último disco de Beyoncé, “Lemonade”, publicado a finales de abril.

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