Get Back: Peter Jackson logra una versión más equilibrada de la ruptura de los Beatles

Estrenada en la plataforma de Disney, el 25 de noviembre pasado, la producción de tres capítulos reconstruye con detalle y casi sin ningún filtro el alucinante periplo de solo 22 días en el que The Beatles crea prácticamente de la nada casi todo el Let it Be y buena parte del Abbey Road. 

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El final de 1968 encontraría a The Beatles como una banda desgastada por el peso de haber habitado tanto tiempo juntos en el pináculo de la fama. Apenas unos meses antes, el cuarteto había lanzado su Álbum Blanco, un disco doble que si bien representaba un giro más convencional con respecto al estilo conceptual y el despliegue sinfónico y de experimentaciones que había supuesto el Sgt. Pepper's, había implicado de igual forma un prolongado y desgastante proceso de grabación con una infinita repetición de tomas.

McCartney, que desde hacía un tiempo había tratado de asumir la dirección creativa del grupo, propuso entonces para el siguiente disco la idea de volver a los orígenes: tocar de nuevo como una banda en vivo, prescindiendo de los excesos sonoros y de las producciones virtuosistas de sus trabajos anteriores para recuperar el espíritu abandonado a finales de 1966, cuando habían acordado dejar las giras y recluirse en los estudios.

Aparte de un nuevo álbum, la idea de ese regreso a las fuentes primigenias se materializaría a través de un concierto, así como de un programa de televisión que retrataría la cotidianidad del grupo al momento de los ensayos y de la composición.

Para cumplir con esos objetivos, tan temprano como el segundo día de 1969, los cuatro Beatles se instalaron en un hangar de filmación de los estudios Twickenham, en Londres, donde dos cámaras se dedicarían a registrar las largas sesiones de gestación musical.

Aquel proyecto visual, encomendado al director Michael Lindsay-Hogg, buscaría retratar el referido proceso por medio de la técnica "fly on the wall", que aspira a la invisibilidad de la cámara en un intento de que los protagonistas puedan mostrarse con la mayor naturalidad posible. Un recurso que aunque ya había sido empleado por entonces en algunas producciones anteriores, no encontraría su verdadero apogeo sino hasta casi tres décadas después con la irrupción de la telerrealidad.

Sin embargo, la presencia constante del equipo de filmación solo terminaría por tensar las relaciones de unos miembros que ya desde las grabaciones del LP anterior habían mostrado sus diferencias sobre la dirección que debía tomar la banda o, en algunos casos, sus recelos con respecto a la valoración que los demás daban a sus aportes.

Las fracturas desarrolladas a lo largo de aquellas sesiones volverían no solo imposible un acuerdo sobre el lugar más idóneo para realizar el concierto planificado, sino que precipitarían en definitiva la disolución de la banda. En el camino, todo el material recabado por Lindsay-Hogg, concebido originalmente para la televisión, acabaría transformado y condensado en un documental de cine de apenas  80 minutos, bautizado como Let it be, que sería proyectado por primera vez en mayo de 1970.

Basándose en las declaraciones posteriores de los Beatles, influidos sin duda por la animosidad de una ruptura aún reciente, la historia quiso que la imagen que perviviera de aquel proyecto visual, así como del álbum, que se publicaría al final bajo el mismo nombre, fuera el de una fase insufrible, impregnada de un ambiente enrarecido, en donde abundaron las disputas.

El mismo documental de 1970, que retoma en su desarrollo algunos de aquellos roces, abonaría a esa idea.

Y sí, el proceso estuvo lejos de ser de ensueño, pero tampoco fue el infierno que se ha pretendido hasta ahora.

El responsable de mostrar hoy, más de 50 años después, los matices que existieron en aquellas jornadas  ha sido el director Peter Jackson, quien mientras trabajaba en otro proyecto sobre los Fab Four pudo acceder a todo el material en crudo de Lindsay-Hogg: 60 horas de filmación y más de 150 horas de audio que una vez en su poder editó y restauró a lo largo de cuatro años para producir una docuserie de casi ocho horas de duración llamada Get Back.

Estrenada en la plataforma de Disney, el 25 de noviembre pasado, la producción de tres capítulos reconstruye con detalle y casi sin ningún filtro el alucinante periplo de solo 22 días en el que un grupo de cuatro jóvenes que por entonces no llegaban ni a los 30 años crea prácticamente de la nada casi todo el Let it Be y buena parte del Abbey Road, dejando además en medio de aquel trayecto la icónica presentación en la azotea del número 3 de Saville Row. 

Una joya en términos visuales y sonoros, gracias a las técnicas de restauración que Jackson ya había empleado en su documental Ellos no envejecerán, Get Back puede parecer en un primer momento solo una versión extendida y de lujo —y acaso innecesaria, por qué no decirlo— de la producción de 1970.

Muchas de las escenas de esta se repiten en el primer capítulo y salvo algunos pasajes muy significativos, como el momento en que McCartney improvisa con un "riff" y termina asomando de forma embrionaria el sencillo que daría nombre a la película o el instante en que Harrison, molesto, anuncia que se va de la banda y abandona el estudio, —escena que los músicos en su momento no dejaron a Lindsay-Hogg mostrar— uno puede tener la impresión de asistir a una reedición de lo mismo con algunos extras.

La obra, sin embargo, toma un mejor cariz en el segundo episodio, que arranca con una potente conversación que Lennon y McCartney sostuvieron en una cafetería de los estudios Twickenham, con la intención de ponerse al abrigo de las cámaras, y que los realizadores grabaron en secreto.

Es quizás a partir de esa discusión en la que vuelan reproches de uno y otro lado y en el que las dos cabezas creativas del grupo abordan el reto que implica la partida de Harrison, que el documental de Jackson se aleja de Let it Be y adquiere una riqueza de texturas que, bien fuera por lo accidentado de su producción o por la presión de los músicos en su momento, el documental original no pudo alcanzar.

Las fricciones continúan ahí, claro, saltando de tanto en tanto, pero a diferencia de lo que ocurre en la archiconocida versión, dada por única hasta ahora, no son más la nota dominante. La serie del realizador neozelandés permite al espectador sumergirse en el proceso creativo de un conjunto que, a pesar de estar en vías de su propia disolución, se encuentra lejos de convivir en una atmósfera sombría o de permanente tensión.

Acompañados de la contagiosa personalidad de Billy Preston, un músico de soul que a instancias de Lennon se uniría a los ensayos para tocar los teclados, las sesiones retratadas en Get Back muestran a unos integrantes que igual bailan y ríen al ritmo de Miss Ann o de Blue Suede Shoes que ejecutan versiones tontas de Two of Us o de Something.

Unos miembros que, a pesar de sus ya marcadas diferencias, continúan colaborando e intercambiando ideas, ensamblando letras y melodías, dejándose abrazar en fin por el inconmensurable placer de crear música.

Es posible que Get Back resulte mucho más atractiva para fanáticos o melómanos que para un público más amplio. Sin embargo, su aporte a la reconstrucción de parte de los últimos días de una de las bandas más trascendentales del siglo XX es innegable.

Guión 8 | Reparto 9 | Dirección 10 | Calificación final 9

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  • Peter Jackson
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