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Irina Shayk: belleza con carácter

La modelo rusa Irina Shayk describió su belleza como algo que está en el interior. En una entrevista a El País aseguró que ella no se ve como los demás. “Los míos valoran mi carácter, mi carisma: ahí está la belleza”, expresó.
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Irina Shayk, nacida como Valérievna Shaijlislámova, es considerada una de las criaturas más bellas del planeta. Por eso, a donde quiera que vaya, causa revuelo.

“Si me concediesen un deseo”, dijo una periodista veterana, con muchos años en el oficio y conocida por rigor y su inteligencia, “no sería la paz en el mundo ni babosadas de esas, sino convertirme en Irina”.

La frase ilustra el grado de perturbación que produce la rusa. Hay bellezas, como la de Paul Newman, que se admiran en silencio, y otras como la de Irina Shayk, que llevan a actos de locura.

Ella, aseguró, no es consciente. “Desde luego no me veo así. Y la gente que me conoce y me rodea tampoco lo hace. Los míos valoran mi carácter, mi carisma: ahí está la belleza”, dijo. Y añadió: “Mira, un amigo me dijo que aunque fuera fea sería mi amigo”.

Irina Shayk lo tenía todo para ser una celebridad: se reían de ella en clase por su tez oscura, heredada de su padre tártaro, y fue sin ninguna gana a acompañar a su hermana a una agencia de modelaje.  A las agencias y a los castings hay que ir siempre a acompañar a alguien: no hay ninguna lección más grande en la vida.

La top vivía en Yemanzhelinsk, un pueblo pequeño fundado por cosacos en el que solo había carbón. “Yo me crié entre mujeres, mujeres fuertes: mi abuela, que luchó en la II Guerra Mundial; mi madre, una profesora de música que se quedó viuda muy pronto; y mi hermana. Éramos una familia de mujeres y a ninguna se nos doblegaba. Eso me ha ayudado”.

En aquella adolescencia, cuando falleció su padre, recuerda a su madre pluriempleándose y a ella y su hermana pintando en un hospital y ayudando en el huerto familiar (Irina tiene una adicción: los tomates; los mete hasta en las maletas).

¿En qué le ha ayudado esa fuerza? “Con los periodistas”, dijo entre risas. “Deben saber que si insisten con preguntas sobre mi vida privada, yo soy rusa”. Lo curioso es que ella quiso ser escritora y periodista. “Hacen un trabajo importante”.

Nunca pensó en ser famosa: toda la ambición que tenía era trabajar para ayudar en casa. “Desde luego, tuve suerte”.

Escribía de niña historias imaginarias y cuentos. Recuerda lo divertido que era llegar a casa y poner al día sus diarios. Y habla de su amor por Dostoievski. “Conecta” con él. Sus personajes le enseñan que la empatía también es libre hacia los criminales más angustiados.

La rusa es una portentosa construcción desde abajo que se ha volatizado en una gran marca.

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