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Keith Richards: "He aprendido a ser abuelo"

Keith Richards, que reedita su primer álbum en solitario, repasa su vida y la carrera de los Rolling Stones en un extracto de una entrevista con El País en la que aseguró: "Ya no desayuno con heroína ni con alcohol. Eso ya terminó".

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"Entonces, no tenía nada que hacer", confesó con una risotada al otro lado del teléfono Keith Richards (1943). El guitarrista de los Rolling Stones charla sobre "Talk is Cheap" (BMG, 2019), que se reedita el 29 de marzo en un formato de lujo con motivo de su 30.º aniversario. Desde la "fría" y "nevada" Connecticut, comenta que los Stones se dieron "un descanso" y que él entonces tenía "unas 20 ideas en la cabeza", pero intenta pasar de puntillas por la pelea con Mick Jagger, al que llegó a llamar "el chico bailarín" por su gusto por la música disco y cuyo nuevo grupo de entonces (1988) calificó como "la banda para masturbarse de Jagger".

Solo cuando se le insiste, Richards responde sin rodeos y con más risas. "Cierto: ‘Talk is Cheap’ fue una forma de tocarle las narices a Mick. Ventilé todo lo que tenía que ventilar. Pero ya pasó".

Su risa pirata es inconfundible. Richards es tan hábil en tocar la guitarra como en contar su propia versión de los hechos. "Hey, ha pasado mucho tiempo como para recordarlo", dice cuando se trata de hacer memoria. Pero, cuando se esfuerza, ofrece la capa impoluta: "Recuerdo aquellas sesiones como algo muy divertido. Quería que, si me metía en un estudio, fuera una cosa natural. Y así fue". El guitarrista obvia los problemas que hubo en aquellas sesiones con músicos de primera línea, a los que acabó por quitar el whisky del estudio porque bebían tanto o más que él.

"Estaba expectante ante la grabación y me ayudó mucho Steve Jordan, quien reemplazó a Charlie Watts en ‘Dirty Work’. Charlie estaba manejando sus propios demonios (adicciones a la heroína y el alcohol) por aquellos días", explica.

Esos mismos demonios de Watts atendían igual de fuerte a Richards y Ron Wood y propiciaron la ruptura temporal de Jagger, que se había hecho cargo de la megaempresa de los Rolling Stones ante la desidia narcótica de Richards, el otro líder.

Sortearon el divorcio

"Talk is Cheap" llegó a verse como un punto de no retorno para los Stones, pero la crisis acabó en reconciliación sin saber con exactitud, como en los matrimonios más longevos, si triunfó otra vez el amor u otro interés tan poderoso, como el dinero o la falta de alternativas mejores.

"Tocar en los Rolling Stones es más fácil que hacerlo en otras muchas bandas. Es más fácil juntarse siempre con los mismos chicos que ir cambiando. Somos un conjunto de grandes músicos que hacemos algo más grande que se llama banda. Es una química que solo existe cuando estamos juntos. Somos los Stones", comenta Richards.

Actualmente, la relación de los Stones, que preparan gira por Estados Unidos para el verano y trabajan en otro disco de blues tras "Blue & Lonesome", publicado en 2016, parece atravesar un estado placentero. De entendimiento. El guitarrista reconoció que habló con Jagger hace dos semanas para concretar la fecha de la grabación.

También hoy, a sus 75 años, su vida parece liberada de algunos de esos antiguos demonios. Aseguró hace unos meses que había dejado de beber. Pero puntualiza: "Bueno, a ver, soy Keith Richards. Tampoco voy por ahí diciendo: ‘No bebo’. Bebo copas de vino o cervezas en comidas o cenas. Ya me pasó antes con las drogas, como con la heroína. Lo que quiero decir es que ya no desayuno con heroína o alcohol. El experimento se acabó".

"Dejé la filosofía también", dice con unas risas. "Quiero a mi familia, a mis hijos, a mis nietos... He aprendido a ser abuelo. Eso es todo. Toda mi filosofía de vida puede resumirse en que, después de todo, he aprendido a ser abuelo", completa.

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