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La Crítica | Una noche, cuatro leyendas

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¿Qué tan probable es que en una noche de 1964, en la habitación de un motel de Miami, se juntaran uno de los ministros estadounidenses más notables del islam, una súper estrella del soul, el jugador más famoso de la Liga Nacional de Fútbol Americano en ese momento y un boxeador campeón mundial de los pesos pesados? ¿Que encima fuera la misma noche en que este último había alcanzado su primer título en dicha categoría —comenzando así la rutilante carrera que lo transformaría en leyenda— y que en lugar de la previsible fiesta para celebrar el acontecimiento, gran parte de la noche transcurriera con los cuatro hombres solos encerrados en ese motel discutiendo sobre la actualidad política de Estados Unidos?

Para el espectador poco familiarizado con los detalles más menudos de la historia del movimiento por los derechos civiles en dicho país, esas son las preguntas que permanecen zumbando durante la hora y cuarenta minutos de duración de Una noche en Miami, de Regina King, nominada a los Oscar en la categoría de Mejor Guion Adaptado.

La primera impresión que uno tiene al enfrentarse a la película es que esa más que improbable reunión entre esos cuatro gigantes nunca existió, que es solo una emanación de la febril mente de un guionista, un recurso narrativo nada más para contar una historia.

Y, sin embargo, el encuentro entre aquellos hombres que además eran amigos fue real. En la noche del 25 de febrero de aquel año, Malcolm X, Sam Cooke, Jim Brown y Cassius Clay, sostuvieron una reunión en uno de los cuartos del Hampton House, ubicado en Brownsville, Miami. Las especificidades de lo que ahí se dijeron son un misterio, por lo que los diálogos son, en esencia, pura licencia narrativa. Con todo, la reunión fue un hecho histórico.

Basada en la obra de teatro homónima de Kemp Powers, Una noche en Miami imagina las discusiones que aquellas prominentes figuras negras del espectáculo, los deportes y la religión habrán sostenido en aquel cuarto acerca de los mejores medios para luchar contra el racismo y alcanzar la igualdad de derechos de los afroamericanos.

El resultado es atractivo. Aunque comprometidos con la causa, tanto la concepción de la lucha como el alcance de los métodos a utilizar distan de ser homogéneos entre los participantes, lo que provoca encendidos debates que proveen la tensión y la fuerza dramática necesarias para resolver de manera excepcional una cinta que, por sus orígenes, está más cerca del lenguaje teatral que de la espectacularidad; esto es: abundancia de planos generales, escenas largas, espacios recurrentes y número limitado de personajes en amplios segmentos de la trama.

Si acaso lo único que se le puede objetar a esa solvente realización es el retrato deformado que ofrece de Sam Cooke. En la cinta, el cantante es representado como un artista en cierto modo frívolo, atrapado en las veleidades de la fama, que busca generar un cambio en el "establishment", pero sin incomodar demasiado a sus productores y público blancos. En realidad, Cooke fue una estrella que se pronunció en numerosas ocasiones en contra de las leyes segregacionistas. Para los interesados, un retrato mucho más justo puede encontrarse en Las dos muertes de Sam Cooke, disponible en Netflix.

A pesar de eso, King logra en su debut como directora una potente representación de una noche que, a falta de información fidedigna sobre lo realmente conversado, da en efecto la impresión de haber sido un punto de inflexión en la vida de sus protagonistas.

A la mañana siguiente de aquel 25 de febrero, Cassius Clay anunciaría que abrazaba el islam y que pasaría a llamarse Cassius X (adoptando luego el definitivo Muhammad Alí); casi 10 meses más tarde, aunque la película no lo menciona, Cooke sería asesinado en Los Ángeles, en extrañas circunstancias, mientras que Malcolm X correría idéntica suerte en febrero del año siguiente. Finalmente, Jim Brown se retiraría del fútbol americano en julio de 1966 y se dedicaría al cine y al activismo.

Hechos posteriores demasiado trascendentales que invitan a imaginar que, en efecto, aquella reunión entre esas cuatro leyendas sirvió para algo más que solo para celebrar el primer título de Alí con helado de vainilla y una charla trivial.


Guion 
8

Reparto 
9

Dirección 
8

Calificación final 

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