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"Las escenas de sexo me parecen bien"

Pasó de poner copas en Madrid a ser una de las protagonistas del Festival de Cannes. La actriz, quien afirma no tener miedo a los desnudos, se ha despedido de la barra del bar y estrena tres películas este 2016.
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Dice Ingrid García-Jonsson que en 2013 “se coló” en “Hermosa juventud”, la película en la que Jaime Rosales retrataba la desesperanzada juventud de la crisis. Se programó su estreno en la sección Una cierta mirada, del Festival de Cannes de 2014, e Ingrid, quien trabajaba en Madrid poniendo copas, tuvo que pedir días libres a su jefe.

“Él no sabía ni lo que era Cannes. ‘Es un festival de cine’, le dijo. ‘¿Y tú por qué vas?’, preguntó. ‘No, es que hago películas y han seleccionado una en la que salgo’. ‘Ah, ¡qué bien! Entonces no vienes el viernes, pero sí el sábado’”, recordó riéndose. Después dijo: “Y luego llegas allí: Demi Moore paseándose por el hotel como si fuera suyo, Adèle Exarchopoulos enrollándose a mi lado con su novio en el ascensor... Y yo, tan apenada por hacerlo bien, y porque la gente no se diera cuenta de que era una impostora, que ni comí ni fui al baño en cuatro días. En Cannes, de repente, era una figura. La gente sabía quién era yo, pero yo no conocía a nadie. Venían a decirme cosas buenas y no sabía qué contestar”.

Lo contó sentada ante una cerveza en una terraza de Chueca. Ingrid acababa de terminar una sesión de fotos. Aún tenía la cara enrojecida de la última. Le hicieron ponerse boca abajo y destacaba el rojo en las mejillas. Es hija de un sevillano y una sueca, pero los genes de su madre deben ser vikingos. Para definir su físico basta una palabra: nórdica. Alta, rubia, piel blanca, ojos claros. Pero cuando hablaba se deslizaba el acento andaluz. Costaba no sentir curiosidad por esa mezcla de sangres. “Es básicamente una historia de amor. Mi madre quería entrar en la escuela de bellas artes de Estocolmo. Pero para eso antes tenía que pasar un año en otra universidad. Había estudiado español, aunque no hablaba ni papa y pensó en España. La primera universidad en la que le contestaron el teléfono y medio entendieron lo que contaba fue Sevilla”. Por lo que comentó a continuación, su determinación es herencia paterna. “Ella volvió a Estocolmo, pero mi padre estaba locamente enamorado. Vendió las figuritas de Lladró de mi abuela y su guitarra eléctrica, tocaba en un grupo de rock, Los Mu, que fueron teloneros de Barón Rojo en Ceuta, se compró un billete, fue y la trajo. Y ahí siguen. En Sevilla. Mi madre era escultora. Mi padre, profesor de dibujo y fotógrafo. Es una actual máquina en Instagram: tiene 60,000 seguidores”, agregó.

En 1991 nació Ingrid en Skelleftea, Suecia, pero cuesta obviar que creció en Sevilla. Su carácter es bastante español. Es abierta, decidida y sincera. “Creo que fue Max Aub quien dijo que uno es de donde estudia el bachillerato. Pues soy de Sevilla. Lo que pasa es que esta apariencia siempre me ha condicionado. Por mucho que yo tenga una manera de ser muy andaluza, siempre está eso ahí. Así que sevillana sí, pero tampoco”.

Con 24 años, Ingrid es una de las actrices mejor encarriladas del cine español. Estrena tres películas. “Toro”, de Kike Maíllo, con Mario Casas y Luis Tosar; “Acantilado”, dirigida por Helena Taberna, y basada en una novela de Lucía Etxebarria; y “Gernika”, de Koldo Serra. Tres cintas muy distintas, pero hechas para no pasar desapercibidas. Esto, sumado a que fue candidata al Goya a actriz revelación en 2013.  No parece temerle a nada. Hay una parte de “Hermosa juventud” que llamó mucho la atención. Torbe, director de cine para adultos, rodaba una escena en la que Ingrid y su pareja en la película, necesitados de dinero, ejercían de actores amateurs de porno. En “Acantilado” también hay sexo explícito, incluida una escena lésbica con Juana Acosta. “Las escenas de sexo me parecen bien, las hago, no me importa. Me pongo de mal humor si hace frío, porque no entiendo por qué tengo que estar pasando frío cuando todos están abrigados, pero por lo demás no tengo mucho problema. A ver, creo que el beso con Juana es un poco demasiado largo. No voy a salir a la calle desnuda a correr. Pero cuerpo tenemos todos, ¿no?”, finalizó.

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