Mi vida actual es muy plena”

Después de pasar por el infierno de las drogas y el fracaso, el actor irlandés se regenera pensando en la suerte que ha tenido. Farrell se define como un romántico poeta, pero el amor le dura lo que la lectura de un soneto.
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Fumando a solas, con el ceño fruncido y el cuello del abrigo levantado, cualquiera diría que Colin Farrell está posando, pero no. El actor, a quien vimos convertirse en gran estrella a principios de siglo para luego prácticamente desaparecer, está en un descanso de la sesión de fotos para una revista en Londres.

Farrell irrumpió en Hollywood hará unos 15 años con una experiencia mínima en el teatro y la televisión irlandesas. No le dio tiempo ni a foguearse en castings. Nada más llegar se lo rifaron los directores y las mujeres se derretían por él. Con sus ojos de cachorro y su pinta de malo atractivo, parecía salido directamente de una fantasía adolescente. Ese chico irlandés de clase media que desde su urbanización de las afueras miraba fascinado la bohemia se convirtió de la noche a la mañana en una estrella.

Leí que de niño estaba enamorado locamente de Marilyn Monroe, y le dejaba cartas y caramelos bajo la almohada...

Sí, era un niño medio sensible, medio pirado. Obviamente. Pero una cosa es ser emotivo y otra mostrar tus emociones. La interpretación es un ejercicio que me ayudó a acceder a mis sentimientos, darles rienda suelta y mostrarlos. Mi trabajo me ha ofrecido la oportunidad de familiarizarme con mi vida emocional.

¿Educa a sus hijos, James y Henry, de manera diferente a lo que le inculcaron a usted?

Conmigo pueden tener charlas que yo no pude tener con mi padre. Pero a ellos ahora esto les da un poco igual.

¿Cómo concilia un hombre trabajo y paternidad?

Es la típica pregunta que no se hace a los hombres, pero eso no quiere decir que no les afecte. Me es muy difícil estar lejos de mis hijos cuando estoy rodando. En un mundo ideal, podría elegir solo proyectos que me permitieran estar en casa con ellos, pero mi trabajo no se presta a eso. Disfruté mucho haciendo “True Detective 2” porque me quedé en mi casa de Los Ángeles durante nueve meses seguidos. Si no trabajo, estoy para lo que sea, llevarlos al colegio y cuidarlos si están enfermos. En cambio, un padre con horario de oficina llega a tiempo para leer un cuento, o ni eso.

¿Considera la superación de sus adicciones algo todavía presente en su vida?

No. Ya he hablado de ello lo suficiente. Abordé el tema durante 10 años, la culpa ha sido solo mía.

¿Qué pasó con ese personaje que se había creado?

Tuve que descubrir quién era día tras día. Hay que llenar los huecos con otra cosa. Mi vida actual es muy plena.

Cambió los excesos por el yoga...

Así es. Aunque no me creo un “yogui”. Soy un hombre que ha sido maldecido con caderas irlandesas. Hay ciertas posturas que nunca podré hacer. Aunque lo bonito del yoga es que la práctica evoluciona de manera constante, dependiendo de la etapa vital en la que te encuentres.

Dicen los medios británicos que se ha comprometido al celibato por precepto budista. ¿Nos lo creemos?

¡No! Yo también lo vi. Que conocí a unos tipos budistas y me dijeron que abandonara el sexo. Es lo más gracioso que he escuchado nunca. Y no tengo ni idea de dónde se han sacado una información tan específica. Cuando lo leí, me di pena. Pensé: “Pobre hombre. Ah, espera, ¡si soy yo!”

¿Su carrera hubiera sido distinta de haber irrumpido en la era de las redes sociales?

Si cuando empecé hubiera existido Twitter, estaríamos haciendo esta entrevista entre rejas. Hoy es más difícil hacer travesuras y hay menos libertad, pero extrañamente las redes sociales facilitan las cosas en otros sentidos.

¿Su sinceridad es entonces involuntaria?

Me cuesta no tratar cualquier entrevista como una charla. Sé que el periodista no es mi amigo, pero se me olvida que todo lo que digo va a ser publicado. Tus opiniones cambian, te siguen tomando la palabra sobre algo que dijiste hace cuatro años. Por favor, han pasado cuatro putos años, ¿puedo cambiar ya?

Nada más llegar a Hollywood, los críticos le coronaron como el mejor actor de su generación. ¿Le afectó?

Me afectó completamente la tormenta que se desató a mi alrededor. Llegué a Hollywood con 22 años y se me ofrecieron todo tipo de oportunidades. En un par de años hice lo que otros actores no logran en toda una vida. No puedo explicar cómo ni por qué. Los actores jóvenes me piden consejo y lo único que puedo responder es que hagan lo que les gusta y, si se vuelve muy doloroso, que busquen otra cosa. Es deprimente, pero qué les voy a decir, ¿que se aprendan el guion, practiquen acentos o usen crema hidratante?

¿Hubo algún momento en el que pensó abandonar la interpretación?

Hmmm, sí, después de “Miami Vice”. Estaba quemado y cansado. Me di cuenta de que me dedicaba a eso porque se me había presentado la oportunidad. Echaba de menos implicarme. Me tomé un tiempo libre y reflexioné sobre las razones por las que el Colin previo a la locura quería dedicarse a la interpretación. Llegué a la conclusión de que disfrutaba con la profesión, y que además era una buena manera de ganarse la vida.

¿Aprendió a decir que no?

He dicho que no en numerosas ocasiones. Participé en películas que no funcionaron pero que fueron dirigidas por magníficos cineastas. Dicen que tomé malas decisiones, pero cualquier actor hubiera aceptado trabajar con esos realizadores. Las cosas empezaron a cambiar cuando fui consciente de mi gusto personal. Ahora mismo no podría definirlo, pero sé lo que va conmigo.

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