Mostachín, un joven que promueve el circo social

Salvador Espinoza, conocido artísticamente como Mostachín, es un malabarista que comenzó mostrando su talento en semáforos. Hoy forma parte de Sombrilla, un proyecto con el cual fomentan valores con ayuda de su arte.
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Salvador Espinoza se interesó primero por la pintura. Aunque nació en San Salvador, se crió en Usulután. Él recuerda que fue ahí donde impartieron unos talleres de pintura.

Su interés por este arte se debía a dos razones particularmente. Una de ellas tenía que ver son su bisabuelo quien, según investigó, estuvo pintando para la época de Maximiliano Hernández. Su familia le dijo que se casó con una italiana y que le fue bien como artista. “Algunos dicen que se quitó la vida y otros que lo mataron”, explica Espinoza.

Otro de los motivos por los que decidió inscribirse en los talleres fue por la influencia de “Dragon Ball”. “Gokú y la serie te hacían querer dibujarlos”, afirma.

Sin embargo, “por cuestiones de la vida”, no pudo seguir aprendiendo a pintar. Pero la chispa quedó. Incluso cuando se puso a trabajar con su papá, quien compraba cerdos, su creatividad surgía. Espinoza recuerda que, en una ocasión, comenzó a mover unos lazos -que utilizaba en su trabajo- como si él fuera un ninja. A su padre no le gustó esto para nada.

Espinoza tuvo que socavar su imaginación. Aunque no por mucho tiempo.


Mostachín

Regresar a San Salvador representó un giro total en la vida de Espinoza, quien incluso llegó a trabajar como motorista de carga pesada. Fue en la capital que, al igual que él, nació Mostachín, el malabarista.

Todo inició cuando se encontró con un amigo suyo, artesano. “Me entregó tres palitos, dos que agarrabas y uno que tirabas. Entonces así le decía: palitos. Hoy sé que se llaman ‘devil sticks’”, dice Mostachín, quien tenía entonces 17 años.

Aunque ya pasó una década desde que se metió de lleno al arte circense, no olvida sus inicios. El primer semáforo donde mostró su talento fue en el de la calle Gabriela Mistral y Bulevard de Los Héroes. El segundo fue el del García Flamenco.

Mostachín recuerda que se sintió nervioso, principalmente por lo que dirían las personas. Su principal preocupación era si lo iba a hacer bien o mal. “El semáforo se vuelve para muchos el primer escenario que tocan. Un escenario de un minuto. Yo fui muy autocrítico con lo que hacía”, dice.

Posteriormente, Mostachín comenzó a formar parte de colectivos, a diversificar sus escenarios y a aprender otras disciplinas circenses.

En la actualidad forma parte del proyecto Sombrilla Arte y Circo Social, junto a otros seis artistas circenses. “Trabajamos la parte social con el elemento de circo. Damos talleres a jóvenes con el objetivo de inculcar valores a través de las diferentes disciplinas del circo”, afirmó.

“Venganza artística”

Uno de los momentos más duros para Mostachín fue perder a su hermano durante un tiroteo. Un policía intentaba impactar a un pandillero, pero la bala alcanzó a su hermano mientras este ayudaba a su madre en una pupusería.

Mostachín asegura que presentaciones son a la vez un tributo para su hermano, así como una “venganza artística”. Hace poco participó de “Sombrerazo” en el Teatro Poma, donde contó su historia.
 

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