Pocos se encarnaron en el otro”

El escritor y exvicepresidente de Nicaragua Sergio Ramírez da voz a la Sara bíblica en su nueva novela. A partir de ahí habla de feminismo, revoluciones y vasos comunicantes entre política y literatura. “La mayor revolución es ver el mundo como lo ve el otro”, expresó.
Enlace copiado
Pocos se encarnaron en el otro”

Pocos se encarnaron en el otro”

Enlace copiado
Tal vez sacrificó los años más fructíferos de su carrera literaria, según comenta él mismo, cuando participó en la revolución sandinista y llegó a ser vicepresidente de Nicaragua. Tal vez, pero las novelas y cuentos de Sergio Ramírez no parecen resentirse de aquel lapso de 10 años del que acabó decepcionado, abandonando la vida política en 1996. No solo por los numerosos premios literarios y distinciones que ha ido cosechando desde entonces, sino también porque su nuevo libro, “Sara” (Alfaguara), que acaba de publicarse, demuestra que sigue en plena forma.

Su anterior novela fue “La fugitiva” y ahora publica “Sara”. ¿Se ha vuelto más feminista conforme pasan los años?

Es una reivindicación histórica. Y una de mis grandes persecuciones es penetrar en los misterios del alma femenina. Por eso, me pareció tan atractivo recrear este personaje bíblico. El Antiguo Testamento apenas dedica espacio a la historia de Abraham y Sara y eso es muy atractivo para un escritor. Uno se ve obligado a leer entre líneas en el lenguaje patriarcal, cuando la mujer estaba sometida incluso a las palabras. Sara tiene prohibido hablar, solo le toca obedecer. Pero no deja de pensar y también de actuar.

En su novela, la bíblica Sara tiene un carácter fuerte y mucho sentido del humor.

Dios le prohíbe reír. El gran conflicto de la sociedad patriarcal es que la mujer ni siquiera puede reír. Pero ella lo hace, y el Mago (Dios) reacciona furioso.

La risa como transgresión...

Es la respuesta a los cánones inflexibles de la ortodoxia religiosa. Y no deja de estar vigente, no hay más que fijarse en el Califato Islámico.

¿Es el feminismo la única revolución permanente?

La mayor revolución es tratar de ver el mundo como lo ve el otro. En la política, pocos como Mandela o Luther King consiguieron encarnarse en el otro. Estas exigencias se hacen permanentemente en mundos tan conflictivos como el judío, a través de autores como Grossman o Gross. Uno puede entender el mundo desde la otra perspectiva. La gran tolerancia se da de esa manera.

¿Ha evolucionado ideológicamente? ¿Ya no es marxista?

He ganado coherencias, pero no he cambiado mis principios...

Si Augusto César Sandino pudiera ver lo que pasa en la Nicaragua sandinista de hoy, ¿qué cree que haría?

Buscar la tumba de nuevo. Porque lo que ocurre en Nicaragua es una caricatura triste y atroz del pensamiento sandinista por el que luchamos.

Dice que la política es enemiga artera de los escritores, ¿por qué?

Son antagónicas. El papel del escritor debe ser crítico; un escritor alienado solo resulta una voz burocrática. Yo viví la experiencia en el poder. Defendía la causa como relacionista público de la revolución. Y realmente no podía ser crítico con lo que estaba viviendo. Hubiera sido un contrasentido. El espacio crítico es indisoluble de la escritura y el poder no te lo permite...

Sin embargo, usted defiende que el escritor latinoamericano tiene que ser cronista de los hechos, y su literatura, “expresión de inconformidad”.

La literatura no debe ser una defensa de ideologías, de posiciones políticas. O de transmitir el optimismo del realismo socialista. Los personajes pueden pensar y discurrir de cualquier manera. Yo tengo convicciones que expreso fuera de las páginas del libro. Comparto la idea de Saramago sobre el oficio, levantar piedras. Lo que hay debajo es materia literaria.

Tags:

  • Sergio Ramírez
  • escritor
  • Sara
  • libro
  • novela
  • LPGNoticias

Lee también

Comentarios

Newsletter