Se selló el pacto con Maiden

El público salvadoreño ya es parte de la familia Iron Maiden. Durante la máxima fiesta metalera realizada en el país el pasado domingo, “la Doncella de Hierro” conquistó con su espectáculo.
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No importan las diferencias o lo consternado que esté el mundo, el cantante Bruce Dickinson pidió a los salvadoreños no olvidar que somos hermanos de sangre, durante uno de los pasajes de mayor conexión entre la banda inglesa y el público. Fue una noche en la que se borraron viejos estigmas del metal y simplemente se disfrutó de un espectáculo de primer mundo.

Con ese mensaje, Bruce Dickinson dedicó a los presentes en el Estadio Jorge “Mágico” González la canción “Blood Brothers” –del disco “Brave New World”, publicado hace 15 años– y los hizo parte de la familia Iron Maiden, en la primera visita a El Salvador. Había más de 23,000 personas en el lugar, según las estimaciones de los organizadores. “Este concierto fue una de las mejores noticias, entre tantos malos momentos que vive el país. Los ojos del mundo se pusieron en El Salvador por algo bueno”, reflexionaba César Maldonado, una de las personas seguidoras de “la Doncella de Hierro” que llegó por sus ídolos.

Se trató de un concierto inédito dentro de los espectáculos del rock local. Dickinson lo grito con orgullo: “Este es el concierto más grande que se ha realizado en El Salvador”. Los días previos, en varios programas radiales de rock se lanzó un insistente llamado al buen comportamiento del público, con la idea de que el éxito del show pueda abrir la puerta para otras bandas de fama mundial. “Se cumplió la profecía... Estamos listos para este nivel de conciertos. El mejor show de nuestra historia”, opinó Marco Aguilar, el conductor de “Rock en acción radio”, en un comentario en redes sociales en internet. La policía y cuerpos de socorro no reportaron incidentes graves.

Maiden llegó al país como parte de la gira “The Book of Souls World Tour”. A las 9:10 de la noche aparecieron sus integrantes con la escenografía de ruinas y pirámides de la cultura maya. Con conceptos inspirados en los sacrificios humanos realizados por esa civilización milenaria, el grupo inglés basó la primera parte de su presentación en temas del nuevo disco: “If Eternity Should Fail”, “Speed of Light”, “Tears of a Clown” y “The Red and the Black”. La ejecución de esas piezas no causó mayor reacción entre la audiencia, hasta que el telón del fondo del escenario cambió para mostrar a Eddie, la descarnada mascota que los acompaña desde los inicios de su carrera, con la bandera de inglaterra en plena batalla. Era la señal de una de las clásicas de la noche: “The Trooper”. A partir de ese momento la locura estalló entre los fanáticos. Steve Harris (bajo), Dave Murray (guitarra), Adrian Smith (guitarra) y Janick Gers (guitarra) corrieron como siempre hacia el frente del escenario para unirse a la descarga de energía.

Otro de los momentos más recordados de la noche ocurrió con la interpretación de “The Book of Souls”, cuando el nuevo Eddie apareció caminando en el escenario para retar a los músicos. Pero Dickinson lo hizo parte del ritual arracando el corazón de la bestia para luego lanzarlo al público como ofrenda. “The Number of the Beast”, tema ícono del heavy metal, y “Wasted Years” fueron las últimas de una velada histórica para el metal en El Salvador.

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