Solís, la terquedad de un actor

Gustavo Solís tuvo que mentir para ser actor. Fue terco. Pero valió la pena. Con 10 años de trayectoria, el año pasado su talento fue reconocido.
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Un concurso de literatura cambió la vida de Gustavo Solís. Nacido en Atiquizaya, Ahuachapán, al ganar el certamen viajó a San Salvador para recibir el premio. Ahí descubrió el teatro, como fenómeno y profesión. Solís empezó estudiando Ingeniería Civil, pero no fue hasta ese día que descubrió lo que quería ser: actor.

“Yo quería ser un profesional en esa área; hay actores empíricos que son buenos, pero yo quería estudiar”, explicó Solís, de 30 años. Entonces se enteró de un taller en Santa Ana y para poder formar parte de ese taller tuvo que mentir porque sus padres le preguntaban por qué asistía a ese taller. Su respuesta fue que su carrera le exigía una materia humanística.

En ese lugar, Solís no solo tuvo un primer acercamiento con las artes escénicas, sino que también descubrió la existencia del Centro Nacional de Artes (CENAR). Volvió a mentir. Les dijo a sus padres que en San Salvador estudiaba arquitectura, cuando en realidad ingresó en la Escuela de Arte Teatral del CENAR.

La mentira iba más allá de las palabras. Según cuenta Solís, creó un pénsum de la carrera, así como un sello como una prueba para sus padres de que en verdad iba a ser arquitecto.

“Cuando uno es terco y joven hasta miente uno”, dijo Solís, quien no se arrepintió de mantener engañados a sus padres por siete meses. Pero sabía que debía decir la verdad. Una vez que estuvo becado, les reveló que quería ser actor.

“Fue una buena mentira. Ahora tengo la compensación de esa terquedad”, dijo el artista, quien ya cuenta con 10 años de carrera.

Pero su familia no se lo puso tan fácil. Primero no solo se opusieron, sino que después decidieron ser más duros con él. Para seguir con su sueño, Solís tuvo que ponerse a trabajar, “de mesero, de lo que sea”, expresó. Eso también fue importante porque “el actor vive de almacenar experiencias”.

Aunque Solís ya había hecho teatro aficionado en Santa Ana, su primera obra fue su tesis de graduación. Se trató de un espectáculo que él cataloga de “raro y experimental” que se tituló “Y el despertar de la tierra del deseo se hizo hombre”. Una propuesta en la cual el objetivo era que el cuerpo hablara; no había textos. Él aprendió con Filander Funes el sistema Stanislavsky.

Posteriormente estrenó “Vuelo de nostalgias”, basada en “La gaviota” de Anton Chejov. Pero su gran papel es el de Clara en “Las criadas” de Jean Genet, que le valió el premio a mejor actor de 2015, en la cuarta gala de las artes.

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