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Spider-Man: ¿por qué nos identificamos tanto con el superhéroe adolescente?

“Spider-Man: de regreso a casa” ingresa a la cartelera local. Una buena ocasión para repasar las razones por las que nos resulta tan fácil compartir las angustias del joven Peter Parker.
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Spider-Man: ¿por qué nos identificamos tanto con el superhéroe adolescente?

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Cuando el Hombre Araña apareció por primera vez en 1962, los personajes adolescentes en los cómics no eran más que simples ayudantes del héroe principal. Sin embargo, el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko tomaron el camino contrario: hacer de un estudiante de secundaria, inteligente, solitario y víctima del ‘bullying’, un héroe. Sin la protección de un superhéroe mayor, ni siquiera la ayuda de su tío Ben, Spider-Man debe aprender por sí mismo a lidiar con sus superproblemas adolescentes.

“Durante mucho tiempo estuve dando vueltas con la idea de hacer una serie que violara todas las convenciones, que quebrara todas las reglas. Una serie cuya estrella fuera realmente un adolescente en lugar de hacerlo un compañero de un héroe adulto. Una serie en la que el protagonista pudiera perder tantas veces como ganar”, ha contado Stan ‘The Man’ Lee sobre la creación de su personaje.

Como apuntaba el escritor Marcelo Birmajer en un ensayo para el diario argentino “Clarín”, Spider-Man nace en un Estados Unidos ya vencedor de la II Guerra Mundial, ya agotada su euforia de posguerra y superada su oscura Guerra Fría. El héroe se dispone entonces “a dejarse cautivar por los fuegos de artificio del hippismo, la psicodelia, el kitsch y la inútil rebeldía de los jóvenes intentando encontrar diversión en un país libre y opulento”, escribe.

A Peter Parker le toca crecer en Nueva York, específicamente en Forest Hills, mesocrático barrio de Queens, criado por sus tíos tras la muerte de sus padres. En el personaje de Stan Lee, el típico desconcierto adolescente es llevado al extremo: además de sobrellevar las angustias de todo compañero de generación, preocupado por el acné, los exámenes y los primeros empleos, Peter Parker debe sobrellevar los shakesperianos conflictos que derivan de su enorme superpoder.

—Análisis del héroe—
Para José Agustín Ortiz Elías, psicólogo y director general académico de la Universidad Científica del Sur, no todos los superhéroes son adolescentes, pero llevan la marca de la adolescencia, el vértigo de los cambios y las responsabilidades. “De golpe, las hormonas toman por asalto la plácida niñez y trastocan todo: el aspecto físico, el temperamento, los lazos con la familia y los amigos, pero sin tomarse la molestia de dejarnos listos para ser adultos autónomos. Antes están esos años donde todo parece nuevo, incierto, confuso y además hay que abrirse camino hacia la identidad propia”, explica.

Como señala el psicólogo social, de pronto los adolescentes ven cómo sus manos crecen más rápido que sus brazos, igual que sus orejas o narices. “¿Cómo no van a identificarse con las transformaciones corporales de los superhéroes? Ansían resolver todos los problemas y crear un mundo ideal. ¿Cómo no verse reflejados en las contradicciones de quienes poseen grandes poderes, pero también se enfrentan a la frustrante oposición de fuerzas formidables?”, se pregunta.

Así, más que una historia de éxito absoluto, los héroes son una fábula del eterno retorno a los conflictos esenciales, como también un ejemplo de cómo atravesar el camino de las dificultades y seguir siendo fiel a sí mismos. Ortiz apunta: “Es exactamente lo que los adolescentes desean y que, paradójicamente, los ayudará a encontrar exitosamente la adultez. Por supuesto, aunque la alcancemos, siempre llevamos con nosotros algunas de esas imágenes invulnerables, donde [podemos] refugiarnos mientras buscamos respuestas fundamentales”.


—Una ayuda adulta—
Por cierto, en “Spider-Man: de regreso a casa”, el héroe interpretado por Tom Holland no pelea solo. En el filme de Jon Watts, Tony Stark (Robert Downey Jr.) juega un importante rol de mentor del joven héroe. El mismo Watts ha explicado recientemente la influencia de Iron Man para Peter: “Queríamos verlo actuando como una especie de mentor reticente para Peter, quien tiene la esperanza de ser como él algún día”, afirma.

Imaginemos entonces que Peter Parker ha visto de niño a Tony Stark diciéndole al mundo que él es Iron Man. Y luego de eso ha sufrido, como una víctima más, todas las amenazas que han podido enfrentar los Vengadores. Ahora, luego que el hombre de acero lo haya convocado para sumarlo a su grupo, este adolescente en su habitación espera por la mayor aventura de su vida, sin poder contárselo a nadie. ¡Menos a la tía May! Sin duda, un dilema de película.

 

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