Stephan Moys, danza entre pasiones

Bailarín y odontólogo. La vida de Stephan Moys transita entre dos mundos que lo emocionan por completo. Además, próximamente, cumplirá un nuevo sueño: ser coreógrafo.
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El primer escenario de Stephan Moys fue la cocina de su casa. Ahí, con apenas 12 años, bailaba salsa guiado por su madre y acompañado por su hermana.

Un día salieron a cenar a un restaurante. Abrieron la pista de baile y su madre les dijo que fueran a bailar antes de que se fueran. Los presentes formaron una rueda para verlos, sorprendidos de que los dos niños pudieran hacer cargas.

Ellos siguieron bailando y compitiendo. “Se volvió divertido”, relata el bailarín profesional, al recordar esa época en la cual los premios que ganaba eran platos de comida.

Entonces un día fue visto por Maybel Torres y Mauricio Bonilla, quienes lo invitaron a él y a su hermana a unirse a su academia. Les ofrecieron una beca y ellos asumieron el reto.

“Llegué con 14 años recién cumplidos y sí me costaba mucho porque era muy tieso”, recuerda.

Era noviembre. Un mes después una señora se le acercó para ofrecerle un papel: era Alcira Alonso, directora de la Fundación Ballet de El Salvador.

Fue ahí que Moys pasó del Ballet de Mauricio Bonilla, en el que estuvo un mes, a la fundación. Nervioso e impresionado, su primera experiencia no fue tan grata: un día quebró un espejo al golpear el objeto con su compañera de baile.

Luego, en una presentación de “El cascanueces”, no se veía bien con mallas, así que le pusieron un short. Como no podía correr ni caminar, simplemente le dijeron que se sentara y sonriera.

A pesar de todo, poco a poco se fue apasionando por la danza. Con el tiempo, el ballet lo fue disciplinando. Obtuvo algunas becas y se fue profesionalizando cada vez más.

Un día sus padres le preguntaron qué quería, si estudiar o bailar. Él dijo bailar. Sin embargo, no le hicieron caso.

Así que Moys apuntó a la odontología, sin descuidar el ballet. “Me apasiona mi carrera como la danza. A mí me da la misma emoción hacer cuatro o cinco piruetas que un relleno. Amo las dos”, asegura.

Pronto, Moys dará un paso más cuando se estrene, a finales de julio, como coreógrafo con “Serenata” de Tchaikovsky y coreografía de Balanchine, adaptada por él.

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