Agobiados por la pobreza, buscan refugio debajo de los puentes

 Ante la pérdida de sus hogares por la marcada crisis económica en Venezuela, el país con las mayores reservas petroleras, numerosas familias instalan su hogar en las calles.

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Agencia/LA PRENSA  Choque de poderes.   La crisis venezolana se ha agudizado mientras la Asamblea Nacional continúa resistiendo ante el Gobierno.

Agencia/LA PRENSA Choque de poderes. La crisis venezolana se ha agudizado mientras la Asamblea Nacional continúa resistiendo ante el Gobierno.

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La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también porque familias completas han tomado los puentes como lugares de abrigo. Algunos de esos sitios ya habían sido habitados por antiguos residentes.

En un recorrido por Caracas, Efe pudo constatar que debajo de un puente del este de la ciudad pasan su día a día cerca de 30 personas, casi todas pertenecientes a una misma familia, y desde ahí se movilizan a los semáforos cercanos a pedir comida o lo que los conductores tengan a bien regalarles.

Fotografía del 22 de diciembre de 2017 de Mónica (i) maquillándose en su casa debajo de un puente en la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ.

“Estamos aquí porque tenemos cuatro años en un refugio al que nos llevaron cuando una lluvia se llevó la casa, no nos dan trabajo, ni una vivienda”.  
Andy,  padre de tres hijos menores de cuatro años  

 “Estamos aquí porque tenemos cuatro años en un refugio al que nos llevaron cuando una lluvia se llevó la casa. No nos dan trabajo, ni una vivienda y ahora ni siquiera comida”, contó a Efe Andy, de 32 años, padre de tres hijos menores de cuatro años. Él, junto a su pareja, de 23 años, vive bajo ese puente desde hace meses.

Fotografía del 22 de diciembre de 2017 de una área bajo un puente donde Mónica tiene su casa la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

Esta familia vive con hermanos, primos, sobrinos, vecinos y otros en su misma condición.

Andy cuenta que la policía lo ha amenazado con llevarlo preso y que agentes del programa social que aborda la indigencia, llamado Negra Hipólita, también han pasado y hace pocos días se llevaron a una niña de 12 años contra la voluntad de ella y la de su madre.

Eduardo en su casa debajo de un puente, en la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

 “Nos dicen que tenemos que irnos de aquí, que por aquí pasan ministros y que no nos quieren ver”, dice Andy, y se queja de que los funcionarios prefieran dejar de verlos antes que ayudarlos.

 “Yo no quiero que me regalen nada, yo sé trabajar, soy albañil, electricista, comerciante”, asegura, al tiempo que su pareja, quien prefirió no identificarse, explica que ella ha trabajado “como ayudante de cocina y como fabricante de zapatos”.

A menos de 1 kilómetro, al lado del puente de Los Ruices, en una zona que debería ser verde pero que ahora sirve como vertedero de basura, están los autodenominados “recicladores”. Estas personas decidieron ir a vivir “por la zona” desde 2011, aunque para entonces no eran tantos.

Son cuatro los que se encuentran al momento de la visita de Efe, pero aseguran que el grupo está conformado “por unos 40”, sin contar a su cachorro, un perrito llamado Masacre.

Pellejos de pollo que cocina Edgar en su casa debajo de un puente, en la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

“No conseguía trabajo y los alquileres son muy caros, por eso vivo acá, pero espero comprar un terreno”. 
Eduardo, quien vive bajo un puente

Los cuatro entrevistados por la agencia provienen del poblado Valles del Tuy, en el estado Miranda (centro norte), a 40 kilómetros de Caracas, donde aseguran que no hay trabajo. El de menos edad en el grupo, Jesús Mirabal, de 17 años, dice que el “jefe” de la zona, un delincuente que recientemente fue abatido por la policía, le había prohibido regresar al lugar.

Con 17 años ya tiene un hijo. Dice que, por eso, tiene que trabajar en un sitio como este, que le aporta 400,000 bolívares por semana ($120 al cambio oficial). Esto es mucho más que el salario mínimo mensual que acaba de ser aumentado por el gobierno de Nicolás Maduro a 177,507 bolívares (que son $53 al cambio oficial).

Jesús sentado cerca de desperdicios reciclados sobre un puente en la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

Los recicladores clasifican la basura que sale de las fábricas y residencias cercanas, cada uno es “dueño” de cierta cantidad de bolsas de desperdicios y, cuando llega el camión que se las llevará a su destino final, paga a estos trabajadores informales 1 millón de bolívares (alrededor de $300 al cambio oficial) por cada tonelada.

Además, estos hombres –no mayores de 25 años– pasan días y noches enteras en ese improvisado vertedero anhelando encontrar algún tesoro, lo que, aseguran, sucede con frecuencia. El reciclador Gilberto Ruiz dice que “siempre” consiguen “dólares, oro, cadenas, anillos”, sobre todo en las bolsas de basura que provienen de las “residencias”.

Katerin (i) y Eduardo acomodando objetos en su casa debajo de un puente en la ciudad de Caracas (Venezuela). La severa crisis económica y social de Venezuela ha modificado los paisajes de la capital, no solo por la existencia de ciudadanos que buscan comida en la basura, sino también por la presencia de personas que han tomado los puentes como lugares de abrigo, algunos ya habitados por antiguos residentes. EFE/MIGUEL GUTIÉRREZ

Siguiendo la ruta hacia el oeste, en la urbanización llamada El Paraíso está el albañil Eduardo, de 50 años, quien también está viviendo bajo un puente.

“No conseguía trabajo y los alquileres son muy caros. Por eso vivo acá, pero espero comprar un terreno para irme. Sé que este lugar no es seguro, pero es lo que hay por ahora”, contó Eduardo.

Aún conserva sus herramientas y quiere conseguir un trabajo.

Entretanto, en otro puente ubicado en el centro de la ciudad vive Mónica Ceballos, transexual de 30 años que tiene VIH y se identifica como “seguidora del gobierno” de Maduro, pese a que lo critica porque las ayudas que recibe no le permiten una mejor calidad de vida. 

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