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Ángela Ponce, la niña transgénero que soñó con ser una reina y hacer soñar a otras personas

La Miss España 2018 representó a su país en Miss Universo y alzó la bandera por el respeto a la diversidad sexual

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Ángela Ponce, la niña transgénero que soñó con ser una reina y hacer soñar a otras personas

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 Cuando era una niña, Ángela Ponce soñaba con ser una mujer destacable, algo que inspirara a otras personas, aunque no tenía claro cómo lo haría. Su propia evolución como mujer transgénero la encaminaría hacia ese reinado, física, emocional e intelectualmente.

“Yo siempre soñaba con ser mujer, como nací, con ser una mujer como yo me visualizaba y con ser una mujer destacable, no me refiero al físico… que mi vida pudiera servir a alguien”, confió en entrevista en el Hotel Andaz en Nueva York, en el corazón de Wall Street.

Ángela no lo dice, pero cuando mira hacia esa niña y la compara con la mujer que es actualmente, la emoción origina destellos en sus ojos y emite una sonrisa como si quisiera alcanzar los lóbulos. Ha logrado aquel sueño.

“Es un orgullo haber representadlo a mi país, haber abierto tantas puertas… con un techo de cristal que sentía, haber podido motivar e informar… haber podido ser voz a través de mi sueño”, expresó moviendo las manos, como intentar allegarse las palabras para expresar la montaña de emociones. “Simplemente estar, para muchas personas como yo, ver que pueden cumplir sus sueños, pueden llegar a donde se propongan”.

Ella nació en Sevilla, España, en 1991. Cuando tuvo consciencia de su ser, no tuvo la menor duda de que era mujer. Sus padres no limitaron la visión que tenía de sí misma, pero pusieron especial atención cuando ella se acercó a su madre y le dijo: “Como sabes, yo soy una chica”. Era el momento de que ella se transformara, pero no fue fácil. Recuerda que la llevaron a un lugar llamado UTIL, donde trataban el “trastorno de identidad genérica”. Ella no estaba trastornada. “Siempre se me vio en el caminar, en el sonreír, mis padres me dejaron desarrollar, mi madre no se sorprendió”, cuenta, aunque debían buscar especialistas que concretaran su transformación física.

“Crecí siendo una chica, pero no podía ponerle nombre (a quién era). Con el tiempo fui investigando”, explica Ángela, quien reconoce la discriminación al momento de referirse a personas como ella tiene varios frentes, incluso utilizar la palabra “transexual” para menospreciarlas. “Hay quienes se quieren quitar la T, de yo no soy una trans, yo soy una mujer… y al final yo me he empoderado de ello… lo que algunas personas lo utilizan para hacerte daño, yo lo he hecho voz”.

Su proceso fue sencillo. Sí, leyó bien, fue sencillo. Eso gracias a su familia, principalmente a sus padres, quienes la amaron sobre cualquier cosa. Ángela se reconoce como una mujer amada por su familia, por su hermana de 20 y su hermano de 33 años, con quienes no se reúne tanto como quisiera, sobre todo después de convertirse en una figura mundial al ser la primera mujer transgénero en competir en Miss Universo en 2018, desatando una hecatombe de críticas de miles de personas, pero alimentando los anhelos de miles más. Todo es, en gran medida, resultado del amor de su familia.

Ángela Ponce es originaria de Sevilla. / FOTO: JESÚS GARCÍA

“La familia es el pilar fundamental, el que va formando como un rascacielos a una persona… depende mucho de esa familia el que tengas o una infancia feliz o una infancia traumática”, reconoce Ángela, quien ahora también orienta a adolescentes transexuales. “En mi caso, pese a que yo nací siendo una niña trans… mi familia se encargó de que no fuera una experiencia traumática, de que fuera feliz”. Su familia la ayudó a convertirse en lo que siempre soñó.

Fue en 2015 cuando esta joven modelo ganó Miss Mundo Cádiz, pero en 2018 subió un escalón adicional, para coronarse como Miss España y obtener el derecho a representar a su país en Miss Universo ese mismo año. La competencia, sobre la que sus detractores se mofan sobre el deseo de las concursantes por “la paz mundial” fue la plataforma para que Ángela representara, sin miedo, un sueño más grande que el suyo. Estar ahí volvió más visibles que nunca a las mujeres transgénero.

“Todos los días en las mañanas pensaba: ‘Dios, estoy en Miss Universo’. Día que pasa y día que no vuelve, quiero vivirlo de verdad, disfrutarlo de verdad… al final representaba a dos banderas, a un país y a todo un colectivo que se está viendo reflejado en ti”, reconoce sobre el peso de enviar el mensaje correcto, de respeto.

No ganó la competencia, pero eso no fue obstáculo para difundir la importancia de conocer y reconocer a las mujeres transgénero como cualquier persona.

“El hecho de haber llegado a tantos lugares, a tantos países, a tantas familias, haber puesto en debate un tema del que se habla muy poco, para mí ha sido un gran orgullo, porque para mí, mi participación ha permitido que haya mucho más conocimiento en muchas zonas del mundo donde antes no se hablada de transexualidad”, expone esta mujer de más de 1.80 centímetros de alto, que dos días después de la entrevista sería reconocida con el premio ILKA, por parte de la Comisión Latina sobre Sida en la gala Cielo.

Ángela Ponce, la Dra. Herminia Palacio, Guillermo Chacón y la Miss Universo 2008, Dayana Mendoza en la gala Cielo 2019. / FOTO: GALA CIELO

Su paso en Nueva York, el cual intentó disfrutar días previos como turista con caminatas en Times Square –donde se sorprendió que turistas y locales la reconocieran era parte de sus logros, por su reinado, por hablar de respeto, mensaje que no tiene identidad de género ni orientación sexual.

“Me he enfocado a motivar a las personas. Es verdad que se me ha encasillado mucho durante todo este tiempo y lo entiendo… pero yo creo que más allá, lo que he promovido es el amor, el respeto, la tolerancia”, presume esta joven que después quiere ser actriz o conductora de televisión, pero sin dejar a un lado su labor con adolescentes transgénero. “Pienso en que no solo el colectivo al que pertenezco se puede sentir identificado conmigo, cualquier persona, porque todos nos hemos enfrentado alguna vez en la vida a complejos, a odios, al no ser aceptados, incluso en no aceptarnos. Entonces siento que mi labor ha calado mucho más allá”.

Ángela nos despide con el mismo entusiasmo con que nos dio la bienvenida, con una amplia sonrisa, la cual fue su sello distintivo en la pasarela del concurso de belleza más importante del mundo.


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