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Así se vivió el final de la guerra en un campamento guerrillero

La firma de los Acuerdos de Paz en Cartagena de Indias, Colombia, fue toda una fiesta para el pueblo sudamericano.
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Así se vivió el final de la guerra en un campamento guerrillero

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A las 5:31 de la tarde hubo un cerrado aplauso en la vereda El Diamante, en la extensa sabana del Yarí, en el Caquetá.
 
El presidente Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, máximo comandante de las Farc, se habían estrechado las manos después de firmar el fin de la guerra ante los ojos del mundo.
 
Llegaron unas 3.000 personas, entre guerrilleros, amigos y familiares de los insurgentes, muchos de zonas cercanas. Vieron en tres pantallas gigantes la firma del acuerdo que puso fin a 52 años de guerra entre el Gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc).
 
A las 5:22 hubo silencio y todos se levantaron de sus sillas para el minuto en homenaje por los ausentes.
 
Escucharon con atención, en silencio riguroso las palabras de su máximo comandante. Pero aplaudieron cuando se refirió a ‘Marulanda Vélez’, a ‘Alfonso Cano’ y a otros de sus muertos. Pero el aplauso fue más largo cuando pidió perdón a las víctimas. Y causó sorpresa el sobresalto de Rodrigo Londoño cuando un avión de combate de la Fuerza Aérea sobrevoló el cielo de Cartagena. Todos rieron y aplaudieron cuando dijo: “Bueno, vinieron a saludar la paz y no a botar bombas”.
 
Escucharon con atención el discurso de Santos y mantuvieron una actitud fría, tal vez por los efectos de la guerra misma. No hubo una explosión de alegría como se podría esperar.
 
Pero ya pasada la ceremonia, la alegría lo inundó todo. Se tomaron fotos para el recuerdo y los abrazos se dieron sin límites, en un gesto que plasmó el sueño cumplido de ponerle fin a la guerra. Estaban vestidos de blanco, unos; de colores, muchos, y de verde, muy pocos.
 
Una de las sorpresas aquí fue la presentación de un coro de más de 100 hombres y mujeres de las Farc que cantaron Himno de la alegría y Colombia, tierra querida después de terminada la ceremonia en Cartagena, que fueron coreadas por todos los asistentes. Fue conmovedor hasta las lágrimas en algunos rostros de jóvenes de carne y hueso que saben que la vida les cambiará para siempre. En una charla informal, Carlos Antonio Losada había dicho que hoy, cuando se despierte, va a creer que está soñando. “Ya uno no va a tener la posibilidad real de que una banda lo desaparezca o que se le atraviese por ahí una bala y hasta ahí llegó”.

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