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"Chile debe abordar la constituyente sin temores a populismos": Humberto de la Calle, cerebro de la Constitución de Colombia

Tras las aprobaciones de una nueva Constitución en Chile, ahora viene el proceso más complejo: su redacción. Hace casi 30 años Colombia vivió un proceso similar. Y uno de sus principales protagonistas fue Humberto de la Calle.

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Humberto de la Calle
AFP
Humberto de la Calle, uno de los cerebros de la Carta Magna de Colombia, dice que los chilenos deben tener "mente abierta" en el proceso que viene.

Quizás muchos chilenos estén preguntándose por el caso colombiano ahora que, tras la abrumadora aprobación de la Constitución, el país tendrá que elegir quién redactará y qué dirá su nueva Carta Magna.

En 1991, Colombia redactó una Constitución hoy celebrada en escuelas de derecho del mundo por su carácter inclusivo, democrático y multicultural.

La situación era distinta a la de ahora en Chile: en plena de cúspide del narcotráfico, Colombia vivía una ola de violencia, corrupción y desgobierno que llevó a millones de estudiantes a las calles a demandar un país distinto.

Chile, en cambio, está ante el agotamiento de un modelo político, económico y simbólico heredado del régimen militar de Augusto Pinochet.

Sin embargo, hay elementos que comparten ambos procesos constituyentes: una crisis institucional del sistema político, una profunda desigualdad y la existencia de diversos grupos minoritarios que no tienen cabida en el entramado estatal.

"La Constituyente en Colombia fue una explosión de pluralismo", dice Humberto de la Calle, entonces ministro de Gobierno de Colombia.

"Porque la búsqueda era un esquema más inclusivo y tolerante que reventara las estructuras políticas cerradas. Y eso, acá, por ejemplo, acabó con nada menos que el bipartidismo".

De la Calle, de 74 años, fue vicepresidente, ministro, candidato presidencial, magistrado y jefe negociador del Estado en el proceso de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), en 2016.

Pero también fue una figura clave en la constituyente del 91, no solo por su condición de jefe político del gobierno de César Gaviria, sino porque, antes que todo lo anterior, De la Calle es un estudioso del derecho.

Por eso es que universidades, políticos y periodistas chilenos lo han invitado durante el último año a hablar de su experiencia constituyente. Y ahora, tras el histórico plebiscito del domingo, habló con BBC Mundo sobre lo que puede venir para los chilenos.

Manifestante con la bandera de Chile.
Getty Images

¿Qué tipo de Constitución firmó Colombia en el 91 y por qué es objeto de tantos elogios en el extranjero?

Primero, creo que por su propósito pluralista, de un sistema político menos defectuoso, más limpio, con mayor capacidad de reacción frente a la corrupción.

Lo segundo que se celebra, creo, es el proceso de descentralización del país. La Constitución anterior era tremendamente centralista y la del 91, si bien se mantienen algunos dejos de centralismo, ha sido bastante benéfica en ese sentido, porque la aplicación del gasto en las regiones ha aumentado y muchos municipios reverdecieron.

Otra cosa que es clave de nuestra Constitución es que no forzó una implementación del modelo económico. Claro, se apostó por una economía abierta, occidental, con libre empresa y respeto a la propiedad privada.

Pero la Constitución no entró a modelar en detalle las políticas públicas en materia económica y ha permitido que cada gobierno ajuste sus ideas a un desarrollo que no exige cambios en la Constitución.

El día que se escribió la Constitución la inflación anual era del 28% y desde entonces se ha mantenido de un dígito y casi siempre por debajo de 5%.

Acá se ordenó una banca central independiente y se permitió la intervención del sector privado en la prestación de servicios públicos.

Constituyentes colombianos
AFP
La Constitución del 91 en Colombia, firmada por Cesar Gaviria (centro), incluyó la participación tripartita de los dos principales partidos políticos y el M19, una guerrilla recién desmovilizada.

Eso va a ser clave en Chile, un país con fuerte intervención del sector privado en la economía. Más aún en tiempos de pandemia, cuando la receta es aumentar el gasto público.

La pandemia puede generar en Chile una mayor presión hacia un protagonismo del Estado en la economía al que tuvimos nosotros.

Pero creo que la sabiduría no es amarrarles las manos a los gobiernos con modelos muy detallados porque eso se puede reventar con la volatilidad de los temas económicos.

Uno a veces siente que la Constitución de Colombia no habla del país en el que viven los colombianos.

Es que, claro, los elementos culturales y espirituales son los más importantes, incluso más que los temas funcionales, porque la Constitución acá ayudó a despertar de una situación de violencia y desazón que estaba sumergida en la concepción misma de nosotros como colombianos.

Y sí, yo creo que nuestra Constitución tiene más prestigio que la realidad.

Porque, por ejemplo, el acceso a justicia, con el mecanismo de la tutela, fue muy importante en materia de reconocer los derechos de los colombianos. Fueron cambios profundos, pero aún hay muchos propósitos aplazados.

Protestas en Colombia
AFP
La Séptima Papeleta se da después de uno de los años más traumáticos de la historia; incluyó el asesinato del candidato presidencial favorito para ganar en el 90, Luis Carlos Galán.

Uno de esos propósitos era precisamente la paz, que usted impulsó con el proceso con las FARC. ¿Fracasó la Constitución, en la medida en que la violencia se mantiene?

Yo creo que no, porque sin la Constitución habría sido imposible el proceso con las FARC y hoy están dados todos los mecanismos para que se haga con la otra guerrilla vigente (el Ejército de Liberación Nacional).

La Constitución abrió un panorama, y acabó con muchas de las razones por las cuales algunas personas se levantaban en armas.

Antes del 91, la manera de gobernar en Colombia, sobre todo en orden público, era a través del Estado de sitio, que le daba al presidente todas las facultades para dejar de lado al Congreso.

Y eso desapareció, casi por completo, porque solo se ha aplicado por razones de emergencia económica y social.

En Chile, parte de la ebullición del estallido hace un año fue que las protestas se controlaron a través de mecanismos heredados del régimen militar.

En Colombia, aun cuando tenemos problemas muy serios, y aun cuando tenemos un partido de gobierno con una búsqueda autoritaria, creo que se respira más democracia tras la Constitución.

Por el entramado constitucional en el que estamos acá, en las protestas del año pasado y lo que pasó la semana pasada con la Minga Indígena, hemos logrado tramitar esos conflictos con manifestaciones en paz.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.
Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

¿Qué pueden aprender los chilenos del proceso constituyente colombiano?

Hay que tener mente abierta. Cuando he hablado con sectores de la sociedad en Chile sobre esto he notado cierta prevención a una ausencia de legalidad. Eso también pasó en Colombia, porque el proceso sí da una sensación de vacío e incertidumbre legal. Y eso predispone.

Acá se logró establecer una Constituyente de 70 miembros que durante 6 meses dictó una Constitución con altísimo margen de legitimidad que aún, pese a todo, se mantiene.

Allá hay, como acá hubo, preocupación por el desbordamiento de los derechos sociales y el desbordamiento del gasto público; que puede ponerse en riesgo la regla fiscal.

Pero yo creo que Chile debe abordar la Constituyente sin temores a populismos y sin temores a que se rompan los equilibrios macroeconómicos.

Con una Constitución abierta los chilenos no necesariamente están condenados al populismo.

La Corte Constitucional en Colombia ha tomado decisiones importantísimas en materia de los derechos a la salud, por ejemplo, que no han destruido el equilibro macroeconómico y han coexistido con el Congreso y la vía de la legislación.

Sebastián Piñera habló desde La ;Moneda
Getty Images
El presidente Sebastián Piñera recalcó la importancia de lo votado este domingo.

En Colombia se escucha mucho que la Constitución no se cumple. ¿Acaso pecó de ambiciosa?

Recuerdo que una de las críticas que oí es que la Constitución le quedaba grande al país.

Pero es que yo creo que las constituciones deben ser como vestidos grandes que permitan el crecimiento de una nación sin tener que cambiar el vestido cada cierto tiempo. El hecho de que sea holgada es una ventaja.

Y eso ha ocurrido en Colombia: que el problema es que aún quedan cosas por cumplir.

Por ejemplo: acá hubo significativos avances en la lucha contra la pobreza, pero eso no significó un cambio en materia de inequidad.

Pero hoy no es necesario cambiar la Constitución para que un movimiento político acabe la inequidad.

Yo no tengo ninguna duda de que Colombia es un país más democrático hoy gracias a la Constitución, que sin ella no habríamos tenido protestas como las estas semanas ni un proceso de paz con el grupo guerrillero más poderoso.

Dos mujeres se abrazan durante las celebraciones en Chile por la victoria del Apruebo
Reuters
Será primera vez en la historia mundial que una Constitución es redactada en forma paritaria entre hombres y mujeres.

Si uno mira las protestas en Chile y en Colombia durante el último año, más que una búsqueda por un modelo concreto, lo que se pide es un cambio en la cultura política.

Totalmente. Y por eso la Constitución debe mantener un carácter abierto que permita eso.

En ambos países vemos, por ejemplo, una demanda por un medio ambiente sostenible. Y lo que piden no es solo por una cuestión económica, sino casi vital, de una búsqueda por un modo de vida y consumo distintos.

Los jóvenes no solo están pidiendo acceso a la educación, o mejores salarios, sino concepciones que rompan las fronteras conocidas de la cultura política.

En mis conversaciones con chilenos oí a muchos que pedían una constitución amarrada, con cortapisas, y creo que hay que tener menos previsión, porque la Constitución va a ser más legítima en la medida en que sea más abierta.

¿Qué permitió que en Colombia se lograra aprobar una constitución tan abierta, en contra de lo que muchos en el establecimiento pedían durante la Constituyente?

El origen del movimiento que dio con nuestra Constitución, llamado la Séptima Papeleta, era ante todo estudiantil. Eso pasa en Chile.

Y en medio del proceso electoral, los candidatos rápidamente adoptaron los llamados de ese movimiento.

El presidente Cesar Gaviria tuvo un liderazgo de promover esas causas. Hicimos métodos, foros, usamos la mejor tecnología de la época para responder las dudas de los colombianos.

El liderazgo de la clase política es muy importante, además del deseo genuino de que sea un proceso de consenso en el que todos sean tenidos en cuenta.

Vista aérea de la Plaza Italia en Santiago de Chile
EPA
La jornada se desarrolló sin grandes incidentes y en observación de las medidas de precaución por el coronavirus.

Si no se da ese proceso abierto y de reconocimiento a las demandas originales, ¿qué puede pasar?

Creo que, si Chile firma una Constitución muy cerrada, las protestas van a volver.

Hay que bajar el nivel de prevención, no tratar de amarrar la constituyente, porque en la medida en que quede mancillada, el resultado puede ser pobre y puede que no termine dándole salida democrática a la insatisfacción.

Esa insatisfacción está en la sociedad, pero no se canaliza a través de los partidos.

Y por eso es que es clave adelantarse en el tiempo: pensar más en el futuro que resolver los problemas de coyuntura para que la Constituyente se sienta genuina para quienes la promovieron.


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