Cuando nos sentimos importantes

Enlace copiado
Cuando nos sentimos importantes

Cuando nos sentimos importantes

Enlace copiado
<p>A lo largo de la vida, he ido aprendiendo que los hombres pasamos y que cada uno tiene que poner lo mejor de sí mismo. Siempre me ha acompañado una máxima: “Deja las cosas mejor de como las has encontrado”; si lo haces así, triunfarás y dejarás a tu alrededor un buen sabor de boca, la gente te recordará y, en donde estés, te acompañarán con su oración, estima, cariño y agradecimiento.</p><p></p><p>Otra cosa que he aprendido es que aquellos que quieren perpetuarse en el poder o en un lugar, con el tiempo, van perdiendo la riqueza y fortaleza con la cual comenzaron. Ya cansados son poco eficaces y, por lo general, ya están instalados en un cierto status. Son sanos los cambios, es sano decirte a ti mismo: “Siervo inútil soy, solo he hecho lo que tenía que hacer” y aceptar que es bueno un cambio y tú también darte cuenta que debes cambiar, que ya tus acciones pueden estar limitadas por círculos viciosos, egoístas y cerrados en sí mismos y que todo lo que hagas no tendrá el fruto que Dios espera. Lo importante es que llegues al cielo con las manos llenas, pues será a Dios a quien le presentarás todos los afanes de tu vida, con sus triunfos y fracasos, con sus luchas, caídas y levantadas y Él, que es sumo bien, te recompensará. </p><p>Vivir de cara a los triunfos humanos y al qué dirán de los hombres es siempre un riesgo y, al final, traerá como resultado el encontrarte con las manos vacías.</p><p>A veces, cuando te sientes importante; a veces, cuando tu ego florece; a veces, cuando das por sentado que eres el mejor del lugar; a veces, cuando sientes que tu ida dejará un vacío que no puede llenarse sigue simplemente estos consejos y observa cómo se ubica tu alma:</p><p>Toma un balde y llénalo de agua, sumerge tu mano hasta la muñeca, sácala, el hueco que queda es la medida de cuánto serás extrañado.</p><p>Podrás salpicar con gozo cuando entres, podrás remover el agua con abundancia; pero deja de moverte y en un minuto observarás que su aspecto es quieto como antes.</p><p>La moraleja de este sencillo ejemplo es simplemente hacer todo lo mejor que puedas y sentirte orgulloso de ti mismo. Si tu trabajo lo has ofrecido a Dios, lo has hecho con rectitud de intención y has buscado hacer el bien no te sientas triste ni derrotado. Recuerda que no hay ningún hombre indispensable. Dios no despide a nadie, excepto a los que están llenos de ellos mismos. Como decía San Pedro en 1 Pedro 5:5: “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”. </p><p>(Legionofchrist.com; Regnumchristi.com).</p><p></p>

Tags:

  • internacionales
  • mundo

Lee también

Comentarios

Newsletter