Desde hoy comenzará sede vacante

Un minuto después de que se haga efectiva este día la renuncia del papa Benedicto XVI, comenzará el sistema diseñado para que los cardenales, previsiblemente 116, empiecen las deliberaciones para elegir al sucesor de la silla de Pedro.
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Templo.  Vista nocturna de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el martes pasado. La Santa Sede se prepara para la elección del futuro pontífice.

Templo. Vista nocturna de la Basílica de San Pedro, en el Vaticano, el martes pasado. La Santa Sede se prepara para la elección del futuro pontífice.

Reunión.  El cardenal italiano Gianfranco Ravasi (L) participa junto con otros purpurados en el último día de ejercicios espirituales.

Reunión. El cardenal italiano Gianfranco Ravasi (L) participa junto con otros purpurados en el último día de ejercicios espirituales.

Último Ángelus.  El secretario del papa, Georg Gaenswein, retira el símbolo papal luego de la ceremonia del Ángelus, el domingo pasado en el Vaticano.

Último Ángelus. El secretario del papa, Georg Gaenswein, retira el símbolo papal luego de la ceremonia del Ángelus, el domingo pasado en el Vaticano.

Desde hoy comenzará sede vacante

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Cuando el papa muere o renuncia, la Iglesia católica queda acéfala. En el llamado régimen de sede vacante toma el timón el Colegio Cardenalicio, pero sus poderes se limitan a tramitar los asuntos pendientes y organizar el cónclave encargado de elegir al sucesor. Otras funciones le están vedadas expresamente.

En su carta apostólica “Universis Dominici Gregis” (1996), el fallecido Juan Pablo II actualizó las disposiciones vaticanas que regulan el interregno y el procedimiento de elección papal, fijando hasta los menores detalles.

Inmediatamente después de la muerte o la renuncia, se precinta el despacho del papa y se sellan sus aposentos privados. Los cardenales prefectos y el cardenal secretario de Estado renuncian a sus cargos.

Para elegir al nuevo sucesor de San Pedro deberán congregarse en Roma los cardenales del mundo entero menores de 80 años. El cónclave, asamblea de cardenales herméticamente cerrada (con clave: con llave), tiene lugar en la Capilla Sixtina.

Los pactos electorales están prohibidos y los purpurados, que se alojan en la Casa Santa Martha, una nueva mansión de huéspedes vaticana modernamente acondicionada en el interior del Vaticano, tienen que jurar secreto absoluto sobre las deliberaciones.

En principio, cualquier sacerdote puede ser elegido papa, pero desde hace siglos los cardenales eligen siempre a uno de los suyos. Además, la elección no podrá tener lugar por aclamación, por disposición expresa de Juan Pablo II en la carta apostólica.

Según las reglas hasta ahora, el cónclave debía convocarse no antes de 15 días y no después de 20 días desde el fallecimiento del papa.

Pero Benedicto XVI decidió el lunes modificarlas y establecer que sean los cardenales quienes decidan el plazo para que dé comienzo la reunión, una vez que estén todos presentes en Roma. Por ello, previsiblemente la fecha se adelantará en esta ocasión varios días.

Seguridad

Para preservar al máximo el sigilo de las deliberaciones, antes del cónclave la Capilla Sixtina será rastreada centímetro a centímetro por los especialistas para detectar posibles micrófonos o “espías electrónicos” ocultos.

Mientras dure la reunión, los cardenales asistentes tienen prohibido leer periódicos y ver la televisión. Tampoco podrán escribir ni recibir cartas ni hablar por teléfono (o tuitear).

Para la elección no hay candidatos previos. Nada más comenzar el cónclave cada cardenal escribe en una papeleta, a ser posible desfigurando la letra, el nombre de su favorito. Mediante este procedimiento, en el curso de las sucesivas votaciones van configurándose las mayorías.

Después de cada dos votaciones, las papeletas de voto se queman. El papel se mezcla con pez, una sustancia que al arder despide un intenso humo negro. Cuando los habitantes de Roma ven salir humo negro por una chimenea conectada al tubo de una estufa de la Capilla Sixtina saben que aún siguen sin papa.

Si pasados tres días aún no hay resultados, las votaciones se interrumpen por un día, como máximo, para que los cardenales puedan orar y mantener “diálogos sin compromiso” con otros purpurados. Después de 28 votaciones, ya no se exige la mayoría de dos tercios de votos, sino que bastará con la mayoría absoluta.

Inmediatamente después de ser elegido, el nuevo pontífice escoge el nombre oficial que va a usar durante su reinado y de la chimenea sale humo blanco, signo para la población de que ya hay otro obispo de Roma. A continuación, el nuevo papa es presentado a la población desde el balcón del Vaticano con la consagrada fórmula latina “Habemus Papam” (“tenemos papa”).

Excomunión

También se incluye en la fórmula de juramento de los cardenales la pena de la excomunión en el caso de que violan el secreto de elección del sucesor de Pedro.

Asimismo, si se perpetrara el delito de simonía (comprar los votos), todos los culpables serán excomulgados, pero el voto será válido.

En Roma se especulaba desde hace días con que la reunión podía comenzar el 10 u 11 de marzo. Los cardenales tomarán la decisión tras la renuncia del papa hoy.

“No estamos en condiciones de fijar la fecha del cónclave”, dijo el portavoz vaticano, Federico Lombardi, a principios de esta semana.

En su opinión, el Colegio Cardenalicio decidirá en los primeros días de marzo. Los prelados con derecho a voto (previsiblemente 116) se reúnen el 1.º de marzo para preparar la elección del sucesor de Joseph Ratzinger.

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