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Deslaves de volcán agravan la tragedia en Guatemala

Las autoridades han logrado identificar con pruebas de ADN a 43 de los 110 fallecidos
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Incansables. Voluntarios y familiares buscan víctimas de la erupción del Volcán de Fuego en El Rodeo, Escuintla.

Incansables. Voluntarios y familiares buscan víctimas de la erupción del Volcán de Fuego en El Rodeo, Escuintla.

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A punto de cumplirse una semana de la erupción que le ha costado la vida, al menos, a 110 personas, el Volcán de Fuego sigue generando peligro. Las autoridades guatemaltecas informaron el sábado sobre la generación de un nuevo lahar, sedimentos candentes que debido a las lluvias bajan por algunas barrancas del flanco oeste del volcán.

Sin embargo, eso no impidió en que otra ladera, las más afectadas por la tragedia, familiares y voluntarios continuaran buscando a personas bajo las cenizas.

Según el Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH), el del sábado ha sido el lahar más fuerte que ha descendido este año y lo formaba material fino pastoso y bloques de 1 y 3 metros de diámetro que arrastraban troncos y ramas de árboles y provocaba vibraciones a su paso.

Toda esa masa, fruto de los flujos piroclásticos acumulados de la erupción del pasado domingo, bajaba muy caliente, desprendiendo vapor y olor a azufre, y existía el peligro de desborde en algunos sectores de la parte baja del volcán, lo que bloquearía el acceso de vehículos.

Eddy Sánchez, director del INSIVUMEH, indicó que el riesgo del volcán no ha terminado aunque parece que su actividad disminuye. Se debe recordar que en la erupción anterior pasaron dos semanas y media para que todo volviera a la normalidad.

Sánchez dijo que se mantiene una vigilancia constante y que han recibido apoyo de la Universidad Nacional Autónoma de México, que instalará un equipo de monitoreo. Las labores de búsqueda de los cerca de 200 desaparecidos siguen oficialmente paralizadas por tercer día consecutivo, pero en lugares como San Miguel Los Lotes decenas de familias y voluntarios persistían el sábado en su intento de encontrar a todo aquel que pudiera haberse quedado enterrado.

Con mascarillas o pañuelos cubriendo la nariz y la boca, entre nubes de ceniza que volvían el ambiente irrespirable, grupos de “topos” mexicanos –organizaciones civiles especializadas en rescate– excavaban hombro con hombro con vecinos y familiares, muchas veces consumidos por la desesperación, como Damaris Toma, una joven de 24 años que no podía dejar de llorar porque no encontraba a su hija Emily, de seis años.

Mientras, en las improvisadas morgues de Escuintla, los forenses trabajaban sin descanso para poner nombre a los muchos cadáveres que permanecían anónimos. El sábado el Instituto Nacional de Ciencias Forenses informó sobre las primeras cinco identificaciones realizadas mediante ADN y de otras tres por huellas dactilares. En total, han sido identificados 43 de los 110 fallecidos.

Más de 4,000 personas permanecen en albergues donde la ayuda nacional e internacional ha comenzado a llegar, pero también las primeras denuncias de cómo se está gestionando todo esa solidaridad hacia Guatemala.

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