Destrucción, el precio de liberar una ciudad del EI

Así es como se ve la victoria en la ciudad iraquí de Ramadi: en la otrora bulliciosa plaza Haji Ziad no queda ni un edificio en pie. Se mire donde se mire hay devastación causada por el Estado Islámico.
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Después de la guerra.  Volver a comenzar la vida en Ramadi significa volver a construir la ciudad.

Después de la guerra. Volver a comenzar la vida en Ramadi significa volver a construir la ciudad.

Campos minados.  A varias personas no se les dejó volver a sus hogares por el peligro de las minas.

Campos minados. A varias personas no se les dejó volver a sus hogares por el peligro de las minas.

Desolación.  La inmensa mayoría de la población de la ciudad sigue desplazada a pesar de haber sido liberada de los terroristas.

Desolación. La inmensa mayoría de la población de la ciudad sigue desplazada a pesar de haber sido liberada de los terroristas.

Destrucción, el precio de liberar una ciudad del EI

Destrucción, el precio de liberar una ciudad del EI

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Un edificio que alojaba un billar y heladerías está reducido a escombros en la ciudad iraquí de Ramadi, que recientemente fue arrebatada del dominio del grupo terrorista Estado Islámico (EI).

Donde había oficinas de cambio de moneda y talleres mecánicos de motocicletas solo queda el enorme cráter causado por una bomba. El restaurante Haji Ziad de la plaza, apreciado durante años por los vecinos de Ramadi por sus carnes a la parrilla, está derribado. El restaurante era tan popular que su propietario construyó un local más grande y lujoso al otro lado de la calle hace tres años. Eso también es ahora un amasijo de hierros y concreto.

La destrucción se extiende a casi todas las partes de la ciudad, donde antes vivía un millón de personas y que ahora está prácticamente vacía.

Un gran cruce de autopistas en la entrada principal de la ciudad está parcialmente derruido. Bloque tras bloque de apartamentos se ven derruidos.

En algunas de las pocas viviendas en pie había pintadas alertando de explosivos en el interior.

Cuando fuerzas del Gobierno iraquí respaldadas por aviones de la coalición liderada por Estados Unidos le arrebataron la ciudad a los milicianos del grupo Estado Islámico, tras ocho meses de control del grupo, la operación se presentó como una gran victoria. Pero el coste de liberar Ramadi ha sido la propia ciudad.

El alcance de los daños supera al registrado en cualquier otra ciudad iraquí arrebatada por ahora al grupo yihadista.

Imágenes proporcionadas a Associated Press por la empresa de imágenes por satélite y análisis DigitalGlobe muestran que más de 3,000 edificios y casi 400 carreteras y puentes resultaron dañados o destruidos entre mayo de 2015, cuando el grupo EI capturó Ramadi, y el 22 de enero, cuando fue retomada por fuerzas iraquíes.

En aproximadamente el mismo periodo, casi 800 civiles murieron en enfrentamientos, bombardeos y ejecuciones.

Ahora, uno de los pocos signos de vida son los soldados que gestionan puntos de control, recién pintados y decorados con flores de plástico de colores.

Los vehículos esquivan los cráteres, mientras el polvo de miles de edificios derruidos flota en el aire. En una de las calles, el único indicio de que una vez hubo casas es la línea de puertas de jardín y árboles frutales.

Los destrozos son efecto de los explosivos colocados por el grupo EI y de cientos de bombardeos del ejército iraquí y de la coalición liderada por Estados Unidos.

Como resultado, las autoridades iraquíes y la coalición estadounidense se están replanteando su estrategia para arrebatar territorio al grupo. La coalición ha reducido sus bombardeos en zonas urbanas bajo asedio. Se está trabajando para aumentar la formación de los equipos que desactivan explosivos.

La nueva estrategia es especialmente importante en un momento en que Irak y la coalición preparan la imponente tarea de recuperar Mosul, la segunda ciudad más grande del país y que lleva dos años en poder de la milicia radical.

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