Disputa en Alemania por las cenizas de urnas tras incineración de cuerpos

Muchos alemanes desean ser incinerados y enterrados en la naturaleza. Hasta ahora se desconocen las consecuencias ambientales para el suelo y las aguas subterráneas. Esta tendencia, sin duda, perjudica a los cementerios.
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Los alemanes pueden elegir en la actualidad para su entierro entre el ataúd o la urna. La mayoría se decide por la urna. Según Aeternitas, una iniciativa sobre la cultura de entierros, casi el 60% de los alemanes elige la incineración. Muchos tampoco desean descansar en paz en un cementerio, sino bajo árboles en bosques cementerios, en el fondo marino, en sepulturas comunes administradas colectivamente o en praderas.
 
Los sepelios en bosques están en auge. Desde que se abrió el primer bosque cementerio en 2001 en la ciudad de Kassel, la cifra de este tipo de cementerios aumentó hasta más de 100. “Esta clase de bosques cobrarán importancia en el futuro en Alemania”, dice el experto en conservación del suelo Franz-Peter Heidenreich, de la Fundación Alemana Medioambiental (DBU) a DW. Quien desee ser enterrado en un bosque o bajo un árbol puede dirigirse a una empresa privada, como Friedwald (Bosque en paz) o Ruheforst (Floresta de tranquilidad), y reservar un árbol. Dichas empresas cooperan con las comunas y las administraciones locales. Se estima que el 5% de los fallecidos serán enterrados bajo un árbol, alrededor de 45,000 al año.
 
Las cenizas de las urnas: ¿nocivas para el suelo?
 
Hay quienes critican los problemas para el medio ambiente de las cenizas si no están enterradas en cementerios tradicionales, ya que temen que acarreen problemas ecológicos por las sustancias nocivas que desprenden y que pueden contaminar las aguas subterráneas y el suelo. Por eso, la DBU retomó el tema e invitó a científicos, partidarios y críticos a una jornada en Osnabrück; entre los detractores se hallan los jardineros de cementerios, escultores y los encargados de los cementerios municipales y eclesiásticos.
 
“Todavía no hay conclusiones científicas sobre las consecuencias a largo plazo para el suelo”, dice Rainer Horn, investigador de suelo de la Universidad de Kiel y añade que no se sabe con certeza lo que sucede con las cenizas y el suelo.
 
Alta concentración de metales pesados
 
Ya descansen en la urna o en la tumba, los restos mortales no dejan de ser problemáticos. “Se trata de metales pesados en las cenizas de los difuntos, como el cobre, el cinc, el cadmio, el plomo y el arsénico”, dice Helbach de la DBU. Estos metales se hallan en el cuerpo humano debido al estilo de vida, medicamentos y operaciones, es decir, no se trata del tipo de enterramiento, sino de la concentración de dichos metales.
 
“En el entierro con un ataúd de dos metros cuadrados, la concentración (de metales pesados) en la tierra es mucho menor. Las urnas, por el contrario, solo tienen diez centímetros de diámetro. En un metro cúbico podrían entrar 27, por lo que la contaminación para el mismo espacio sería mucho mayor”, comenta Horn.
 
"Este boom perjudica a los cementerios"
 
Tampoco podemos olvidar cuáles son los diversos intereses tras este debate, dice Helbach de Aeternitas. “Este auge va en detrimento de los cementerios tradicionales”, dice Helbach. Si resulta que las urnas son perjudiciales para el medio ambiente, pondría en peligro el negocio de los enterradores en bosques, quienes hasta ahora hacen publicidad con urnas biodegradables en medio de la naturaleza.
 
Si la BNU y el Ministerio de Medio Ambiente dan vía libre, Horn se hará cargo de un amplio estudio que arrojará más información sobre los posibles riesgos y ofrecerá las correspondientes medidas de actuación.

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