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El “paraíso” junto a la franja de Gaza

La inocencia de un niño residente en Estados Unidos que visita a su abuela en el Kibutz Kfar Azza,  ubicado junto a la franja de Gaza en Israel, describe la ambivalente felicidad de los habitantes de esta comunidad que dicen vivir con seguridad, mientras explican el sistema de alarma en caso de ser bombardeados por Hamás, la organización palestina declarada terrorista.
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La situación en Cercano Oriente ha dejado a miles de civiles en el medio.

La situación en Cercano Oriente ha dejado a miles de civiles en el medio.

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Barda es parte de la comunidad que vive dentro del kibutz, sus hijos emigraron a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades, pero no olvidan sus raíces. “A mis nietos les encanta visitarme porque aquí salen a jugar con sus amigos sin la supervisión de ningún adulto. Algo imposible en la ciudad donde viven”, explicó la mujer que a sus casi 60 años se siente feliz de ser parte de los “privilegiados” que habitan esta comunidad.


“Un día le pregunte a mi nieto  qué era para él el paraíso. Con sus ojos viéndome hacia arriba y sin dudar me respondió: el paraíso es aquí (en referencia al kibutz)”, contó Barda, quien explica que su nieto, como todos los niños, disfrutan la libertad de salir a jugar sin las restricciones que se ponen a los infantes en otros lugares por su seguridad.


Pero este paraíso tiene días grises. El 30 de marzo de este año empezó la denominada Gran Marcha del Retorno donde 30,000 palestinos marcharon en la franja de Gaza junto a la frontera con Israel. Terminó esta semana. La ONU afirmó que la franja está al borde del colapso y la situación está catalogada como la más violenta de los últimos cuatro años.


Al menos 60 personas han muerto en Gaza mientras Estados Unidos abre su embajada en Jerusalén. La cantidad de heridos aumentan más rápido que en las últimas seis marchas. Un líder de Hamás dijo que al menos 50 de esos muertos son miembros de la célula. 


Desde hace décadas los palestinos exigen el retorno de los refugiados a los pueblos y ciudades que hoy es Israel, quien mantiene un bloqueo total que restringe el movimiento de personas y bienes por motivos de seguridad. 


A pesar de los continuos bombardeos, el ambiente de vulnerabilidad y simulacros de resguardo, los habitantes de los kibutz siguen sintiéndose privilegiados por su sistema de vida.


En tiempo de violencia


Son las tres de la tarde, la temperatura es de 20 grados centígrados y el sol se posa sobre el Kibutz Kfar Azza calentando el parque central donde varios columpios y un tobogán de colores esperan la llegada usual de los niños que todas las tardes llenan el lugar de su alegría. Hoy no hay niños, está vacío y reina el silencio.  


Varios militares patrullan la zona y el Kibutz es ahora –como en muchas otras ocasiones- un lugar de riesgo. Pero nadie se queja. No es la primera vez y saben que falta mucho para que sea la última, es parte de su día a día, esa es su normalidad. 


“Esta es mi casa, yo quiero vivir acá. Todos queremos vivir en paz y para conseguirlo estamos dispuestos a pagar un precio. La paz sí se puede conseguir pero es necesario dar soluciones creativas”, dice Barda, la abuela que recibe a sus nietos en este paraíso dentro de la Tierra Prometida que la biblia describe como un lugar donde fluye leche y miel.

 

El código “Tzeva Adom” 


Los “Kibutz” son agrupaciones de hasta 300 personas que viven en una comunidad donde comparten los gastos, ingresos y sus mismos bienes y que hoy suman un 3% de la población israelí. 


Las personas viven felices en comunas que les ofrecen seguridad, educación y un mejor estilo de vida para sus familias, sin embargo, no todas brindan los mismos beneficios. La seguridad del Kibutz de Kfar Azza se ve comprometida por estar ubicado a tan solo 3 kilómetros con la franja de Gaza.


Pese a la intranquilidad que vive la región, los miembros del Kibutz aseguran que no existe algo más seguro que su comunidad, y que los niños que forman el 40% de la organización, pueden salir a jugar sin la supervisión de un adulto, algo imposible en Tel Aviv, la capital económica de Israel. 


Tzeva Adom” (color rojo en hebreo) es un sistema de sirenas de advertencia para civiles instalado por las Autoridades de Defensa de Israel ante un posible ataque de misiles o cohetes del otro lado de la franja de Gaza. 


Una voz femenina repite las palabras de alerta “color rojo” dando 15 segundos aproximadamente para que las personas encuentren el búnker más cercano antes de la caída de un misil. Los niños han sido especialmente entrenados para responder ante una situación de peligro quienes son los más afectados por el conflicto en la zona.


 “Todos aquí queremos vivir en paz, y para conseguirlo estamos dispuestos a pagar un precio. La paz sí se puede conseguir, pero es necesario soluciones creativas”, dice Barda, cuyo nombre proviene del hebreo e irónicamente  significa armadura de hierro que se usaba para proteger el cuerpo de los caballos en tiempos de guerra.
 

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