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Internacionales Jorge Castañeda Exsecretario de Relaciones Exteriores de México

El populista o fracasa y lo echan o se adapta”

El exjefe de la diplomacia mexicana y un izquierdista de larga data estuvo de visita en el país para participar en un conversatorio de FUSADES.
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El populista o fracasa y lo echan o se adapta”

El populista o fracasa y lo echan o se adapta”

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A Jorge Castañeda le gana el optimismo. Cree que al FMLN le ha ido bien haber transitado de ser una organización guerrillera a ser partido de gobierno. Y también habla de los fenómenos populistas tanto en El Salvador como en el resto del continente.

¿Qué le parece el FMLN en el poder? ¿Cuánto se parece al FMLN que conoció como insurgencia en México?

Han pasado muchos años y todos hemos cambiado mucho. Creo que el FMLN, hasta donde entiendo, ha cambiado para bien, en cuanto a pesar de ciertas obsesiones ideológicas que permanecen y ciertos debates internos que ya son anacrónicos, al final del día han hecho un gobierno, dos períodos presidenciales que, sin ser abrumadoramente exitosos –sobre todo el segundo, por el resultado de las elecciones pasadas– han sido gobiernos sensatos, prudentes. Uno puede estar de acuerdo en tal o cual aspecto o estar en desacuerdo con tal o cual otro, pero el FMLN, a lo largo de los años, ha dejado de ser una organización político-militar castrista, o marxista-leninista, o como se le quiera llamar, a ser un partido de gobierno más o menos socialdemócrata, un poquito más inclinado hacia la izquierda que otras socialdemocracias en América Latina. ¡Que a ellos les guste esta definición o no, me da enteramente lo mismo! Eso, para mí, es un hecho tan evidente como conservar el dólar como divisa. Me muestra a mí un grado de madurez y sensatez y prudencia que quizás no es lo que ellos hubieran pensado hace 30 años.

Dos períodos del FMLN en el poder, pero han tenido el peor resultado en las últimas elecciones. A la par de esto, ARENA gana más diputados, pero con 60,000 votos menos. ¿Cuál es el reto para el sistema político salvadoreño?

No conozco a ese detalle el sistema electoral salvadoreño, solo me adentré en los resultados de las últimas elecciones. Tengo plena conciencia que fue un mal resultado para el FMLN y todo sugiere que el año que entra tampoco serán muy buenos los resultados en la elección presidencial. Pero haber sido reelectos una vez, haber ganado dos períodos seguidos... Y, bueno, no haber terminado derrocados como en otros países, linchados como en otros países... ¡Se dice fácil! Yo creo que es un caso de éxito del FMLN en cuanto a su transición de una organización político-militar castrista, marxista-leninista, a un gobierno que tiene que lidiar con las realidades, que son las que existen, que son inamovibles. El mejor ejemplo para mí es el dólar (que no lo quitaron como moneda de curso legal).

Vemos en el continente una serie de surgimiento de caudillos, de personas que buscan imponerse por encima de los sistemas políticos. Desde Chávez hasta Trump. México pareciera estar a las puertas de algo parecido y Costa Rica se salvó.

Sí, Costa Rica se salvó. Y se salvó por un buen margen.

¿Usted cree que El Salvador pueda tener un peligro sobre esto, dados los resultados en los que menos gente sale a votar?

Siempre hay riesgos. El sentimiento antipartidos en América Latina es muy fuerte. La gente sí está harta de partidocracias que han monopolizado el poder. En distintos países, más años, menos años, con más o menor éxito. En caso de Brasil, si nos vamos al PSDB (Partido de la Socialdemocracia Brasileña) y al PT (Partido de los Trabajadores), llevan gobernando desde el 94, ambos, en cuanto a una alternancia entre los dos partidos. Son más de 25 años y la gente se cansa. Y no pasa como en Estados Unidos, donde la gente se pasa de un partido a otro, o en Inglaterra o en Alemania, sino que se cansa de todos los partidos porque tiende a identificar los males con todos. No dice “este es malo, pero este otro es bueno”, sino que “¡no, todos son malos!” Esto es algo que estamos viendo en América Latina, por eso están surgiendo y han surgido movimientos “antipartidocráticos” que, en el fondo y al final del día, quizás terminan perteneciendo al mismo sistema de partidos. Nadie ha encontrado una fórmula diferente. Entonces, ese fue el surgimiento de Chávez, lo que ha sucedido en otros países de América Latina. Es lo que quizás esté sucediendo, espero que no, con (Jair) Bolsonaro en Brasil (candidato populista de extrema derecha) y así sucesivamente. Esto refleja un descontento real con el funcionamiento de la democracia con América Latina, pero que, al final, como decimos en México, “la gente se raja”. Al final, el día de la elección, en las casillas, ante la urna, la gente se va con más cuidado, como sucedió en Costa Rica.

¿Cree que puede haber espacio para que oportunistas puedan aprovecharse de ese desencanto?

¡Lo han hecho! Ha sucedido, desde Chávez. Apeló a un sentimiento muy arraigado en la sociedad venezolana desde 1998, 1999, que fue el hartazgo tras el acuerdo de Puntofijo (pacto entre los partidos venezolanos, en 1958). Había un hartazgo con esta alternancia, un poquito falsa entre COPEI (el demócrata cristiano Comité de Organización Político Electoral Independiente) y AD (Acción Democrática, adscrito a la Internacional Socialista). Eso lo hemos visto reproducido en varios momentos en varios países de América Latina. Pero no prospera mucho. O, cuando prospera, el individuo oportunista, populista, demagogo o bien fracasa y lo echan o termina adaptándose a las realidades del mercado internacional y de las instituciones locales, de la fuerza de sociedad civil... en fin, de los muchos límites que existen en nuestros países.

Menos partidos no es igual a más democracia. Es decir, entre menos tengamos sistemas de partidos fuertes es más fácil que podamos caer en esto.

Sí y no. Yo he sido partidario de las candidaturas independientes en México. Vine a El Salvador hace dos años cuando se aprobó la posibilidad de que las hubiera aquí (para diputados). Fue un error que no las hubiera para la Presidencia. Eso lo corregirán en su momento ustedes. Es un complemento importante para la democracia de partidos. No hay democracia representativa sin partidos, pero eso no significa que la única manera de estar en una boleta y de llegar a un cargo de elección popular sea a través de un partido. Debe poderse también sin un partido. Si ganas o no ganas, ¡no ganaste y ya!

Lo que se dice es que los candidatos independientes pueden ser influenciables por el crimen organizado. ¿Cómo deben ser los controles?

Eso presupone que los candidatos de partidos no son vulnerables a las influencias ya sea del crimen organizado, el narcotráfico u otros factores: Estados Unidos, el Vaticano... qué sé yo, me da lo mismo. También los candidatos de partidos lo son y no lo son solo en nuestros países. Lo son en Europa, lo son en Asia, en muchas partes del mundo. No hay sistema de partidos perfecto, no hay método de financiamiento de campañas perfecto –que está directamente vinculado a este tema–, todos son insatisfactorios. Están a punto de encarcelar al expresidente francés Nicolas Sarkozy por delitos de financiamiento de campañas en Francia, la cuna de la democracia moderna o bicuna, con Inglaterra. La verdad, eso demuestra que no hay sistema perfecto, ese no existe. Es que los candidatos independientes los puede comprar el narco. Sí. Y a los candidatos de partidos, también. Y hay que mirar las dos cosas, y hay que evitarlas con leyes y reglamentos. ¿Siempre va a ganar uno esa batalla? No. Pero, insisto, eso es así aquí (en El Salvador) como en el país más democrático del mundo.

¿Cuál es el reto? Si no tenemos una cosa perfecta, ¿qué podemos hacer?

Yo creo que hay muchas cosas que nuestros países tienen, en general –con diferencias importantes de país a país, porque tampoco hay un solo sistema en América Latina–, un presidencialismo que creo ya es hora de que vayamos cambiando. Lo importamos de Estados Unidos a principios del siglo XIX. Tuvo su razón de ser, además de la copia, que era que en países casi no existentes como naciones se necesitaba un liderazgo central potente para crear un país donde no lo había. Salvo, quizás, Brasil, por el tema del imperio, donde no hubo guerras de independencia. Pero en México, Chile y la Argentina no era fácil crear una nación a partir de nada. Entonces, se quería una presidencia fuerte que consolidara. Tardó, pero terminó surgiendo. Es una manera pasada. Creo que ha llegado el tiempo para hacer ajustes a este presidencialismo generalizado en América Latina. Perú tiene un régimen semipresidencial, híbrido, con un primer ministro ratificado por el Congreso. Es el único país de América Latina que no sea totalmente presidencial. En un segundo hecho que hay que cambiar es que yo creo es acercar la democracia a la gente. No que las políticas económicas o sociales que surjan de las elecciones, en automático, beneficien a la gente. Pueden beneficiar si el que elige la gente es partidario de esas políticas. Si gana las elecciones alguien que no quiere favorecer a la gente, pues, ni modo. Yo no votaría por esa persona, pero si ganan, ganan. Ve uno el caso de Sebastián Piñera, en Chile, un hombre muy inteligente e ilustrado y que ahora tiene la experiencia de un período presidencial previo y que nunca ha sido insensible. Pero es un magnate. Lo más probable es que no sea él quien implemente políticas que tiendan a favorecer a la gente más humilde de Chile, que siguen habiendo muchos. Pero él ganó. “Es que no es posible que nuestra democracia no permita redistribuir el ingreso de los ricos hacia los pobres”. Pero es que la gente no votó por eso. Votó por Sebastián Piñera. ¿Por qué? Sepa Dios, pero allá los chilenos. Eso es lo que hicieron. Entonces, pues, ni modo.

¿Cómo ve el futuro para Centroamérica?

Siendo un visitante frecuente, no soy ni mucho menos seguidor asiduo de todo lo que sucede en cada país, a pesar del afecto que le tengo a muchísimos amigos en El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica, con Honduras no he tenido cercanía por diferentes razones, me parece obviamente que hay un reto enorme de viabilidad. Panamá es caso aparte, no solo porque no pertenezca a Centroamérica, sino por otras razones también. La viabilidad económica de Centroamérica es una pregunta que está abierta desde hace muchos años, desde principios del siglo XIX. Y no ha tenido respuesta. Una cosa es que existan países, que tengan identidad nacional, un nacionalismo en ocasiones muy vigoroso y hasta exacerbado, y otra cosa es que países de este tamaño, con economías pequeñas, con relativa carencia o escasez de recursos naturales sean viables por sí solos. Esa pregunta está abierta, no de ahora, sino de hace casi 200 años. Me gustaría ver más progreso y avance en materia de integración económica centroamericana. Sé que hay esfuerzos, se ha avanzado, pero debería haber mucho más. No sé si un mayor involucramiento de México sea bueno o malo para Centroamérica y la integración. Estoy seguro que será bueno para México, pero eso no quiere decir que los salvadoreños junto con los demás lo vean de manera positiva. Estoy convencido de que para México una integración económica más avanzada y profunda con por lo menos el Triángulo del Norte, de ser posible con Nicaragua y Costa Rica, está dentro del interés nacional mexicano. Esto es algo por lo que he luchado por 30 años, de una manera u otra. Creo que distintos gobiernos de México, en distintos momentos, han querido hacer lo mismo, sin éxito. Probablemente, por culpa de México, por no poner los recursos que se necesitan para procesos de este tipo, debido a las asimetrías de desarrollo y riqueza. Vuelvo al tema, a lo mejor el involucramiento de México sea insuficiente, a lo mejor es contraproducente. A lo mejor tiene sentido una integración de los centroamericanos sin México. Puede ser. Pero el hecho es que está muy difícil. Son países muy pequeños. Ninguno tiene dotación de recursos naturales por habitantes que uno diga que “estos son Borneo, Catar o Arabia Saudita con el petróleo o hasta Chile con el cobre”. Ninguno de los países centroamericanos tiene dotación de recursos naturales por habitantes. Entonces, ¿cómo le hacemos? Creo que eso es lo que debemos seguir discutiendo.

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