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El regreso a una devastada Bartella

Localidad cercana a Mosul ha sido escenario de convivencia entre cristianos y la minoría religiosa shabak.
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Daños. Un soldado iraquí inspecciona un túnel cavado por el Estado Islámico en Bartella, ciudad recuperada.

Daños. Un soldado iraquí inspecciona un túnel cavado por el Estado Islámico en Bartella, ciudad recuperada.

El regreso a una devastada Bartella

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Por lo menos las campanas de la iglesia han vuelto a tañer en Bartella, por primera vez en más de dos años. Y también quedan en pie los cimientos de la iglesia Mart Shmuni, en esta pequeña localidad situada al este de la ciudad de Mosul, en el norte de Irak.

Sin embargo, aquí terminan las buenas noticias, porque pocos días después de la liberación de la población de manos de la milicia terrorista Estado Islámico (EI), la iglesia se asemeja a una casa fantasma, devastada como el resto de la localidad.

Los muros están chamuscados. En el suelo del interior del edificio yacen entre bancos de madera cubiertos de polvo libros de cánticos destrozados. Del órgano electrónico solo ha quedado el teclado. En el patio interior hay una estatua descabezada de lo que probablemente fue en el pasado un clérigo de alto rango. Los seguidores del EI pintarrajearon en los muros de un edificio contiguo su opinión sobre los cristianos: “Alá está por encima de la cruz”.

Por las estrechas calles de Bartella pasan ruidosos vehículos blindados del Ejército con el distintivo en la puerta de las fuerzas antiterroristas, una unidad de élite. En la localidad entran camiones con combustible y otros suministros. Sus ruedas levantan el polvo, que se mezcla con el aire de por sí brumoso para formar una densa nube gris detrás de la cual brilla de vez en cuando el sol como un globo anaranjado. El estruendo de los aviones de combate que se dirigen al frente es permanente. El apocalipsis podría estar cerca en Bartella.

Bastión

Situada a pocos kilómetros de las puertas de Mosul, el último bastión del EI en Irak, Bartella es una de varias localidades en la región donde en el pasado vivían sobre todo cristianos y miembros de la minoría religiosa shabak, unas 8,000 personas. Hasta el 7 de agosto de 2014, una fecha que recuerda exactamente el abogado Maath Haji Abbas.

Aquel día, los yihadistas asaltaron Bartella. Los habitantes huyeron a toda prisa de las hordas que se estaban acercando. “La vida en Bartella era simple pero convivíamos de forma pacífica”, recuerda Maath, de 28 años, que parece estar agitado aunque también feliz. Cuando se enteró de la liberación de Bartella, salió inmediatamente de Bagdad, la capital iraquí, para dirigirse al norte. “Bartella, esta es mi patria”, dice. Acaba de volver a ver su casa, por primera vez desde 2014. Ahora está contento: “La mayor parte sigue en pie”.

Sin embargo, aún es pronto para pensar en volver. Es cierto que hace algunos días el Ejército declaró “liberada” esta localidad. Sin embargo, tales anuncios muchas veces resultan ser prematuros. En Bartella se desataron nuevos enfrentamientos, que fueron intensos, relata un soldado iraquí herido en una pierna que está sentado en el borde de la carretera.

Los francotiradores del EI no dejaron de disparar, dice el soldado. No puede seguir hablando porque se acerca a toda velocidad un Humvee, un vehículo blindado. Algunos hombres abren rápidamente la puerta trasera y sacan a hombros a dos heridos que gimen fuertemente. El frente se encuentra a solo un par de kilómetros en dirección a Mosul.

Además, en muchas localidades que estaban bajo su control, los extremistas cavaron amplias redes de túneles de las que de repente podrían salir combatientes del Daesh, el acrónimo árabe –despectivo– de Estado Islámico.

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