Esterilizadas a la fuerza por tener VIH

En 2010, un estudio reveló las violaciones de derechos humanos de las mujeres con VIH.
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A Francisca le robaron su sueño de tener una familia grande. Los médicos chilenos la esterilizaron sin su consentimiento tras dar a luz a su primer y único hijo, un caso que han sufrido otras mujeres con VIH en el país suramericano.

Quince años después, esta madre chilena sigue pidiendo que se haga justicia y hoy llevó su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), con sede en Washington.

“Me pregunto por qué me mutilaron. Aquí me ven bien, pero por dentro prácticamente me sacaron mi vida”, dijo en una audiencia que durante los 20 minutos de su testimonio fue a puerta cerrada para preservar su intimidad. Durante años Francisca no supo que lo que le habían hecho era ilegal, hasta que conoció la organización Vivo Positivo y le explicaron que no hay ningún supuesto en el que la esterilización pueda hacerse sin consultar.

“Y tú te sientes totalmente vacía, porque cuesta mucho sacarse el estigma de que te dicen que eres una mala madre, pero yo veo a mi hijo sano, nunca se ha enfermado, entonces no entiendo por qué siempre me criticaron, por qué no me dejaron decidir a mí, por qué no me trataron como gente normal”, relata.

La matrona que la atendió cuando iba a dar a luz no paraba de repetirle que “era una inconsciente, que en qué condiciones iba a tener ese hijo, que lo iba a dejar huérfano, que era mejor que abortara”. “Y yo, con miedo, escuchando esas cosas, con miedo a que mi hijo tuviera el virus. Con miedo de morir”, confiesa.

Sueño truncado

Francisca siempre quiso ser una madre joven y tener una familia grande, pero no la dejaron siquiera disfrutar del embarazo y el parto de su primer y único hijo.

“Cuando el médico entró en la sala, les dijo a todos que tuvieran cuidado porque tenía VIH. Todos estaban tan protegidos que no parecían médicos, sino astronautas”, narra. Fue la misma matrona que la había acosado con insultos antes del parto la que le dijo después que la habían esterilizado y que ya no podía tener más hijos. Todavía hoy, Francisca revive esa pesadilla cada vez que va a tomarse muestras de sangre. “Hay enfermeras que no pueden hacérmelo porque todavía les da miedo”, cuenta.

Los defensores de derechos humanos que la acompañaron en la audiencia piden al Estado chileno una reparación por estos hechos en forma de indemnización y de medidas de rehabilitación médica y social. También quieren que casos como el de Francisca no vuelvan a repetirse. Los representantes del Gobierno chileno dieron la razón a Francisca y a las organizaciones en que se violaron sus derechos y que su caso nunca debió haber ocurrido. Y proponen negociar una solución amistosa, algo a lo que las organizaciones dijeron no estar en condiciones de dar una respuesta todavía.

Un informe destapó un abuso generalizado a estas mujeres por parte del personal sanitario chileno, incluida la esterilización sin su consentimiento.

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