FBI recluta capos colombianos para hundir al “Chapo”

Ya contactaron a alias “Chupeta”, a don Diego, a Luis Caicedo y a Julio Lozano, sus aliados desde los noventa y ahora verdugos. El juicio arranca en abril, y EUA le apunta a la cadena perpetua.

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Antes de ser sometido a una cirugía en su pierna izquierda, el narcotraficante colombiano Diego Montoya, exjefe del cartel del Norte del Valle, se comprometió con el FBI a testificar en el juicio contra Joaquín Guzmán Loera, alias “el Chapo”.

Según dijo don Diego, el capo de capos mexicano le compraba al año 15 toneladas de coca, la mayoría de las cuales salían en aviones King Quest, Grumman, Commander y Convert, que aterrizaban en los aeropuertos de Los Mochis, Torreón y Veracruz (México), y cuyas matrículas tiene en su poder.

Además, conoce los nombres de ingenieros rusos y estadounidenses que fueron enviados por “el Chapo” a Colombia para ensamblar submarinos, moverle droga desde la costa Pacífica —especialmente desde la convulsionada costa Tumaco— y proveer a los hermanos Beltrán, a Ismael “el Mayo” Zambada y al expolicía Juan José “el Azul” Esparragoza.

Aunque en el dictamen del “Chapo” ya se anunciaba que “numerosos líderes de carteles colombianos van a testificar sobre los envíos a Guzmán a través de rutas aéreas, marítimas y terrestres”, Washington guardaba en secreto sus identidades.

No obstante, fuentes federales le confirmaron al periódico EL TIEMPO que el FBI está reclutando a capos extraditados, para garantizar que el gran jurado le dé cadena perpetua al escurridizo mafioso mexicano.

Para el Departamento de Justicia, este caso se ha convertido en una cuestión de honor, pues desde hace más de 30 años han estado detrás del jefe del cartel de Sinaloa y tuvieron que ver cómo se escapó dos veces de cárceles de máxima seguridad de México.

Además, libraron una batalla adicional: el pulso con México para que extraditara al capo justo al inicio del mandato de Donald Trump y meses después de que este anunció la construcción del muro fronterizo.

A eso se une la artillería legal que la defensa del capo está desplegando. Jeffrey Lichtman, Eduardo Balarezo y William Purpura, tres veteranos defensores de narcotraficantes, ya pidieron la anulación del juicio al “Chapo”, argumentando que su extradición fue “ilegal y con base en afirmaciones falsas”. Aunque su intento fracasó, ahora alegan que su cliente es sometido a torturas psicológicas y físicas que impiden incluso coordinar su defensa. Además, buscan desestimar a los potenciales testigos, asegurando que van a mentir a cambio de beneficios judiciales.

Pero ya está documentado que en la larga y selecta lista de aliados del “Chapo” figuraban los colombianos Efraín Hernández, Elizabeth Montoya de Sarria, Iván Urdinola, Arcángel Henao, Francisco “Pacho” Cifuentes, Miguel Solano y también Giovani Caicedo.

“Muchos fueron asesinados, pero otros sobrevivieron a venganzas, como Juan Carlos Ramírez Abadía, ‘Chupeta’, quien va a colaborar”, dijo una agente.

Socios frescos

En efecto, “Chupeta”, el otro gran proveedor del “Chapo”, va a contar cómo el jefe del cartel de Sinaloa le secuestró a uno de sus emisarios tras una disputa por un cargamento. Se trata de Juan Carlos Ortiz, “Cuchilla”, quién años después murió acribillado en Cali.

EL TIEMPO estableció que a la lista de testigos se unen Luis Caicedo Velandia y Julio Lozano Pirateque, jefes del narcotraficante Daniel “el Loco” Barrera. Sus testimonios son claves porque demuestran que el capo mexicano mantuvo su imperio y sus nexos con la mafia colombiana hasta hace tres años, cuando cayó en manos de la Marina de su país.

De hecho, aunque Caicedo ya cumplió su condena, tras una ventajosa negociación con Estados Unidos, permanece preso en Brooklyn para garantizar su comparecencia en el juicio.

Y, por esa misma razón, Lozano, ya en libertad, no fue deportado a Colombia y se le ha visto en Miami.

El único beneficio que Caicedo y Lozano obtendrían por ayudar a hundir al “Chapo” es el de quedarse en Estados Unidos.

Don Diego, condenado a 45 años por el asesinato de un testigo federal, también es poco lo que puede obtener. Tiene 59 años, lleva ocho en prisión y saldría a los 96.

Si acaso le darían mejores condiciones carcelarias debido a sus líos de salud, que ya lo tienen en una cárcel de mediana seguridad.

Entre tanto, “Chupeta” después de ser extraditado a Estados Unidos por el Gobierno de Brasil, en 2008, enfrenta una sentencia de 25 años.

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