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Heroísmo: labores de búsqueda de vida no paran

Aun bajo la lluvia, los voluntarios, que ni siquiera conocen a las víctimas del potente terremoto, no toman descanso. La ayuda no hace distinciones y cada persona busca colaborar en lo que le sea posible.

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En casas, tiendas, clubes y todo tipo de locales de la Ciudad de México se instalaron albergues y centros para recolectar donativos cuando apenas habían pasado unas horas del terremoto de magnitud 7.1 que ha dejado una cifra provisional de 278 muertos. Se espera que, a medida que avanzan los rescates, se recuperen más cadáveres.

El poderoso sismo que azotó el martes México no solo provocó devastación y muerte. Ante el horror, los mexicanos se mantuvieron firmes, olvidaron sus diferencias y reaccionaron en una movilización masiva enfocada en un solo objetivo: ayudar a las víctimas.

“En cuanto la escuela cayó, todos los vecinos corrieron a socorrer a los heridos. Todos ayudaban, aquí no hubo diferencia de razas ni de religiones ni de política ni nada de eso”, dijo a dpa Gilberto Bazán, uno de los muchos que presenciaron la caída de la escuela Enrique Rébsamen en Coapa, en el sur de la Ciudad de México.

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En el lugar murieron 21 niños y cinco adultos.

Once personas fueron rescatadas y los socorristas llevan varias horas luchando por sacar con vida a una menor de edad. Ayer se informó que nunca existió esa niña. Pero a ese lugar continúan llegando comida, cobijas y mano de obra para el rescate. Y la escena se repite en todos los sitios donde hay destrucción.

Las acciones provienen de todos lados.

“Es muy gratificante ver cómo los jóvenes han venido a ayudar. La mayoría de los que están aquí ayudando a juntar los víveres son jóvenes”, dijo a dpa Esperanza Aparicio, coordinadora de una unidad de acopio de materiales en la colonia Condesa, en la Ciudad de México. 

Aparicio comenta que solo en ese centro, uno de los cientos que se han abierto en la capital, cuentan con más de 300 voluntarios que trabajan día y noche para seleccionar, clasificar y enviar las donaciones a los lugares que los necesitan.

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Organizados en grupos, los voluntarios pasan de mano en mano botellas de agua, comida enlatada, medicinas, pañales para bebés, alimento para mascotas y materiales para remover escombros, como palas y picos. El flujo de personas que se acerca a donar es constante.

“Varias empresas y tiendas han hecho sus aportaciones también. La respuesta es muy positiva y la ayuda sigue llegando, tanto en materiales como en voluntarios. A algunos tuvimos que obligarlos a dormir porque querían seguir trabajando”, añadió.

No solo dan alimentos. También entregan sus manos para quitar piedras y escombros. Sin que importe el calor o la lluvia, en cada edificio derruido se puede ver a hombres y mujeres ofreciéndose a ayudar a los equipos de rescate. 

“¡Necesitamos voluntarios!”, gritó un miembro de Protección Civil cerca de la escuela en Coapa.

Unas 20 personas, la mayoría jóvenes, se acercaron con rapidez levantando las manos. 

En la Ciudad de México, donde los muertos superan el centenar, las calles no tienen la misma actividad y el bullicio de siempre. Sin embargo, se pueden ver hileras de hombres y mujeres cargando todo tipo de herramientas. Lo que pidan los cuerpos de rescate, la ciudadanía se los da. 

Empresas como el Grupo Modelo han puesto a disposición choferes, vehículos y combustible para transportar los víveres a donde se necesiten. Uno de ellos es el estado de Morelos, en el centro del país y vecino de la capital. Ahí se han registrado 73 víctimas mortales.

Fue precisamente entre Morelos y Puebla —donde se cuentan 43 muertos— donde tuvo epicentro el terremoto, 12 kilómetros al sureste de Axochiapan y 120 kilómetros al sur de Ciudad de México. En esos dos estados, los gestos de solidaridad también son importantes.

Medios locales relatan cómo los populares “limpia parabrisas” —hombres y mujeres que se dedican a limpiar los parabrisas de los autos en los cruces de semáforos— se lanzaron a socorrer a quienes quedaban atrapados en los buses o casas cercanas.

Cerca de las zonas más afectadas por el temblor, madres de familia se organizan para preparar comida y alimentar a los voluntarios y rescatistas.

Estudiantes de psicología ofrecen ayuda a los damnificados, doctores instalan consultorios improvisados y veterinarios preparan albergues para las mascotas que perdieron a sus dueños.

“La fortaleza, la decisión y la solidaridad de los mexicanos ante este desastre nos permitirán salir adelante”, dijo el presidente Enrique Peña Nieto en un mensaje. Con sus acciones, la ciudadanía le da la razón.

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