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La guerra olvidada del sur que definirá el futuro de Libia

En la zona el contrabando de armas, personas y combustible mueve millones de dólares cada día. Está defendida por milicias locales afines al gobierno que sostiene la ONU en Trípoli y por unidades procedentes de la ciudad-estado de Misrata, principal puerto comercial de Libia y enemiga acérrima del mariscal Jalifa Hafter, ex miembro de la CIA y hombre fuerte del centro-oste de Libia.
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Foto archivo/AP

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Situado en pleno corazón del desierto del Sahel, el sur de Libia es desde la invención del comercio uno de los núcleos principales en el tránsito de caravanas entre el norte y el centro de África.

Una tierra rica en petróleo, de dunas gigantes y dispersos oasis, habitada por dos antiguas tribus nómadas -Tebu y Taureg- vinculadas al contrabando, y escenario desde principios de abril de una batalla esencial que definirá el futuro político de la divida Libia.

Sebha, capital del sur, y el espacio que se prolonga hacia el oeste desde el mítico "paso de Salvador", es tierra de los Tuareg, una tribu seminómada bereber que se extiende por Argelia, Mali y Burkina Faso.

Implicada en el comercio ilegal, actividad económica predominante en el Sahel, mantuvo una relación difícil con Muamar al Gadafi: algunos clanes se integraron en su Ejército mientras que otros se sumaron a las filas opositoras y rebeldes.

Abatida en 2011 la dictadura, muchos de aquellos que combatieron junto a Hamis, uno de los hijos del sátrapa, huyeron al norte de Mali y se unieron a los movimientos islamistas radicales y a la revuelta de la región del Azawed.

Fuertemente armados, mantienen hoy lazos con grupos yihadistas de la internacional del Sahel como la Organización de Al Qaida en el Norte de África (AQMI) o el "Grupo para la victoria del Islam y los musulmanes", recién creado en el norte de Mali y Níger.

El resto se acopló a los diferentes gobiernos de transición en busca de mejoras sociales y económicas -aún no logradas-, incluido el que ahora sostiene la ONU en Trípoli, con el que mantienen una tensa relación.

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"El sur de Libia es vital para la estabilidad del país. Pero por desgracia es una zona gris en la que hay muy poco control", explica a Efe un responsable de Seguridad e Inteligencia europeo que opera en la zona.

"Sabemos que es una zona de tránsito terrorista en la que también actúan las mafias dedicadas al contrabando de combustible, de armas, y de personas. Su control es esencial para acabar con esta amenaza y conseguir la seguridad que necesita el país", agrega.

Una clave que también conoce el mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del centro-este de Libia, quien hace un mes lanzó una ambiciosa ofensiva -hasta la fecha fallida- para conquistar Sebha y la preciada región suroeste.

Esta misma semana, al menos una decena de personas murieron en un nuevo bombardeo del llamado Ejército Nacional Libio (LNA) sobre una cárcel del este de la ciudad y la base miliar de Tamanhit, primer muro defensivo.

La zona está defendida por milicias locales afines al gobierno que sostiene la ONU en Trípoli y por unidades procedentes de la ciudad-estado de Misrata, principal puerto comercial de Libia y enemiga acérrima de Hafter.

Y es esencial para la producción de crudo y gas en el oeste de Libia a través de los yacimientos que controlan petroleras internacionales como Repsol y Eni.

En los últimos meses, milicias del sur han logrado interrumpir la producción saboteando yacimientos y cortando gasoductos para presionar el gobierno en Trípoli, incapaz de controlar esta zona estratégica.

"La conquista del sur reforzaría las aspiraciones de Hafter", que en diversas ocasiones ha admitido que su objetivo es "reunificar" bajo su mando militar todo el país, explica a Efe un responsable de Seguridad libio en la capital.

"No solo desde el punto de vista político, si no también en lo económico. En esas zonas el contrabando de armas, personas y combustible mueve millones de dólares cada día. Controlarlas podría reducir la inmigración irregular", agrega.

Analistas militares occidentales añaden, por su parte, que el dominio de la franja sur y sus ricos yacimientos le permitiría, asimismo, luchar con más efectividad contra el auge del yihadismo en la región al cortar la ruta que une Libia con Chad, el sur de Argelia y el norte de Níger y Mali, "territorio Al Qaeda".

"Con el este, las zonas petroleras y el sur bajo su mano, nadie podría ya dudar de su liderazgo si quiere plantarse en Trípoli, como ha dicho", explica la fuente de Seguridad, que prefiere no ser identificada.

Antiguo miembro de la cúpula militar que en 1969 aupó al poder a Gadafi, Hafter fue reclutado después por la CIA y en la década de los pasados ochenta se convirtió en su principal opositor en el exilio.

Apoyado por Rusia y Arabia Saudí, no ha cesado de acumular poder pese a carecer de autoridad política legítima: controla cerca del 60 por ciento del territorio y mantiene abiertos otros dos frentes de guerra, uno en Bengazi, segunda ciudad en importancia de Libia, y otro en Derna, principal bastión oriental de los grupos salafistas.



 

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