La minoría asiria, en vilo ante el ataque de los yihadistas en Al Hasaka

Al amanecer del lunes, combatientes del Estado Islámico (EI) irrumpieron en varios pueblos y aldeas de Al Hasaka y se llevaron consigo a mujeres, menores y hombres cristianos.
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Foto internet.

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Los residentes del barrio asirio de Beirut, muchos de ellos refugiados, tienen el corazón encogido por las noticias que llegan desde Al Hasaka, al noreste de Siria, donde los yihadistas han secuestrado a un centenar de rehenes.

Las calles de este distrito de la capital del Líbano están prácticamente desiertas, ya que sus habitantes no salen de sus casas para seguir minuto a minuto los acontecimientos en el país vecino.

Al amanecer del lunes, combatientes del grupo terrorista Estado Islámico (EI) irrumpieron en varios pueblos y aldeas de Al Hasaka donde habitan los asirios, un grupo étnico de credo cristiano, y se llevaron consigo a mujeres, menores y hombres.

El número de secuestrados varía según la fuente: mientras que el Observatorio Sirio de Derechos Humanos sostiene que son unos noventa, el presidente del Movimiento Patriótico de Asiria, Ashur Giwargis, lo eleva a más de un centenar.

En declaraciones a Efe, Giwargis, que reside en la capital libanesa pero tiene contacto con fuentes sobre el terreno en Al Hasaka, descartó que el ataque de los extremistas se deba al mero hecho de que los asirios son cristianos.

"El EI es un instrumento de algunos países que quieren limpiar la zona para que luego EUA bombardee posiciones del EI y acabe con él, y al final solo queden los kurdos", reflexiona Giwargis, que considera que esto entra dentro de un plan para dividir la región de acuerdo a criterios sectarios y eliminar a las minorías.

En Al Hasaka vive la mayor parte de los asirios que residen en Siria, concentrados en una treintena de pueblos en la ribera sureña del río Jabur.

Antes del inicio del conflicto en Siria, en marzo de 2011, había 200,000, aunque ahora solo quedan entre 15,000 y 20,000 en este país, según datos proporcionados por Giwargis.

Su idioma, el asirio, es una mezcla de acadio, una antigua lengua de Mesopotamia, y arameo, que también se usa en la liturgia.

Son cristianos y siguen a las iglesias caldea, siriaco-ortodoxa y la asiria del Este.

"En Al Hasaka, todo estuvo tranquilo hasta 2012, cuando las fuerzas del régimen (sirio) se retiraron y comenzó el caos -destaca el activista-. Cuando el régimen está ausente se producen masacres, incluso contra los musulmanes".

No es la primera vez que los asirios, que son nativos de Irak, son objetivo de ataques, ya que este pueblo ha sufrido masacres a lo largo de la historia, a manos de mongoles, turcos, kurdos e incluso británicos, explica Gigarwis.

Debido a esta represión, se vieron obligados a dispersarse por otros estados como Siria y Turquía.

La mayoría de los asirios en Al Hasaka siguen a la Iglesia Asiria del Este, que, de hecho, asiste a muchos de los desplazados por la ofensiva del EI, tanto en la capital homónima de esta provincia como en la urbe de Qameshli.

El archidiácono Yatron Koliana, del templo de San Jorge en Beirut, está en contacto permanente con fieles y responsables eclesiásticos en Al Hasaka.

Los yihadistas "han quemado tres iglesias en los pueblos de Tal Yazira, Tal Shamiram y Tal Hurmuz", de donde proceden algunos de los secuestrados, lamenta en declaraciones a Efe.

Para Koliana, la comunidad internacional debería intervenir para ayudar a los asirios en Al Hasaka, cuya situación es "muy complicada".

El teléfono del ingeniero agrícola asirio, Abdel Abdel, de 41 años y refugiado en el Líbano, no para de sonar.

Visiblemente preocupado cuenta a Efe cómo uno de sus primos fue ejecutado ayer por los extremistas que irrumpieron en su pueblo en Siria, Tal Hurmuz, y secuestraron a once personas.

No descarta que esta acción de los radicales sea en venganza por la captura de seis yihadistas por parte de los asirios hace un mes en esa población.

Abdel, que lleva cinco meses en el Líbano junto a su esposa y sus dos hijos, de cinco y tres años, detalla que los asirios siempre han intentado mantener buenas relaciones con sus vecinos árabes en Al Hasaka.

Allí, hay asirios que se han unido a la lucha contra los extremistas sobre el terreno y colaboran con las fuerzas kurdas, aunque, según Abdel, solo disponen de armas ligeras.

Y es que el ataque del EI contra los pueblos de mayoría asiria ha coincidido con una ofensiva de los kurdos contra los radicales en Al Hasaka.

Tanto Abdel como Giwargis critican el papel de los medios de comunicación occidentales, que, aseguran, apenas se hacen eco de lo que les ocurre a los asirios.

"Nunca nos nombran directamente, o simplemente se refieren a nosotros como cristianos sin decir que somos asirios, se nos margina", se queja Giwargis.

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