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La ruta de la muerte

Agencias de noticias de 10 países han colaborado en un proyecto mundial de investigación sobre el tráfico de migrantes, un negocio multimillonario que no deja de crecer.
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Cientos de miles de personas cruzan Centroamérica cada año con la esperanza de entrar en Estados Unidos, en su mayoría migrantes que huyen de la violencia y la pobreza en el Triángulo Norte y, más recientemente, llegados de otros continentes y zonas en conflicto como Siria o Eritrea.

Con apenas el 7.2 % de la población mundial, el Caribe, Centroamérica y América del Norte albergan casi el 25 % de todos los migrantes del mundo y experimentan flujos migratorios únicos, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).

Seis millones de ellos han huido de los tres pequeños países del Triángulo Norte: El Salvador, Honduras y Guatemala.

En su último informe anual, Amnistía Internacional (AI) describió el Triángulo centroamericano como “uno de los lugares más violentos del mundo; allí se mataba a más personas que en la mayoría de las zonas de conflicto del planeta. La vida cotidiana de muchas personas se vio ensombrecida por la acción de las bandas delictivas”.

Las tasas de homicidios de El Salvador, Honduras y Guatemala fueron de 108, 63.8 y 35 muertos por cada 100,000 habitantes, respectivamente, según datos oficiales de 2015. En Estados Unidos, uno de los países con más armas en manos de civiles del mundo, el índice fue de 4.4 en 2014.

El pago del dinero de la extorsión, sustento de las maras (pandillas), representa el 3 % del PIB de El Salvador, pero el dato roza el 16 % si se suma lo que los salvadoreños gastan en seguridad y lo que pierden de ingresos porque la violencia les impide trabajar.

Cada año, la extorsión alcanza $390 millones en El Salvador, $200 millones en Honduras y $61 millones en Guatemala, según cifras de la Fuerza Nacional Antiextorsión hondureña.

“Asesinato, secuestros, amenazas, reclutamiento por parte de actores armados no estatales, extorsión, violencia sexual y desapariciones forzosas: estas son las realidades de (zonas de) guerra y conflictos que los pueblos de esta región de Centroamérica también tienen que afrontar”, advirtió en mayo el jefe de la misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en México, Bertrand Rossier.

En el último ejercicio de Barack Obama, el Congreso otorgó a los gobiernos del Triángulo $750 millones para que frenaran la “migración irregular”.

EL PELIGROSO VIAJE AL NORTE

“Lo que hay, sin duda, es un aumento en los factores de empuje en Centroamérica, que continúan haciendo que más migrantes decidan atravesar nuestro país. La gran mayoría de ellos vienen enganchados con algún traficante”, dijo a la agencia Efe el director de Control Migratorio del Instituto Nacional de Migración de México, Mario Madrazo.

Menores que huyen de las maras antes de ser reclutados, familias enteras que temen por su vida, decenas de miles de personas pagan a traficantes para llegar a EUA a través de México, en un negocio ilegal multimillonario y también sangriento.

En su Encuesta de Conflictos Armados 2017, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) clasificó México como el segundo conflicto más letal del mundo. Con 23,000 homicidios intencionados en 2016, solo fue superado por Siria.

“Es muy raro que la violencia criminal alcance niveles semejantes a los de un conflicto armado. Pero esto es lo que ha ocurrido en el Triángulo Norte, y especialmente en México”, aseguró el IISS en el documento.

“Las bandas criminales están muy involucradas en el tráfico de migrantes a través de México”, de acuerdo con la OIM, que calcula en $250 millones anuales el volumen de negocio que representan el secuestro y la extorsión de migrantes en México.

Entre $6,000 y $20,000 cobra un “coyote” salvadoreño entrevistado por Efe a cada migrante que lleva a través de México. Con el precio máximo se paga a todos los “colaboradores necesarios” y una “garantía” de hasta tres intentos de completar el viaje.

Una buena parte de los migrantes recorren México encaramados en los vagones de la red de trenes de carga conocida como “la Bestia”, que abordan en las sureñas Tapachula o Tenosique.

De las tres rutas principales que cruzan México, una llega hasta Tijuana (oeste) y se enfrenta con el muro que ahora Donald Trump quiere extender, la otra cruza el desierto de Sonora hasta llegar a Nogales (centro) y la tercera, la más corta y peligrosa, transita zonas del crimen organizado hasta a Reynosa (este), donde se cruza el río Bravo.

Los migrantes deben pagar por su “protección” en estos caminos peligrosos, a veces participando del propio crimen.

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