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Lilian ya no quiere vivir: 36 familiares desaparecieron tras la erupción del Volcán de Fuego

Decenas de personas comparten el dolor de Lilian. Muchos han perdido 20, 18, seis familiares. Algunos de los cadáveres quedaron como en una especie de estatuas en posiciones, como padres resguardando a sus hijos, niños abrazados o personas que intentaron correr.

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Lilian Hernández es confortada por su esposo ante la desaparición de 36 familiares que vivían en las aldeas sepultadas tras la erupción del Volcán de Fuego, en Guatemala. AP/Oliver de Ros

Lilian Hernández es confortada por su esposo ante la desaparición de 36 familiares que vivían en las aldeas sepultadas tras la erupción del Volcán de Fuego, en Guatemala. AP/Oliver de Ros

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Una nueva erupción del Volcán de Fuego causó terror y alarma en Guatemala. Este segundo incidente produjo flujo que creó una cortina de ceniza que alcanzó 6,000 metros sobre el nivel del mar, indicó la CONRED. El director del Instituto Nacional de Sismología, Vulcanología, Meteorología e Hidrología (INSIVUMEH), Edy Sánchez, dijo que es poco probable que el volcán registre una erupción tan fuerte como la del domingo. “El volcán perdió mucha energía, ya no la tiene como para que ocurra una erupción como la del domingo; no obstante, sí hay explosiones débiles y estas pueden generar esos flujos de gases calientes que pueden descender por los barrancos y causar víctimas”, afirmó.

De acuerdo con el INSIVUMEH, el “descenso de un nuevo flujo piroclástico” comenzó ayer a las 2:10 de la tarde. Sánchez dijo que se recomendó una rápida evacuación de siete colonias y aldeas próximas al volcán.

De igual manera, se cerró la carretera nacional 14, que conecta los departamentos de Chimaltenango y Escuintla. Sánchez advirtió que “la velocidad de los gases calientes que produjo el volcán” puso en situación de riesgo a los habitantes de la zona y a las brigadas de rescatistas que en ese momento buscaban víctimas. Además, dijo que a partir de hoy podrían registrarse lluvias en Guatemala, y por ello ha recomendado que las labores de rescate sean interrumpidas para proteger a los rescatistas, o bien que estas se realicen solo por las mañanas.

Perder a 36 familiares

Lilian Hernández ya no quiere vivir: 36 miembros de su familia desaparecieron y teme que estén sepultados tras la erupción del Volcán de Fuego, en Guatemala.

Familias enteras que vivían en pequeñas comunidades alrededor del volcán desaparecieron tras la violenta erupción del domingo; para algunos esto es la anticipación de que el saldo final de fallecidos podría ser mayor. Hasta ayer por la tarde, la cifra oficial de fallecidos había subido a 73 –con el deceso de una paciente que era atendida en el Hospital General San Juan de Dios, en la ciudad de Guatemala. La paciente Ignacia Nij Ajualip, de 42 años, tenía amputaciones de miembros inferiores y una superior. Por la noche, la cifra oficial subió a 75 y este miércoles a 83.

En la zona cero, ya no prevalece el verde, sino una playa color beige con rocas y escombros que dejaron una avalancha de material ardiente y nubes tóxicas que descendieron del cráter. Dos días después de la erupción, el terreno seguía tan caliente que era imposible para los rescatistas buscar más cadáveres o incluso sobrevivientes.

Lilian hace un esfuerzo para impedir que las lágrimas ahoguen su voz. No deja de llorar mientras nombra a cada uno de sus tíos, tías, primos, la niña de nueve años. Van poco más de 20 nombres, y se detiene. Ya no puede más, no recuerda, el llanto no la deja pensar, solo dice que son 36. Todos vivían en San Miguel Los Lotes, la aldea que quedó sepultada tras la explosión.

Vivían en un terreno con ocho casas que habitaban todos. Lilian dice que cuando el Volcán de Fuego hizo erupción, su hermano y su hermana corrieron para ver a su abuela. “Mi abuela dijo que si era la voluntad de Dios, que ella no salía huyendo”, cuenta a AP. “Ella ya no podía caminar, le costaba movilizarse”, agregó.

Hasta ahora, solo han localizado e identificado a un primo, César Gudiel Escalante, de 28 años. Su cadáver fue localizado en una calle, petrificado como una estatua. Lilian y su esposo, Francisco Ortiz, sobrevivieron porque se mudaron. “La gente quedó sepultada en casi 3 metros de lava”, dice Ortiz, al referirse a las toneladas de flujo piroclástico, una especie de mezcla de agua, tierra, arena, piedras y palos.  

Decenas de personas comparten el dolor de Lilian. Muchos han perdido 20, 18, seis familiares.

Fanuel García, director del Instituto Nacional de Ciencias Forenses, dice que la tarea de identificar los restos humanos recuperados de la tragedia ha sido difícil debido a su estado, en su mayoría calcinados. Algunos de los cadáveres quedaron como en una especie de estatuas en posiciones, como padres resguardando a sus hijos, niños abrazados o personas que intentaron correr.

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