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Los esfuerzos para juzgar a Dilma Rousseff derivan en caos

El último capítulo en el culebrón político de Brasil comenzó con el presidente interino de la Cámara de Diputados anunció que había anulado una votación del mes pasado donde sus colegas decidieron por una amplia mayoría respaldar la destitución de Rousseff y pasar el asunto al Senado para un posible proceso contra la líder.
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La lucha por el futuro político de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, dio un giro inesperado en la Cámara de los Diputados el lunes, cuando su presidente dijo que los senadores no pueden seguir adelante con la votación sobre el juicio a la mandataria, a lo que el presidente del Senado respondió asegurando que no habría cambios en el calendario previsto.

El último capítulo en el culebrón político de Brasil comenzó con el presidente interino de la Cámara de Diputados anunció que había anulado una votación del mes pasado donde sus colegas decidieron por una amplia mayoría respaldar la destitución de Rousseff y pasar el asunto al Senado para un posible proceso contra la líder.

La sorpresiva maniobra de Waldir Maranhao, presidente interino de la cámara baja, desató una tormenta de debates sobre la legalidad de la medida y sus posibles implicaciones, un estancamiento que probablemente tendrá que ser resuelto por la Corte Suprema del país.

Se esperaba que el Senado decidiera el miércoles si aceptaba el caso contra Rousseff y la enjuiciaba por presuntamente violar las normas fiscales en el manejo del presupuesto nacional. Si una mayoría simple de senadores decide que sí, Rousseff será suspendida del puesto y el vicepresidente Michel Temer lo asumirá hasta que se lleve a cabo un juicio.

El presidente del Senado, Renán Calheiros, dijo a sus colegas que tiene la intención de hacer caso omiso de la decisión de Maranhao y seguir adelante con el proceso de juicio político como estaba programado. Tachó la decisión de Maranhao de "jugueteo con la democracia".

No está claro si el Senado podrá seguir adelante con el caso, ya que tanto el gobierno como la oposición probablemente apelarán la medida de Maranhao. Cuando menos, el proceso de juicio político podría ser retrasado algunos días.

El proceso coincide con la peor recesión de Brasil en décadas, con una amplia investigación contra la corrupción que ha salpicado de lleno a políticos de primer nivel y destacados empresarios, y con un brote del virus del zika. Al mismo tiempo, la ciudad escaparate del país, Rio de Janeiro, se prepara para acoger los Juegos Olímpicos en agosto.

El apoyo mayoritario que alguna vez tuvo Rousseff se ha erosionado con esta seguidilla de realidades, y sus índices de aprobación se han desplomado en meses recientes. Aunque las encuestas muestran un amplio apoyo al juicio político, también dejan ver un enorme miedo sobre quién reemplazaría a la mandataria.

Según los términos de la decisión del presidente de la cámara baja, ésta tendría cinco sesiones para efectuar otra votación sobre si se envía al Senado el proceso de juicio político contra Rousseff. El mes pasado, Cámara de Diputados respaldó con una abrumadora mayoría la continuidad del proceso, y son esas sesiones del 15 al 17 de abril las que Maranhao anuló.

En declaraciones el lunes por la noche, Maranhao argumentó que el proceso de destitución estaba lleno de irregularidades, e incluía una violación de las normas cuando los líderes de los partidos dijeron a sus diputados cómo votar.

"No estamos, y nunca estaremos, bromeando sobre cómo hacemos una democracia", afirmó.
Rousseff ha estado luchando contra dicho proceso en el que se le acusa de violar normas fiscales, maniobra que según sus críticos fue un intento por apuntalar artificialmente la debilitada economía de Brasil. Sostiene que otros que ocuparon su cargo antes realizaron esas mismas maniobras y califica el proceso de "golpe de Estado" diseñado para sacarla del poder a ella y a su Partido de los Trabajadores, que gobierna el país desde hace 13 años.

Rousseff reaccionó de manera cauta a la noticia durante un acto en Brasilia sobre educación, lo que pareció insinuar que no estaba al tanto de lo ocurrido.

"Tenemos una difícil batalla que librar", afirmó al tiempo que pidió prudencia ya que "vivimos en una época de argucias y engaños".

Maranhao tomó las riendas de la Cámara de Diputados después de que el líder anterior, Eduardo Cunha, enemigo declarado de Rousseff e impulsor del juicio político contra la mandataria, fuera destituido bajo acusaciones de corrupción y obstrucción a la justicia.

En un comunicado, Cunha calificó la medida de Maranhao como "absurda, irresponsable y contra las normas". También despotricó contra los reportes noticiosos que insinúan que él podría haber ayudado a orquestar la decisión tras bambalinas en un intento de reafirmar el control sobre el proceso del juicio político.

El congresista opositor Pauderney Avelino dijo que, desde su punto de vista, el juicio político está ya fuera de la competencia de la Cámara de Diputados. "La cámara baja ya no tiene nada qué hacer con ese proceso", afirmó.

El líder de la Asociación de Abogados de Brasil, Claudio Lamachia, dijo que la organización ve esta decisión "con extrema preocupación".

"Esta clase de acciones responden a los intereses del momento de ciertos grupos políticos, pero ignora las decisiones legítimas que ya se han tomado", dijo Lamachia de acuerdo con un comunicado.

El Grupo Eurasia, una consultoría de riesgos políticos y económicos con sede en Estados Unidos, afirmó en un comunicado: "La decisión ciertamente tomó por sorpresa a la mayoría de los observadores, pero creemos que es muy improbable que se mantenga".

"Pero de una forma u otra, lo más probable es que la Corte Suprema tenga que examinar el asunto", señaló.

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