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Más de 300 ballenas murieron en una playa de Nueva Zelanda

De las 120 ballenas que los voluntarios consiguieron devolver al agua, más de la mitad volvieron a la playa, nadie sabe por qué.
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La flecha litoral de Farewell Spit, en el norte de la isla sur de Nueva Zelanda, es normalmente uno de los lugares más tranquilos del país. Sin embargo, hoy el ambiente allí era muy diferente. La playa se había convertido en un cementerio para alrededor de 300 ballenas piloto, mientras que los desesperados voluntarios luchaban por salvar de alguna forma a las más de cien que aún quedaban con vida.

Quien se encontraba hoy en Farewell Spit no olvidará nunca la imagen de esos enormes animales negros, muchos de ellos de varios cientos de kilos de peso y de hasta ocho metros de largo.

"Es una de las cosas más trágicas que he visto nunca. Tantos seres tan delicados que ahora están tirados en la playa como si fueran basura", dijo Peter Wiles, uno de los primeros voluntarios que llegaron al lugar.

Estos casos se producen continuamente en las costas de todo el mundo, desde Australia hasta Florida, pasando por la Patagonia, pero hacía mucho tiempo que no ocurría de forma tan masiva. En Nueva Zelanda, un país en el que sucede relativamente a menudo, hay que remontarse a 1985 para encontrar una catástrofe similar.

Aquel año quedaron aún más ballenas varadas, en concreto 450. El Departamento de Conservación (DOC) del país oceánico contó hoy 416 ejemplares en Farewell Spit. Los intentos por devolver a los animales al mar tuvieron muy poco éxito: de las 120 ballenas que los voluntarios consiguieron devolver al agua, más de la mitad volvieron a la playa, nadie sabe por qué.

Después los voluntarios se conformaron con cubrir a los animales con toallas húmedas y verter agua de mar sobre ellos para tratar de mantenerlos fríos y lo suficientemente húmedos y protegerlos del sol. Algunos acariciaban a los animales, incluso había quien les cantaba, mientras esperaban a la siguiente marea.

Farewell Spit es una flecha litoral de 32 kilómetros de longitud en el extremo norte de la isla sur de Nueva Zelanda que desde el aire tiene el aspecto de un anzuelo gigante. En varias ocasiones, esta lengua de arena ha sido mortal para las ballenas, como en febrero de 2015, cuando 200 ballenas piloto quedaron varadas y 140 no sobrevivieron. Sin embargo, nunca antes tantos cetáceos habían quedado atrapados aquí.

Nadie sabe exactamente por qué las ballenas nadaron hacia la playa. Algunos cadáveres serán analizados en el instituto veterinario de la universidad más cercana para tratar de averiguar qué ocurrió. Aunque se cree que el sistema de ecolocalización de los animales podría haber fallado.

Las ballenas se orientan con su oído, que es increíblemente sensible. Por ejemplo, el sonido de los sistemas de sonar militares o de los barcos les afecta mucho. Además, los expertos saben que el fondo marino fangoso de la zona no devuelve las ondas de sonido, por lo que las ballenas podrían creer que se encuentran en aguas profundas.

El biólogo marino alemán Jochen Zaeschmar, que lleva muchos años viviendo en Nueva Zelanda, dijo al portal de noticias "Stuff" que los animales "nadan hacia allí y de pronto no tienen literalmente nada de agua debajo". Asimismo, las ballenas piloto son animales tremendamente sociables.

"Basta con que solo una de ellas tenga problemas para que las demás traten de ayudarla", dijo Zaeschmar.

También ha habido casos en los que ballenas piloto siguen a la líder hasta la orilla. La organización de protección de ballenas Project Jonah cree que detrás de la tragedia podría encontrarse una combinación de altas temperaturas y enfermedades.

Nueva Zelanda es uno de los países del mundo en cuyas playas quedan más ballenas varadas. Sin embargo, la organización se niega a utilizar sistemas disuasorios, como señales acústicas, para evitarlo.

"Lo último que queremos hacer es molestar a estos animales y eliminarlos del mapa", explicó el experto de DOC Andrew Lamason. Por muy tristes que sean estas tragedias, también son parte de la vida en la naturaleza, añadió.

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